Los intereses del país por delante

Escrito por: Jorge Farid Gabino González

La prepotencia, el desatino, la malacrianza con que el premier Guido Bellido ha venido conduciéndose desde el momento mismo en que asumió el encargo de encabezar el primer gabinete del presidente Castillo son ya prácticamente proverbiales. Y es que jamás habíamos visto en el Perú nada, pero absolutamente nada, como lo que viene aconteciendo en los últimos días. Esto porque, por muy desfachatados que hayan podido ser algunos de los primeros ministros con que contaron los gobiernos de por lo menos las últimas tres décadas, ni siquiera en los casos más extremos, esto es, en aquellos en los que su desempeño al mando de las gestiones que les tocó encabezar fue, por decir algo, poco menos que cuestionable, tuvimos los peruanos el infortunio de tener que soportar a un primer ministro tan impresentable como el señor Bellido.

Los argumentos para sustentar lo antedicho son, naturalmente, por todos conocidos. Vale la pena recordar, sin embargo, algunas de las más escandalosas posiciones del ahora famoso premier, sobre todo a efectos de tener claro de qué tipo de individuo estamos hablando, y también, por supuesto, de reflexionar en qué es lo que le podría esperar al país si la cordura no aterriza más temprano que tarde en la despoblada cabeza del más apocado presidente que hayamos podido tener jamás, y lo saca de una vez por todas del cargo que a todas luces le quedó sumamente grande.

Así, una de las primeras cosas por las que comenzamos a saber de las lindezas a las que con el tiempo nos acostumbraría el señor Guido Bellido fue la ya célebre disputa que sostuvo con la congresista Chirinos, a quien, según denuncia de la legisladora en cuestión, habría faltado el respeto al señalar que lo único que le faltaba era que la violasen. Afirmación esta que, aunque no ha podido aún ser corroborada por los demás implicados en el incidente, no hace más que corroborar lo que ya de por sí se sabía del susodicho personaje: que una de sus principales características es la de su desfachatado machismo. Pues serían no pocas las ocasiones en las que, a través de las redes sociales, medio en el que parece moverse con total desenvoltura, y no precisamente por hacer un uso eficiente y alturado de los entornos digitales, llegó a asumir posiciones desde todo punto de vista condenables respecto de la figura de la mujer.

Por si lo anterior no fuera suficiente, son también harto conocidas las acusaciones según las cuales tendría una declarada simpatía por aquellos grupos criminales que durante años mantuvieron al país sumido en la anarquía, en el desgobierno, debido a que llegaron a llevar a la práctica aquellas posiciones trasnochadas en las que se sustentan sus preceptos. Y es que para nadie es un secreto la cercanía del actual premier con posturas ideológicas de extrema izquierda, las mismas que, probado está, solo han sabido conducir a los países que han tenido la desdicha de sufrirlas a una pobreza y atraso totales. Lo que no hace otra cosa que confirmar, una vez más, lo peligroso que resulta para los intereses del país tener en un cargo tan importante y decisivo a alguien con unas credenciales antidemocráticas tan evidentes como las descritas.

Y, para terminar de pintar de cuerpo entero al personajillo de que se trata, no podríamos terminar esta relación sin mencionar la última bravuconada del señor Bellido, quien, en un arrebato de malcriadez e incongruencia, no tuvo mejor idea que descalificar al presidente Castillo (su jefe, por lo menos desde el punto de vista gubernamental), al insinuar que este no tendría el suficiente valor para la toma de decisiones a nivel del Ejecutivo. Afirmación, esta, que por muy cierta que pudiera ser, y que de hecho es, no tendría por qué ser expuesta de la manera en que lo hizo el primer ministro, y no solo por ser él parte importante del Gobierno, sino sobre todo por una cuestión de mínima y elemental buena crianza.

¿Qué oscuro y extraño poder tiene el señor Guido bellido, que, a pesar de ser un probado machista, un sospechoso simpatizante de ideas extremistas, un conocido irrespetuoso de las posturas democráticas, sigue en el cargo contra viento y marea? ¿Es tan bajo el nivel intelectual del presidente Castillo, que lo torna incapaz de advertir que tiene al mismísimo enemigo dentro de su equipo de gobierno? ¿Cuánto más toleraremos los peruanos que quien en verdad gobierne el país sea cualquier hijo de vecino, menos aquel a quien se confió tan importante tarea en las urnas? Sabrá Dios. En cualquier caso, una cosa es cierta: existen motivos más que suficientes para el inmediato retiro del cargo del premier Bellido. Tarea que, en principio, y dada la envergadura de los hechos, debería corresponderle a nadie más y nadie menos que al presidente. Pero, como sabemos, no es la resolución algo por lo que se caracterice quien ostenta nuestro más alto cargo. Lo que solo deja una opción: que el Congreso haga algo por lo que normalmente no se caracteriza, esto es, que ponga los intereses del país por delante.