El recrudecimiento de la crisis en Yemen dejó cifras que las agencias de la ONU califican de preocupantes: desde principios de agosto documentaron más de 30 civiles muertos y alrededor de 125.000 desplazados, muchos de ellos dentro del propio país, además de un aumento de la desnutrición infantil, incluso en sus formas más graves. El Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) reportó casos de "desnutrición aguda" en el país más pobre de Medio Oriente, según el medio France 24 Español.
El análisis del caso fue abordado en el espacio #InvitadoDelDíaF24 con Ariel Umpierrez, analista político, geopolítico e historiador de la Universidad de la Sorbona de París.
Un colapso alimentario con causas estructurales
Yemen arrastra un escenario crítico que la FAO y el Programa Mundial de Alimentos (WFP) describieron en un informe del 12 de noviembre de 2025. Ambos organismos advirtieron que "la ventana para evitar que millones de personas caigan en inseguridad alimentaria aguda se está estrechando rápidamente".
El documento identificó dieciséis regiones del mundo con riesgo de crisis alimentarias severas. Sobre Yemen señaló que más del 40 % de su población se encuentra en niveles de crisis alimentaria severa. La destrucción de infraestructuras esenciales y la falta de combustible dificultan la llegada de importaciones, de las que depende la mayor parte de la dieta del país, según el informe.
Entre los factores que agravan la inseguridad alimentaria global, el conflicto armado se mantiene como la causa central: la violencia prolongada, la destrucción de tierras cultivables, los desplazamientos masivos y el bloqueo de corredores humanitarios reducen el acceso a alimentos. A esto se suman los choques económicos —encarecimiento de alimentos, depreciación de monedas locales y aumento del precio del combustible— y la crisis climática, que ya no actúa como fenómeno excepcional sino como factor estructural.
El informe de la FAO y el WFP no se detiene en Yemen. En Sudán, millones de personas quedaron atrapadas en zonas donde los mercados colapsaron y la distribución de ayuda es prácticamente imposible, con regiones que podrían acercarse a los umbrales técnicos de hambruna si no se estabiliza la situación. En Palestina, la inestabilidad crónica y las restricciones al movimiento de bienes esenciales deterioraron los indicadores nutricionales.
La lista de puntos críticos incluye también a Malí y Burkina Faso, donde la inseguridad y el control inestable del territorio interrumpen los mercados, bloquean el comercio agrícola y generan pérdidas de producción. En Burkina Faso, los hogares más pobres de zonas afectadas por el conflicto enfrentan "disrupciones del mercado y la asistencia humanitaria limitada", según el análisis de seguridad alimentaria citado. En Malí, las mismas condiciones provocan "un rápido deterioro en los niveles locales de consumo alimentario y nutrición", con el indicador de Insufficient Food Consumption situando en torno al 52 % la proporción de población insuficientemente alimentada en septiembre de 2025.
El segundo impulsor de la inseguridad alimentaria es la inestabilidad económica: el encarecimiento de los alimentos, la depreciación de las monedas locales y el aumento del precio del combustible y de los insumos agrícolas. En Haití, esa situación se agrava por la violencia y la interrupción de los mercados: alrededor de 5,7 millones de haitianos, más de la mitad del país, ya se encuentran en niveles de inseguridad alimentaria aguda, una cifra que sigue aumentando. Patrones similares se observan en Myanmar y Etiopía, donde la devaluación de la moneda y la interrupción de la actividad económica encarecieron los alimentos básicos y redujeron el poder adquisitivo de los hogares.
El antecedente de Sudán
El deterioro en Yemen ocurre en paralelo a otra crisis humanitaria documentada por Unicef. En abril de este año, el organismo denunció que más de 4.300 niños murieron o resultaron heridos tras tres años de guerra en Sudán entre el Ejército y las paramilitares Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF), incluidos al menos 160 muertos y 85 mutilados entre enero y marzo, según Infobae.
"Durante tres años, los niños en todo Sudán han sido asesinados, heridos y desplazados a niveles alarmantes. Sus hogares, escuelas y hospitales siguen siendo atacados. No hay justificación para la violencia contra la infancia. Esto refleja un fracaso colectivo de las partes en conflicto a la hora de proteger los derechos más básicos de los niños", afirmó Catherine Russell, directora ejecutiva de Unicef.
Unicef advirtió además que el hambre, las enfermedades y el riesgo de hambruna "se están extendiendo", "impulsados por la violencia, los desplazamientos repetidos y las graves limitaciones al acceso humanitario", después de que en 2025 se confirmaran sendas hambrunas en El Fasher y Kadugli, con riesgo de que la situación se expanda a Um Baru y Karnoi. En ese marco, señaló que unos 4,2 millones de niños sufrirán desnutrición aguda en 2026, incluidos más de 825.000 casos graves, que pueden ser mortales si no se tratan con urgencia.










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