Los ríos españoles registran los niveles más altos de fósforo y materia orgánica por litro de toda Europa, de acuerdo con un estudio liderado por la Universitat Politècnica de València (UPV) y difundido con motivo del Día Internacional de los Ríos. La investigación, que analizó la evolución de la contaminación en ríos de hasta 18 países europeos, sitúa a España y Bulgaria como los casos más críticos del continente.
Según el informe, la calidad general del agua ha mejorado en los últimos años, pero ese avance no resulta suficiente para garantizar el cumplimiento de los objetivos ambientales fijados para 2030. En el caso español, el estudio detectó que las concentraciones de fosfatos aumentaron en el periodo 2015-2021, un incremento que se vincula directamente al aporte de nutrientes a los ecosistemas fluviales y a un mayor riesgo de eutrofización.
Un índice para medir la presión humana sobre los ríos
El equipo de investigación, encabezado por María Pachés del Instituto de Ingeniería del Agua y Medio Ambiente de la UPV (IIAMA-UPV), construyó un índice denominado HPRE (Human Pressure on River Ecosystems). Este indicador combina dos contaminantes clásicos: la demanda bioquímica de oxígeno —el oxígeno que consumen los microbios al descomponer la materia orgánica— y los fosfatos, el nutriente que impulsa el crecimiento de algas.
Los autores advierten que el HPRE no mide 'calidad' en términos absolutos: una muestra puede obtener buenas puntuaciones en el índice y, sin embargo, ser un desastre desde el punto de vista ecológico. El estudio cita el caso de Suecia, donde hay pocos fosfatos pero dos de cada tres ríos no alcanzan un buen estado ecológico.
De acuerdo con la serie analizada, los fosfatos en los ríos españoles pasaron de 0,160 mg/l a finales de la década de 2000 a 0,448 mg/l en 2021, cuando concluye el estudio, y a 0,547 mg/l en 2023. Es decir, se triplicaron en dieciséis años y no dan señales de frenar. La materia orgánica, por su parte, se redujo desde el pico de 2016, pero hoy sigue por encima de donde estaba en 2007.
Comparación europea y tendencias hacia 2030
El informe clasificó a los países según su situación actual y su trayectoria hacia 2030. Siete presentan hoy un escenario relativamente favorable, pero solo Eslovenia mantiene una evolución plenamente compatible con los objetivos ambientales de ese año. Finlandia, Estonia, Irlanda, Italia y Dinamarca obtuvieron también una valoración positiva, aunque las tendencias indican que deberán mantener o reforzar sus políticas de gestión del agua.
En el extremo opuesto se ubican Bélgica, Bulgaria, Lituania, Rumanía, Suecia y España. Estos países concentran algunos de los mayores desafíos ambientales, ya sea por mantener niveles de contaminación altos o por mostrar tendencias de evolución poco favorables. Dentro de este grupo, España y Bulgaria destacan como los casos más preocupantes.
En conjunto, la contaminación orgánica disminuyó en 14 de los 18 países evaluados, y las concentraciones de fosfatos bajaron en 11 de los 16 estados para los que se disponía de información suficiente. Pese a estas mejoras, las investigadoras advierten que el ritmo de cambio sigue siendo demasiado lento y que las reducciones actuales no aseguran por sí solas alcanzar los niveles sostenibles al final de la década si no se refuerzan las políticas de gestión del agua.
"Esta evolución nos aleja de los objetivos ambientales de 2030 y evidencia la necesidad de reforzar las actuaciones destinadas a controlar las aportaciones de nutrientes a los ecosistemas fluviales", señaló la investigadora Remedios Martínez.
La autora principal del trabajo, María Pachés, subrayó que los resultados dejan claro que no basta con una foto fija del estado de los ríos y que es imprescindible analizar también la velocidad de mejora de la calidad del agua. En sus palabras, los datos demuestran que resulta fundamental comprobar si el ritmo actual de recuperación permitirá o no alcanzar los objetivos ambientales de 2030.
Un trabajo de la Universidad Técnica de Košice explicaba en julio por qué España sale peor parada que otros países: el relativo poco caudal, el peso del regadío y la urbanización turística debilitan la capacidad de dilución de los ríos. Es decir, incluso haciéndolo mejor que otras naciones, los niveles de concentración podrían ser peores.
La solución que el estudio identifica es el tratamiento terciario, que la Directiva 2024/3019 hace obligatorio en zonas con riesgo de eutrofización. España aún tiene pendiente transponerla y se da por hecho que esa ley no llegará antes del 31 de julio de 2027, cuando acaba el plazo. En diciembre, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea volvió a condenar a España por incumplir la directiva europea de tratamiento de aguas.









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