El panorama de los aranceles globales ha experimentado un giro inesperado, generando una onda expansiva en los mercados financieros. La reciente decisión del expresidente Trump de pausar temporalmente la imposición de aranceles recíprocos, inicialmente celebrada con un repunte bursátil significativo, plantea interrogantes sobre la sostenibilidad de esta medida y su impacto real en la economía estadounidense. Este movimiento se produce en un contexto de crecientes preocupaciones sobre una posible recesión inducida por las propias políticas comerciales del gobierno anterior.
Según la investigación publicada por The New York Times, la reversión de la política arancelaria, aunque acogida con entusiasmo por Wall Street, no disipa por completo las inquietudes sobre el futuro del comercio internacional y la vulnerabilidad de los importadores estadounidenses, particularmente aquellos que dependen de China.
El anuncio del expresidente Trump provocó un aumento del 9,5 por ciento en el S&P 500, marcando su mayor ganancia en un solo día desde octubre de 2008, un período de profunda crisis financiera. Sin embargo, este alivio en los mercados se vio atenuado por la persistencia de aranceles elevados sobre las exportaciones chinas, con un incremento anunciado al 125 por ciento, lo que implica que la situación para las empresas estadounidenses que importan productos desde China sigue siendo precaria. El cambio de rumbo se produce después de que Trump declarara en redes sociales que nunca cambiaría sus políticas arancelarias.
La Casa Blanca, a través de su entonces Secretaria de Prensa, Karoline Leavitt, intentó presentar la pausa arancelaria como parte de una estrategia premeditada, minimizando las críticas sobre la aparente inconsistencia de la política. No obstante, incluso con el aumento del S&P 500, el índice aún se encontraba un 11,2 por ciento por debajo de su máximo reciente en febrero, evidenciando el daño causado por la incertidumbre generada por las políticas comerciales. La fluctuación en los mercados se produjo en medio de una venta masiva de bonos del Tesoro de EE.UU., considerados tradicionalmente como inversiones más seguras.
El expresidente Trump admitió que su decisión fue una respuesta a la agitación del mercado, reflejando una postura de «flexibilidad» ante las condiciones económicas cambiantes. Antes de la reversión, los aranceles de Trump habían afectado a casi todos los socios comerciales de Estados Unidos, con China ofreciendo la respuesta más contundente: un gravamen total del 84 por ciento sobre los productos fabricados en Estados Unidos. Peter Boockvar, director de inversiones de Bleakley Financial Group, cuestionó si la pausa arancelaria representaba un respiro genuino o un «suicidio económico adicional», dependiendo de dónde se obtengan los productos, destacando que aproximadamente $450 mil millones todavía se importan de China.
En otro frente, la Unión Europea había aprobado aranceles de respuesta contra Estados Unidos antes del anuncio de la pausa, con gravámenes del 25 por ciento sobre una amplia gama de productos importados, desde maíz hasta vidrio plano. Además, una fuerte venta masiva en los mercados de bonos del gobierno estadounidense reveló inquietudes sobre las consecuencias de una guerra comercial. Los precios del petróleo estadounidense también cayeron a alrededor de $56 por barril, el nivel más bajo en más de cuatro años, antes de recuperarse tras el anuncio de la pausa. Estos indicadores resaltan la intrincada relación entre las políticas comerciales y la salud general de la economía global.




