La polarización en el Perú es un problema que debe ser abordado de manera inmediata. El país es rico en tradiciones e historia, y todos somos uno, con un mismo territorio y una misma bandera. Es importante recordar que hay justos reclamos, pero debemos aprender a dialogar y a solucionar nuestros problemas de manera pacífica. La destrucción solo trae más pobreza y no necesitamos influencias extranjeras que nos lleven por caminos extremistas.
La quema de aeropuertos y la toma de carreteras de propiedades privadas no lograrán el progreso, sino más bien nos llevará a un mayor atraso. Es hora de dejar de lado la ira, el resentimiento y el orgullo y dar paso al diálogo y la conversación entre todos los peruanos. Es hora de poner fin a la marginación y de unirnos para solucionar nuestros problemas. Como peruanos, debemos ser mejores estudiantes, mejores profesionales y mejores ciudadanos para evitar las confrontaciones. Es hora de buscar el diálogo y la solución pacífica.
Es fundamental que autoridades, sectores civiles e institucionales se sienten a conversar y buscar soluciones a los problemas que afectan al país. El diálogo es el único camino para la solución y no podemos permitir más muertes y heridos. La policía está cumpliendo su labor y respetando la vida del hermano peruano, pero desafortunadamente, algunos líderes buscan el enfrentamiento.
Al menos eso fue lo que hicieron el expresidente Pedro Castillo y su leal espadachín, Aníbal Torres, quienes se encargaron de revivir las diferencias y resentimientos de la zona rural contra la capital.
Por supuesto, que tenemos diferencias y hay que reconocerlas, pero sobre todo superarlas. Penosamente, la intención de estos señores no fue esta, sino, por el contrario, usar estas debilidades y resentimientos de la población solo para utilizarlas a su favor y generar zozobra como está sucediendo ahora.
Castillo, un personaje de la zona rural que llegó a ser presidente sin saber leer y escribir, es uno más de millones de peruanos de la zona rural que han llegado lejos. Por supuesto, a la gran mayoría le ha costado mucho trabajo lograr lo poco o mucho que pueda tener, pero a punta de esfuerzo y trabajo.
Castillo, serrano como nosotros, que prometió “no más pobres en un país rico”, no hizo nada por el “pueblo” que lo llevó al poder; más, por el contrario, se rodeó de gente incapaz y con pésimos antecedentes, solo para aprovecharse de su puesto, vergonzosamente.




