MEMORIA HISTORICA E IDENTIDAD EN UNA ENCRUCIJADA

Por: Denesy Palacios Jimenez

“Desde comienzos de la década del ochenta del pasado siglo, cuestiones vinculadas a la memoria, ocupan un lugar central en los debates sobre la cultura y la política en el mundo actual. Resulta casi imposible leer un texto de historia que no haga referencia de alguna manera al fenómeno de la memoria en sus diversas formas: memoria colectiva, memoria individual, memoria social o memoria cultural. Se trata de un fenómeno internacional con características propias en diferentes contextos sociales y étnicos, acontecimientos acaecidos en las últimas décadas apuntan a este asunto como detonante de profundas crisis y a raíz de dramáticos sucesos se ha producido una batalla por el rescate del pasado para dialogar y negociar el presente”. (Belkis Milagros López Ramos, Universidad Vladimir Lenin)
Mientras que la identidad proviene del vocablo latín identïtas, que refiere al grupo de rasgos y características que diferencia a un individuo, o grupo de individuos, del resto. Es a partir de esta que las personas logran distinguirse del resto y esto depende siempre de la cosmovisión e historia propia y del contexto en el que se vive.
Walter Benjamín, en su Tesis sobre el concepto de Historia, nos indica que la memoria histórica viene a designar el esfuerzo consciente de los grupos humanos por entroncar con su pasado, sea este real o imaginado. La memoria histórica en la resistencia: el recuerdo como herramienta Al mirar hacia el pasado no estamos haciendo una pregunta científica que busca saber la “verdad” de lo que ha sucedido, sino una pregunta cargada de angustia. Articular el pasado históricamente no significa descubrir „el modo en que fue‟ (verdad científica) sino apropiarse de la memoria cuando ésta destella fugazmente en un momento de peligro (verdad política). Le preguntamos al pasado con la intención de responder las urgencias del presente. “En el pasado hay una promesa incumplida de felicidad” Necesitamos de la historia “para la vida y para la acción”… “para actuar contra y por encima de nuestro tiempo a favor de un tiempo futuro” (Nietzsche, 1999: 38-39). La memoria histórica es un recuerdo colectivo, es una acción que preserva la identidad y la continuidad de un pueblo, es no olvidar lo aprendido, muchas veces con sangre, es el camino para no repetir errores pasados.
Un pueblo con memoria histórica es dueño de su destino. Los que consideran necesario impedir que eso suceda cuentan con los recursos sociales, políticos y económicos para lograrlo. Basta con aniquilar los símbolos, el lenguaje, vaciar la educación y la vida colectiva de señas de identidad entroncadas con la realidad y la memoria común. Los problemas que ahora vivimos ya los vivieron otros antes que nosotros. Sin memoria histórica estamos condenados a vivir un eterno presente, la repetición constante del mismo sufrimiento, como Prometeo encadenado (García Bilbao, 2010).
Hago esta reflexión, porque el momento electoral que vive el país, demanda de una profundidad de pensamiento y de compromiso acción; así vemos que en la primera vuelta se ha producido un amplio consenso sobre la urgencia de llevar a cabo una real reforma electoral y del sistema político y no lo que nos entregó el Congreso el año pasado. Incluso las misiones de observación internacional de la Organización de Estados Americanos (OEA) y de la Unión Europea han señalado la urgencia de tomar medidas al respecto. También han alcanzado un amplio consenso algunas importantes medidas que buscan disminuir los niveles de corrupción. Por ejemplo la propuesta de imprescriptibilidad.
Esto debe estar sumado a la memoria histórica, que ha permitido que nos vayamos forjando una conciencia histórica, para no repetir más de lo vivido, o seguir como el país periférico que somos ahora, y no es que seamos una nación joven o adolescente, sino más bien un Estado débil, que no atiende a todos, y donde lo que más falla es la Educación, aun percibimos patrones socioculturales que se imponen en el quehacer económico, político y administrativo del país, en desmedro de lo nuestro, que datan desde antes de establecerse la Republica, y es por eso que al instaurarse la república, no significo el cambio que se preconiza con este nuevo régimen, y donde las grandes mayorías, así como el interior del país siguen como remedo lo que sucede.
Una prueba la tenemos en Huánuco, excepto de Varallanos que ni siquiera cobro por estar en el Congreso, no tenemos mayores recuerdos de aquellos que nos han representado, la mayoría se fueron a Lima y nunca más volvieron; este quinquenio no vislumbro mejores opciones de propuestas de cambio para nuestra región. Y aquí así como en el resto del país nos esta haciendo falta la Memoria histórica, y el compromiso e identidad.
Es urgente, tomar una postura de responsabilidad ciudadana frente a los hechos, la centralización del poder, la autocracia, han devenido en lo que hoy queremos liberarnos: la corrupción, la criminalidad, la inseguridad, la poca valoración a la vida y a la dignidad, mentimos y prometemos con una facilidad increíble, es hora de escapar del oscurantismo, porque si no nuevas experiencias se asientan y se construye una nueva memoria histórica, basada en el miedo, la desmovilización y la apatía. En términos de memoria histórica, aparece el “olvido”, pueblo que olvida no tiene memoria, tampoco tendrá un derrotero beneficioso, y es la hora de sacudirnos de todas estas taras y pesos que cargamos, porque el Bicentenario debe ser el renacer de la república para todos los peruanos y peruanas. No votemos por aquellos que nos han mentido tanto, y han hecho de ello una estrategia política, así como el de aniquilar al enemigo armándole denuncias e imputaciones, para hacernos creer que debemos votar por el mal menor, eso es lo no debemos hacer, sino que debemos optar por aquel que nos promete el cambio y el desarrollo, y donde los peruanos jugaremos el papel activo, no los grupos que se han acostumbrado al poder y que ya controlan varios medios, y han roto con la institucionalidad del país. Esto no significa avalar a PPK, pero si romper con un pasado muy oprobioso, y porque el modelo económico que se instauro en el Perú hace más de 25 años exige cambio y eso solo lo puede hacer un economista con toda la experiencia acuestas que tiene. ¿No les parece?
Gracias y Buenos días
(*) Profesora Principal Facultad de Ciencias Sociales – UNHEVAL