Por Yeferson Carhuamaca
En 1895 se acuñó la idea de multiverso por el psicólogo William James, un escape sobre las distintas realidades o probabilidades de la existencia del destino del hombre.
El cielo oscureció en el mundo, no había una sola luz, los celulares murieron como cualquier otro objeto que dependía de energía eléctrica. Todo ensordeció y es como si todo entrara en un ensueño profundo, un coma universal. Casi instantáneamente después de este hecho desperté con un fuerte dolor de cabeza y un zumbido en los oídos que iba desapareciendo poco a poco. Me levanté de prisa y busqué mis prendas para ir al trabajo, de seguro todos estarían hablando del eclipse y de cómo todo se desconectó por un momento. De pronto noté que mi ropa de trabajo no era la misma, que algunos de mis objetos habían cambiado, en realidad todo era diferente.
En este universo, la casa donde vivía no era la mía, la vida que tenía era distinta. Según este nuevo lugar, yo un humilde profesor de un pueblito llamado Obas, estaba ahora convertido en un galeno muy conocido, o bueno, eso era lo que decía el título que colgaba en aquella pared de mi nueva sala. Empecé a deambular por este nuevo sitio, vi muchas fotos distintas a las que tenía en mi vieja casa antes del eclipse, para mi sorpresa estaba casado con una mujer rubia de ojos claros, además de tener dos hijos. Por un momento, pensé que se trataba de una alucinación, qué quizás alguien me había drogado. No era así, revisé mi celular y de fondo había una foto con mi nueva familia en algún lugar a donde jamás había ido. Me encontraba solo y la razón era que mi esposa y mis hijos habían ido de vacaciones, esto lo confirmó un mensaje en mi celular.
Este ya no era el mundo o la realidad que yo había vivido, estaba entrando a la desesperación, entonces prendí la televisión y la computadora, tenía que informarme que más había cambiado y tratar de sobrevivir. El día era 9 de abril del 2024 y en los canales de televisión comentaban de la gran oportunidad para viajar de vacaciones a Venezuela, que después de cinco años se recuperaba de la crisis, ya que el país ahora era más capitalista que en toda su historia y todos los líderes caviares los habían derrocado hace unos años atrás. Además de ello comentaban sobre el éxodo de los argentinos a tierras chilenas, en vista que el presidente Milei había perdido las elecciones. Mi sorpresa fue grande al enterarme quien era el presidente del Perú de esta realidad, nada menos que Alfredo Barnechea y este ya era su segundo mandato. Busqué en YouTube un video del trágico episodio de él y un chicharrón, en este mundo sí pudo comérselo.
Además de ello, una de las noticias más resaltantes era que Mario Vargas Llosa ganaba por segunda vez el Premio Nobel de Literatura, gracias a sus novelas basadas en su buen mandato como presidente del Perú y lo que vino después de este. Busqué información de Fujimori, quien según informaban hace unos meses era premiado en una organización interamericana rodeado de personajes de izquierda al ser un gran defensor de los ideales socialistas. El mundo estaba al revés, está realidad era casi cómica a la que había vivido. Messi se había retirado hace unos años atrás, nunca pudo ganar un mundial. Cristiano Ronaldo era campeón del mundo y considerado como el mejor de todos los tiempos. La selección había ganado dos Copas Américas y el técnico de estas gloriosas victorias había sido El Cabezón Reynoso. Las Torres Gemelas seguían en pie allá en USA, Palestina era declarada totalmente independiente y la guerra era cosa del olvido con Israel, y muchas más variaciones de espacio, tiempo, personajes y vidas eran distintas al antiguo mundo de donde yo venía.
Solo pensaba en cómo tendría que adaptarme a este tiempo, ya que de medicina no sabía nada, tendría que recetar paracetamol toda mi vida, no quedaba de otra. Entonces recibí una llamada, era mi nueva familia quién me deseaba un bonito día. Me serví algo de comer, el dolor de cabeza se fue y escuché la última noticia en la televisión, que una señora había querido robar en una joyería un reloj de la marca Rolex, solo atiné a sonreír al saber quién era esa mujer.




