El colapso del principio de autoridad en Cajamarca ha dado paso a una nueva etapa de la minería ilegal en el norte del Perú, según reveló una investigación del medio Contra Corriente. El modelo criminal que devastó La Libertad ahora se replica en Cajamarca, donde la violencia y la tecnificación de la minería ilegal han establecido un territorio fuera del control estatal.
Emboscada y liberación de detenidos
De acuerdo con Contra Corriente, tras un operativo policial en el distrito de Hualgayoc, una turba de aproximadamente ochenta personas, presuntamente vinculadas a economías ilegales, emboscó a las autoridades y liberó a siete detenidos. Este episodio marcó el inicio de un nuevo patrón criminal, en el que las fuerzas del orden quedan rebasadas frente a una estructura violenta y organizada.
Pedro Yaranga, analista en seguridad integral y gestión de riesgos consultado por el medio, explicó que los grupos criminales "miden primero si hay mucha cantidad de policías y si no hay mucha cantidad de policías, lo único que hacen es acorralar igual y atacarlos con todo, liberar si es que hay detenidos". Esta metodología ha convertido varias zonas en un escenario donde la ley carece de fuerza, mientras la policía opera con recursos y equipamiento limitados.
Tecnificación industrial y poder económico
La minería ilegal en Cajamarca ha alcanzado niveles industriales, según detalla la investigación. Localidades como Colquirrumi, Chinchiho, El Tingo y Quebrada Honda albergan operaciones que emplean maquinaria pesada, retroexcavadoras y socavones de hasta cincuenta y cinco metros de profundidad. "El que contamina más no es la minería grande, ni la minería mediana, ni la pequeña minería, es la minería ilegal", sostuvo un especialista entrevistado, al precisar que estos grupos procesan metales con insumos químicos prohibidos.
Las cifras expuestas por Contra Corriente muestran la magnitud del fenómeno: la minería ilegal mueve aproximadamente doce mil millones de dólares, mientras que la exportación alcanza los quince mil millones de dólares. Este caudal de dinero permite a las organizaciones criminales financiar sobornos, actos de corrupción y captar autoridades locales, lo que profundiza la crisis institucional.
Peligro geopolítico en la frontera norte
El reporte advierte sobre un "peligro geopolítico" en la frontera norte. Cajamarca conecta con Piura y el vecino Ecuador a través de mil quinientos kilómetros de territorio vulnerable. Mientras el gobierno ecuatoriano refuerza su lucha contra el crimen organizado, las rutas de escape y la criminalidad transnacional buscan expandirse hacia el lado peruano. Un especialista destacó que "los criminales ecuatorianos, con tanto espacio que hay, porque el control policial militar solamente está en Aguas Verdes, está en Macará y el resto de la cordillera del Cóndor hacia Cajamarca está abierta y ellos pasan por ahí".
Este corredor facilita el traslado de maquinaria y personas dedicadas a la minería ilegal, mientras el Estado peruano mantiene una presencia limitada en la zona. El resultado es un territorio cada vez más controlado por intereses criminales, donde la ausencia estatal deja espacio para la captura de autoridades y el crecimiento de nuevas redes de complicidad.
Impacto social: niños con metales pesados en la sangre
La crisis generada por la minería ilegal afecta directamente a la población local. Contra Corriente documentó cómo los relaves y efluentes de las operaciones ilegales contaminan los ríos Singo y Malgasbamba, lo que ha provocado niveles alarmantes de arsénico y plomo en la sangre de decenas de niños. "El costo de la impunidad criminal en Bambamarca y Hualgayoc ya se cuenta en la sangre", señala el informe.
La descomposición social es visible en la precariedad de las escuelas rurales y en el abandono de servicios básicos, mientras el crimen organizado ocupa los espacios que el Estado ha dejado vacíos. En palabras recogidas por Contra Corriente, "la característica que tiene la minería ilegal es que son en su mayoría migrantes y efectivamente en Hualgayoc son migrantes, pero al mismo tiempo también se van involucrando gente de la misma zona".
Fracaso institucional y falta de voluntad política
Las acciones estatales se ven limitadas frente a la magnitud del problema. Según la investigación, los operativos de la Dirección de Medio Ambiente de la Policía Nacional del Perú (PNP), como el Plan Sierra Norte, han incorporado drones y sensores electroópticos para desmantelar infraestructura ilegal. Sin embargo, la inteligencia táctica resulta insuficiente cuando las turbas locales impiden traslados y detenciones.
Expertos citados por el medio enfatizan la necesidad de mecanismos de apoyo militar permanente, reclamando el despliegue del Batallón de Infantería Cepita número siete de Cajamarca para respaldar las operaciones de la División de Investigación Criminal (Divincri). Un entrevistado afirma que "declarando el estado de emergencia en las zonas no se hace absolutamente nada", y atribuye la inacción a la falta de voluntad política y a la influencia que la minería ilegal ejerce sobre partidos y autoridades.
Nueva tierra de nadie
El fenómeno observado en Cajamarca reproduce el modelo criminal que devastó Pataz en La Libertad, según la investigación. La comparación resulta inevitable para los expertos, quienes alertan que "podríamos comparar a Cajamarca en este momento con una posibilidades, digamos, de Patás en los próximos años". La ausencia de autoridad y el avance del crimen organizado han transformado a Cajamarca en una tierra donde el Estado ha perdido su capacidad de respuesta, mientras la minería ilegal se consolida como una amenaza a la seguridad nacional, la institucionalidad y el medio ambiente.










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