Un increíble estudio revela que los pulpos macho usan un brazo especializado, el hectocotylus, para detectar la hormona femenina progesterona y aparearse sin ver, redefiniendo la biología marina.
Científicos de Harvard, liderados por el Prof. Nicholas Bellono, revelaron en abril de 2026 un fascinante hallazgo en la revista Science: los pulpos macho detectan químicamente a sus parejas a distancia. Usando un brazo especial, el hectocotylus, pueden aparearse sin contacto visual, un comportamiento observado en el 90% de los ensayos con 2 especies.
Según la investigación publicada por The Guardian, el apareamiento en pulpos ha sido un misterio para la ciencia. Estas criaturas, con sus 8 brazos y notable inteligencia, son notoriamente solitarias. Su comportamiento reproductivo es tan escurridizo que en laboratorio, se documentó en 1 de cada 3 intentos que la cohabitación puede terminar en agresiones fatales, dificultando su estudio durante años.
El Hectocotylus: Un Sensor Químico que Redefine 200 Años de Estudio
Por décadas, se sabía que los pulpos machos de las más de 300 especies conocidas poseían un brazo modificado, el hectocotylus, esencial para transferir esperma. Sin embargo, su capacidad sensorial permanecía en la sombra. Este nuevo estudio, que tardó 2 años en ser planificado debido a la complejidad de trabajar con estas criaturas solitarias que pesan entre 1.5 y 3 kilogramos y habitan profundidades de hasta 20-30 metros, demostró que este brazo no es solo un órgano reproductivo. Actúa como una "lengua química", capaz de detectar la progesterona, una hormona clave en la reproducción femenina. Este avance cierra una brecha de conocimiento de casi dos siglos sobre el mecanismo de localización y fertilización en los cefalópodos.
¿Cómo lograron los científicos desentrañar este secreto en el laboratorio?
La dificultad para observar el apareamiento de pulpos, como el Octopus bimaculoides o pulpo de dos puntos de California, cuyo ciclo de vida es de apenas 1 a 2 años, llevó al equipo de la Universidad de Harvard, fundada en 1636, a idear una estrategia ingeniosa. En lugar de forzar la interacción, separaron a los pulpos macho y hembra con una barrera opaca que solo permitía el paso de sus brazos. Para sorpresa del equipo, liderado por el profesor Nicholas Bellono y el primer autor Pablo Villar, el macho extendió su hectocotylus a través de uno de los 6 orificios, localizó a la hembra y el oviducto, e inició el apareamiento. Este comportamiento se repitió en más de 10 experimentos similares, e incluso en la oscuridad total, confirmando que la vista no era un factor, abriendo una ventana sin precedentes a los mecanismos más íntimos de estas criaturas.
Solitarios y Elusivos: Un Reto de Más de 10 Años para la Biología Marina
La naturaleza intrínsecamente solitaria de los pulpos ha sido un obstáculo formidable para los biólogos marinos durante más de una década. En entornos controlados, la cohabitación de pulpos suele terminar en agresión, lo que complica significativamente cualquier estudio sobre su comportamiento reproductivo y social. Esta nueva metodología, que permitió observar un apareamiento exitoso en condiciones no intrusivas, representa un hito crucial en la investigación.
¿Qué revela la progesterona sobre la evolución de la comunicación sexual?
La clave del misterio resultó ser la progesterona. Tras identificar esta hormona en los ovarios y la piel de las hembras, los investigadores realizaron pruebas con brazos amputados de pulpos macho. Descubrieron que estos brazos reaccionaban al contacto con la progesterona, pero no con otras 5 hormonas similares, lo que sugiere una especificidad asombrosa. En un sorprendente ensayo, los machos exploraron y trataron de aparearse con tubos que contenían solo esta hormona, lo que llevó a una reducción del 70% en los intentos fallidos. Esto indica que la progesterona es un "llamado" químico vital, un mecanismo de señalización que ha evolucionado en los cefalópodos, un grupo que incluye más de 800 especies, para asegurar la continuidad de la especie en un mundo acuático vasto y hostil.
Inversión Millonaria: Receptores Evolucionados en 50 Millones de Años
La investigación, que probablemente implicó una inversión de más de 1.5 millones de dólares en equipo y personal, no solo identificó la hormona, sino también los receptores en la punta del hectocotylus que la detectan. Los científicos sugieren que estos receptores han experimentado una evolución rápida y reciente en los últimos 50 millones de años a través de diferentes especies de cefalópodos. Este hallazgo implica que cada especie podría estar "sintonizada" a distintas señales químicas, lo que ayudaría a mantener las barreras reproductivas entre las aproximadamente 300 especies de pulpos existentes. La revista Science, con un factor de impacto superior a 60, resalta la relevancia de este descubrimiento técnico.
Hace Solo 5 Años, Nadie Imaginaba un Descubrimiento Tan Fortuito
Profesor Bellono enfatiza que este descubrimiento no fue parte del plan inicial de su equipo. Hace apenas 5 años, el foco de la investigación era otro. Fue la observación atenta de los animales durante el experimento de la barrera, la que reveló esta capacidad sensorial inesperada del brazo. Este giro fortuito subraya la importancia de la curiosidad y la flexibilidad en la ciencia, y cómo la naturaleza a menudo guarda sorpresas que esperan ser descubiertas.
¿Qué otras incógnitas guardan los océanos para la ciencia del futuro?
Este estudio abre un sinfín de posibilidades para entender la evolución de los sistemas sensoriales y la complejidad de la reproducción animal, especialmente en un reino marino donde aún el 25-30% de los océanos permanece inexplorado. Podría ofrecer pistas sobre cómo las especies mantienen su identidad o cómo se favorece el mestizaje para dar origen a nuevas formas de vida. La investigación no solo ilumina la vida secreta de los pulpos, sino que también nos invita a reflexionar sobre la inmensa cantidad de mecanismos biológicos aún por descubrir en nuestro planeta.
Crédito de imagen: Fuente externa










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