Los aranceles caprichosos de Trump desestabilizan a aliados y mercados.

La política arancelaria de la administración Trump, caracterizada por su aparente volatilidad, vuelve a generar incertidumbre en los mercados internacionales. La imposición y posterior suspensión de aranceles a México y Canadá, reviven temores de disrupciones económicas globales. Este comportamiento se produce en un contexto de tensiones comerciales preexistentes y negociaciones complejas.

Según la investigación publicada por The New York Times, la gestión de los aranceles por parte del expresidente Trump sigue un patrón impredecible, causando desconcierto entre aliados, inversores y líderes mundiales.

El Secretario de Comercio, Howard Lutnick, intentó calmar los ánimos en Fox Business, asegurando que se estaban negociando acuerdos para evitar los aranceles. Lutnick enfatizó que no habría “ningún tipo de pausa” en la política arancelaria de Trump. Sin embargo, poco después, el propio Trump anunció una “pausa” en la aplicación de aranceles a México hasta el 2 de abril, tras una conversación telefónica con el presidente mexicano.

Simultáneamente, Canadá también recibió un respiro arancelario, a pesar de que Trump utilizó las redes sociales para criticar al primer ministro saliente, Justin Trudeau, acusándolo de usar el “problema de los aranceles” para su campaña electoral. Esta situación recuerda la imposición de aranceles al acero y aluminio en 2018, bajo la Sección 232 de la Ley de Expansión Comercial, una medida que generó fuertes represalias por parte de varios países.

La aparente inconsistencia en la política arancelaria de Trump ha provocado una reacción negativa en los mercados financieros. La incertidumbre generada por estos cambios repentinos ha provocado caídas en los precios de las acciones. Sin embargo, un repunte posterior en los futuros de las acciones sugiere una mejora en las expectativas para el futuro inmediato. Este patrón de volatilidad recuerda las fluctuaciones observadas durante las negociaciones del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), donde las amenazas arancelarias fueron una herramienta recurrente.

La confusión se intensificó tras la publicación del texto de las órdenes de Trump, donde se revelaba que algunos aranceles, específicamente los cubiertos por el T-MEC, quedaban suspendidos permanentemente. Otros, en cambio, sólo se pausaban temporalmente, exacerbando la incertidumbre generalizada. Este enfoque contrasta con la previsibilidad que buscan las empresas para planificar sus inversiones y cadenas de suministro.

Ante esta situación, líderes mundiales y directores ejecutivos se ven obligados a negociar directamente con Trump, buscando soluciones y evitando posibles medidas arancelarias. Este escenario refuerza la percepción de que Trump ejerce un poder discrecional sobre el comercio internacional, similar a la dinámica de estados vasallos apelando a una autoridad superior. La dependencia de negociaciones directas aumenta la sensación de riesgo y reduce la confianza en la estabilidad del sistema comercial global.