Pekín rechaza aumentar el aislamiento de Teherán y exige garantías de seguridad para alcanzar un acuerdo duradero.
China intenta abrir una salida diplomática a la guerra con Irán, aunque su propuesta se distancia de la estrategia impulsada por el presidente estadounidense Donald Trump. Pekín plantea retomar las negociaciones, preservar los derechos iraníes y evitar una mayor expansión del conflicto, mientras Washington busca aumentar la presión económica sobre Teherán.
El canciller chino, Wang Yi, pidió a Irán y Estados Unidos actuar con moderación, regresar al acuerdo provisional alcanzado en junio y reactivar un mecanismo de diálogo. También reclamó medidas para reabrir cuanto antes el estrecho de Ormuz, una ruta decisiva para el transporte mundial de petróleo y gas.
La posición china responde tanto a razones políticas como económicas. El país asiático es el principal comprador del petróleo iraní y mantiene una asociación estratégica con Teherán. Sin embargo, el encarecimiento de la energía y las amenazas sobre las cadenas internacionales de suministro perjudican a su economía exportadora.
Trump pretende que Xi Jinping utilice la influencia comercial de China para aislar a Irán y reforzar las sanciones estadounidenses. Pekín, en cambio, rechaza las medidas unilaterales de Washington y considera que cualquier solución debe incluir garantías de seguridad para la República Islámica.
Esta diferencia anticipa un difícil diálogo entre ambos mandatarios. China quiere que la guerra termine, pero no está dispuesta a asumir el costo político de respaldar completamente la agenda estadounidense. Su apuesta consiste en presentarse como mediador, proteger sus intereses energéticos y defender un nuevo esquema de seguridad regional, sin abandonar a uno de sus socios en Medio Oriente.









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