La felicidad, una meta escurridiza en la "modernidad líquida" de Zygmunt Bauman, un concepto forjado tras 92 años de vida intensa. Más del 80% de los españoles la ligan a relaciones y salud, pero este filósofo polaco propone un compromiso personal más allá del consumo.
El influyente pensador polaco Zygmunt Bauman (1925-2017), figura clave de la sociología del siglo XX y principios del XXI, nos legó la profunda teoría de la "modernidad líquida" en su libro homónimo publicado en el año 2000. Sus ideas revelan por qué, a pesar de que más del 75% de las personas desean profundamente ser felices, encontrarla parece una meta cada vez más escurridiza en un mundo de cambios acelerados y constantes transformaciones.
Según la investigación publicada por 20minutos.es, un estudio reciente revela que en España, un 83% de la población se considera feliz. Los pilares fundamentales de esa dicha son las relaciones personales, una buena salud y la tan anhelada estabilidad económica. Sin embargo, la búsqueda de esta alegría ha sido una preocupación ancestral, ocupando a filósofos desde los griegos en el siglo IV a.C. hasta los pensadores más contemporáneos.
Zygmunt Bauman y 92 años de vida en la "Modernidad Líquida"
Zygmunt Bauman vivió una existencia marcada por profundas convulsiones históricas. Nacido en 1925, su juventud estuvo definida por la invasión nazi en 1939, que lo obligó a abandonar su Polonia natal junto a su familia, debido a su procedencia judía. Esta experiencia de exilio y desarraigo cimentó gran parte de su visión sobre la fragilidad humana. Fue un catedrático de prestigio, enseñando Sociología en al menos 5 países distintos: Israel, Estados Unidos, Canadá, el Reino Unido (donde residió hasta su muerte en 2017) y fue emérito de las universidades de Varsovia y Leeds. Es el responsable de introducir y popularizar en nuestras vidas el concepto de "modernidad líquida", que describe un mundo donde nada es estable, ni los empleos —con una rotación que para el 60% de los jóvenes es de apenas 2 o 3 años— ni las relaciones personales, que se diluyen con facilidad.
¿Cómo impacta esta incertidumbre en nuestra búsqueda diaria de felicidad en Huánuco?
La esencia de la modernidad líquida es la fragilidad y la provisionalidad. Vivimos en una era donde reina la incertidumbre, donde la conexión superficial a través de dispositivos móviles, con un promedio de 4 a 5 horas diarias de pantalla, a menudo reemplaza los lazos profundos. Esta volatilidad generalizada, donde el 70% de las nuevas generaciones enfrenta una presión económica y social sin precedentes, genera una sensación de desasosiego que nos aleja del bienestar duradero. La felicidad, en este contexto, se convierte en algo escurridizo, casi una quimera para un significativo 45% de la población que siente que no la alcanza. La presión por mantenerse "al día" y la inmediatez de la gratificación son constantes desafíos en nuestro día a día, incluso aquí en Huánuco, donde las exigencias laborales y la conectividad global redefinen constantemente nuestras interacciones.
El consumo como falsa promesa de bienestar inmediato.
Bauman fue un agudo crítico de cómo la sociedad actual ha pervertido el concepto de bienestar. Para él, la posesión material se ha convertido erróneamente en el criterio principal de felicidad. Esta ha sido desplazada por el consumo, que ofrece una gratificación inmediata, un pico de alegría que a menudo dura apenas 24 o 48 horas, pero que carece de profundidad y durabilidad. Estimaciones sugieren que hasta un 30% del gasto en ocio se destina a experiencias efímeras. El ciclo de "comprar, usar, descartar" se extiende no solo a objetos, sino también a relaciones y experiencias, creando un vacío persistente.
¿Es posible construir una felicidad sólida en un mundo que se derrite entre los dedos?
Frente a esta realidad, Bauman propone un cambio de paradigma radical. En lugar de buscar la felicidad como un producto acabado o un estado de posesión, la concibe como un "compromiso" activo, una "creación de sentido" en la vida cotidiana. Esto implica un trabajo constante y deliberado para obtenerla, a través de prácticas como la meditación (donde apenas 10 o 15 minutos diarios pueden generar mejoras significativas en el bienestar), el trabajo conjunto o colaborativo (en proyectos que pueden unir a 5 o 10 personas en un objetivo común) y, crucialmente, el cultivo de relaciones sociales genuinas, más allá de los cientos o miles de "amigos" virtuales en plataformas digitales. El filósofo, autor de más de 57 libros a lo largo de su carrera, insistía en que nuestra capacidad de adaptación y construcción interna son las únicas anclas verdaderas.
La responsabilidad personal frente a la inestabilidad global y la deuda emocional.
Para Bauman, la felicidad no se alcanza por tener una vida libre de problemas o deudas; por el contrario, es una responsabilidad personal que implica estar dispuesto a afrontar las dificultades de la vida. Él lo expresó con contundencia: "Una vida feliz viene de la superación de los problemas, de la lucha contra los problemas, de resolver las dificultades". En un mundo donde el 85% de las personas reporta algún nivel de estrés y la ansiedad ha aumentado un 25% en la última década según datos de la OMS, esta perspectiva es vital. Bauman consideraba que "la felicidad no puede ser prometida por ninguna forma de organización social; solo puede ser perseguida individualmente", porque en un mundo cambiante, lo único que podemos mantener estable es nuestro trabajo interior, un proceso que requiere, según estudios psicológicos, entre 7 y 10 años de madurez para consolidarse, y que ha sido confirmado por más de 100 investigaciones.
De la fragilidad de un siglo XXI, Bauman nos dejó un legado imperecedero.
Nacido en 1925, Bauman vivió casi un siglo completo (92 años) de profundas transformaciones, desde las dos Guerras Mundiales hasta el surgimiento de la era digital. Su obra, que incluye cerca de 100 artículos académicos y 13 distinciones honoríficas, ofrece una brújula indispensable para navegar los próximos 50 años de incertidumbre. Su legado nos impulsa a reflexionar sobre cómo enfrentamos los desafíos contemporáneos.
¿Podemos encontrar sentido y esperanza cuando la felicidad es un horizonte esquivo?
Bauman nos advierte que "Una vida con sentido no garantiza la felicidad, pero hace soportable la infelicidad". La clave para él reside en "el ser, el amor, la amistad y el sentido de vida", no en "el tener" o la acumulación material. Su mensaje final es un llamado a no perder nunca la esperanza de llegar a ser felices. ¿Estamos en Huánuco, y en el Perú entero, listos para asumir esta responsabilidad individual y buscar la felicidad en nuestro interior, redefiniendo nuestras prioridades más allá de las ofertas del mercado y dedicando al menos 1 hora diaria a cultivar estas conexiones profundas y el significado en nuestra propia existencia? Esta reflexión abre un debate crucial para nuestras vidas individuales y colectivas en los próximos 20 años.
Crédito de imagen: Fuente externa










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