Por: Arlindo Luciano Guillermo
Los Diez Mandamientos (o Decálogo), que todo cristiano consecuente debe practicar con sinceridad, exige al creyente en Yahvé o Jehová actuar, sin mucho discurso ni palabreo, correctamente si quiere ingresar, sin apremios ni mayores trámites celestiales, al Paraíso para gozar de la vida eterna y felicidad plena ante la mirada inmensamente misericordiosa de Dios Todopoderoso. Todos estos preceptos se reducen a uno solo: “Ama a Dios y al prójimo como a ti mismo”. No hay que hacer mucho para merecer santidad y coherencia cristiana. Los incas solo necesitaron tres normas, colectivamente validadas, para la convivencia y corrección: “Ama Llulla (No seas mentiroso), Ama Sua (No seas ladrón) y Ama Quella (No seas ocioso). La sociedad inca no fue perfecta, pero este código moral marcó las relaciones sociales, políticas e interpersonales y produjo prosperidad, convivencia democrática y un precedente: la moral es base fundamental de la economía, el liderazgo y la política.
Pedro Pablo Kuczynski Godard, a una semana de gobierno, tiene el 70% de aprobación de la ciudadanía. PPK rompe, espontáneamente, protocolos históricamente establecidos, propios e intransferibles de un presidente de la república. Esto lo muestra como un gobernante cerca del pueblo, congenia con los ciudadanos que, antes de criticarlo, lo aplauden y sienten simpatía. Goza de un carisma inaugural. En el patio de Palacio de Gobierno, PPK y sus ministros hicieron ejercicios físicos con mucha agilidad y sudaron la gota gorda. En el escenario estrictamente político, la percepción cambia notoriamente. Pedro Pablo se exhibe irreverente con la actuación de los políticos y gobernantes tradicionales, acartonados por los modales y sometidos a estilos fríos y fingidos.
PPK dio a conocer “siete recomendaciones” para que los ministros se conduzcan correctamente durante la gestión. Estos “siete mandamientos”, junto al Código de Ética de la Función Pública, aprobado por la Ley N° 27815, definen la ruta de trabajo técnico, profesional y moral del Consejo de Ministros. PPK pone los puntos sobre las íes desde el inicio, desde la partida. Se verá en el trayecto, en la actuación diaria, en las prácticas cotidianas, si “los mandamientos” funcionan.
Primero. “Debes ser absolutamente incorruptible”. Esto apunta directamente a la corrupción de funcionarios públicos. “Incorruptible” quiere decir “que no se puede pervertir o muy difícil de pervertir; en otros términos, totalmente inmunizado, vacunados, protegido, blindado contra actos de corrupción, tráfico de influencias, nepotismo, favoritismo y cualquier acto de beneficio propio en perjuicio del Estado. En el desempeño de los funcionarios públicos tienen que estar presentes, de modo imprescindible, las buenas prácticas, las lecciones aprendidas y la ética; sin este último componente, la función pública corre el riesgo de corromperse y terminar en la comisión de delitos penales. Lo que les pide PPK a los ministros es hacer bien y correctamente lo que tienen que hacer. El supremo deber de los funcionarios públicos es “servir con respeto, honradez, esmero y efectividad” a los usuarios. La transparencia y la honestidad otorgan autoridad y motivan decisiones, aunque pisen callos, ajustadas a la ley.
Segundo. “No te infles, sé modesto”. El poder emborracha, a veces, de mala manera. En el caso extremo enajena y transforma totalmente al funcionario público que “chapa” un cargo y ejerce poder. La inteligencia emocional se conoce y visualiza cuando hay poder político y económico. La modestia en el poder es un desafío diario. Lo común es que el poder “infla” el ego, la vanidad y termina en arrogancia, que constituye un grave defecto que provoca descrédito, antipatía y desaprobación del funcionario. La modestia es una actitud ética y una virtud moral que consiste en no alabarse a sí mismo, no considerarse el único e insustituible, no hablar de uno mismo, sino en plural, de nosotros.
Tercero. “Recibir a la gente”. Los ciudadanos quieren conversar con autoridades de alta dirección para que escuchen sus demandas, necesidades y peticiones. Es cierto, desde la experiencia, que la agenda de los servidores públicos es apretadísima, congestionada, con poco tiempo para él mismo y los ciudadanos. Sin embargo, si se racionaliza y pautea adecuadamente permite escuchar a los ciudadanos, autoridades ediles y regionales. No hay nada más democrático para una gestión que tomar decisiones acertadas escuchando las necesidades de primera mano. La confrontación, la intolerancia y la intransigencia restan desde todo punto de vista.
Cuarto. “Conoce tu Perú y viajar por las regiones del Perú”. Nadie ama lo que no conoce. Las decisiones que se toman desde el escritorio, solo por testimonio oral o desde la laptop pueden inducir a error e imprecisión. Para conocer la realidad se debe estudiar, comparar y visitar in situ, ensuciar los zapatos, viajar horas interminables, alimentarse en posadas y conversar con la gente directamente. No se puede gobernar ni establecer políticas de Estado desde Palacio de Gobierno, sin conocer las verdaderas necesidades del pueblo. Quien conoce bien el Perú, las regiones y los centros poblados entenderá qué necesidades son prioritarias, cuánto se debe invertir, cómo se pueden resolver los problemas y cómo se hace presente el Estado en las comunidades distantes de las ciudades y zonas urbanas.
Quinto. “Ocúpate de tu ministerio y no de otros”. Las instituciones y los ministerios trabajan articuladamente, en permanente coordinación y asistencia mutua. El ministro de educación necesita del soporte asistencial y técnico del Midis, Mimp, del MEF, de salud. PPK insta a los ministros a trabajar sin intromisión ni invasión de competencias. Jaime Saavedra tendrá que fortalecer más el mejoramiento de los aprendizajes y disminuir el déficit de infraestructura educativa.
Sexto. “En caso de dudas chequea con la PCM o el “presi””. Ningún ministro es sabelotodo, sabio o experto infalible. La exhortación es clara: trabajar en coordinación, nadie se debe disparar, caminar por su propio camino ni jugar su propio partido. El ministerio no es el feudo del ministro. Un ministro siempre debe estar en contacto con el Consejo de Ministros y el presidente de la república para hablar el mismo lenguaje, tomar decisiones conjuntas y asumir responsabilidades y compromisos.
Sexto. “Tomar las cosas con calma, sonreí y reza”. Un ministro estresado pierde lucidez, capacidad de análisis y no escucha. La inteligencia emocional (otra vez en la gestión pública) ayudará a enfrentar situaciones con serenidad, sin apresuramiento ni radicalidad. Sonreír ante la adversidad evita la perturbación y el desequilibrio. Si el ministro es creyente apelará a Dios para que le dé sabiduría, paciencia y valentía para decir la verdad, tomar decisiones con firmeza y honrar la palabra.
A Pedro Pablo Kuczynski lo vemos gracioso, bromista, histriónico, simpático, bailarín, sincero, sin prejuicios. Un presidente es un ciudadano de carne y hueso que decide con firmeza, actúa con informalidad. La banda presidencia no anula la autenticidad ni la identidad. Al final, los resultados califican fríamente la eficiencia de una gestión.



