Por Willy Marcellini Ramírez (*)
Ya es “Navidad” una festividad religiosa que se celebra el día 25 de diciembre, fecha en que los cristianos conmemoran el nacimiento de Jesús. Sobre el origen de la palabra “Navidad” se dice que este término proviene del adjetivo latino “natalis” o “natale”, que significaría originariamente “fiesta concerniente a la natividad” o “fiesta navideña”; en italiano “natale”, en francés “Noel”. Ya nos resulta familiar entonces “buon natale” o “Papá Noel”. Por tanto, Navidad significa “nacimiento”, es la fiesta del nacimiento que, para creyentes o no, seguramente representa una fecha de esperanza, reunión, alegría y gozo familiar; pero también es el tiempo de salirnos por un momento de nuestra agitada vida política, siempre llena de desesperanza y despropósitos.
La fiesta de navidad es una fiesta que año tras año mueve a miles y millones de personas en todo el mundo. Para muchos crea oportunidades de negocio, para productores, comerciantes y empresarios que lo esperaban con mucho entusiasmo. Hay rubros en que las ventas en estas fiestas navideñas representan las mayores ventas de todo el año. Muchos otros se alegran por los aguinaldos o los días de descanso laboral que corresponde al calendario de las Fiestas de fin de año. Para muchas personas también es un tiempo de no estar solos, por la visita de amigos o familiares, o aprovechar para reconciliarse con la familia o los amigos que, por sus diferencias, asuntos personales o laborales se mantienen distanciados. Y muchos otros profundizan en su pertenencia a la iglesia, en su reconocimiento del nacimiento del niño Jesús, el salvador, y aprovechan para acercarse más a Jesús, reconocer sus faltas y para pedir perdón por sus actos. Para otros, no creyentes, no pasa nada porque es una festividad inventada por el hombre. Es así como la fiesta navideña, para la gran mayoría, trae consigo de manera sutil e invisible la esperanza en algo mejor.
Dado a los recientes acontecimientos de incertidumbre económica, de convulsión social y político, la alta inflación que estamos atravesando a nivel mundial, la crisis generada por el conflicto entre Rusia y Ucrania, aunado a los estragos de la crisis de la pandemia está afectando de lleno a todos los ámbitos de la vida y seguramente la navidad será para muchos, muy austera y con bajo presupuesto. Por ello, la necesidad de ahorrar por parte de las familias y las empresas afectará a la celebración de las fiestas y las clásicas cenas navideñas que miran con cautela hacia el futuro más cercano.
Durante todo el año, y especialmente en fechas señaladas como las fiestas navideñas, es frecuente observar que las personas se lanzan a realizar las compras, en muchos casos atendiendo a los mensajes de las campañas publicitarias, que comienzan frecuentemente con más de un mes de antelación del inicio de estas fiestas.
Es por estos motivos que para celebrar estas fiestas se debe evitar el consumismo, y promover alternativas de compras reflexivas y de productos que tengan un modelo sostenible ambiental y social. Lo primero antes de comprar algo es reflexionar sobre si realmente se necesita y es saludable. Una vez que se ha decidido adquirir tal o cual producto, es muy importante averiguar cómo ha sido fabricado y si su proceso de producción repercute o perjudica su utilización en el medio ambiente o algún ser humano. Es importante tener en cuenta que siempre va a ser más sostenible comprar aquello que hayan sido producido lo más localmente posible, en tu región, en tu localidad y de paso apoyar al negocio local.
En cuanto al horro de energía. Para ahorrar energía se puede ir reduciendo al máximo la utilización de vehículos automotores y emplearlas sólo para los casos estrictamente necesarios como las distancias largas. Se puede reducir la compra de productos superfluos e innecesarios, que para su fabricación se demande energía. Conectar los aparatos a la red en vez de que usar pilas, que en la mayoría de los casos no se sabe reciclar y son muy contaminantes. Desenchufar o desconectar los aparatos eléctricos que no requieran estar conectados continuamente o cuando no estén funcionando. Usar focos de bajo consumo. Disminuir los residuos, reutilizar productos y consumir productos locales es otra manera de ahorrar energía ya que se reduce la energía de traslado.
Procura comprar productos que minimicen el uso de envases y embalajes. Cada vez que compres algo es importante que pienses cuántos residuos genera aquello que consumes. Debes elegir productos con envases retornables o reutilizables. Rechaza las bolsas de plástico que dan en los puntos de venta o establecimientos comerciales y procura llevar bolsas de tela o el carrito de la compra. Usando la imaginación se puede solucionar reparar, reutilizar o reciclar muchas de las cosas que se tiran a la basura. Evita los productos que se usan y tiran a la basura. Evitar los alimentos con muchos envases. Compra el contenido y no el envase. Recuerda que muchas veces se paga más por los envoltorios que se tiran directamente a la basura que por el contenido. Evita utilizar productos de limpieza tradicionales, como la lejía, que aparte de producir residuos tóxicos son perjudiciales para la salud. En la limpieza puedes utilizar el jabón, el vinagre o el limón como alternativas más ecológicas de eficacia similar. Al recibir regalos, trata de no tirar el papel, podrías guardarlo para otra ocasión.
Recuerde que es mejor dar que recibir. Que el espíritu navideño invada sus hogares y el fuego de la fe se engrandezca en sus corazones. Un fuerte abrazo.
(*) Es licenciado en Administración por la UNMSM, MBA por la Universidad de Génova, Cofundador de EIDE (Escuela Internacional del Dinero y la Empresa) e Inversionista independiente en la Bolsa de Valores.
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