“Lengua española, mestizaje e interculturalidad. Historia y futuro”

Jorge Farid Gabino González

Escritor, articulista, profesor de Lengua y Literatura

Realizado por primera vez en 1997, en Zacatecas, México, el Congreso Internacional de la Lengua Española se ha convertido, a lo largo de sus veinticinco años de existencia, en el evento académico y cultural relacionado con el castellano más importante del mundo entero. Lo cual, naturalmente, no es poco decir. Más aún si tenemos en consideración que, como apunta el Instituto Cervantes en El español: una lengua viva. Informe 2021, hoy son alrededor de 493 millones de personas las que tienen a este idioma como lengua materna. Cifra que, aunque lejana todavía del exorbitante número de hablantes que poseen el inglés y el chino mandarín, podría llegar a superar incluso los 591 millones (el 7,5 % de la población mundial), si tenemos en cuenta la de los usuarios potenciales de español en el mundo, conformados, como señala la misma fuente, por “el Grupo de Dominio Nativo, el Grupo de Competencia Limitada y el Grupo de Aprendices de Lengua Extranjera”.

Así, para quienes aún no terminen de convencerse del evidente auge y proyección del español a lo largo y ancho del globo, y lo que más anhelen sea, por otra parte, hacer maletas e irse para el norte a la primera oportunidad que se les presente, huyendo, a buen seguro, del peor presidente que ha tenido el Perú en por lo menos los últimos treinta años, esto es, del desastroso gobierno del impresentable de Castillo, es bueno no perder de vista que, “en 2060, Estados Unidos será el segundo país hispanohablante del mundo, después de México”. Y que “el 27,5 % de la población estadounidense será de origen hispano”.

No deja de ser una verdadera lástima, en cualquier caso, que, para los que ya bordeamos la cuarentena, el 2060 nos resulte tan remoto, tan ficticio, tan ilusorio, tan irreal, que esperar a ver llegado ese día en que nuestra lengua haya crecido tanto que sus hablantes sean más de la cuarta parte de la población del país de las barras y las estrellas, sería tan absurdo, tan descabellado, tan disparatado, tan irracional, como pretender que el impresentable por antonomasia, que el desfachatado por decisión propia, tenga por fin aunque fuese un solo momento de lucidez, experimente por fin un feliz arrebato de cordura, y renuncie de una vez por todas a la presidencia, y nos ahorre así el tener que estar pensando a todas horas en largarnos del país, cuando ni a duras penas nos alcanza para irnos de vacaciones a la casa de campo de algún buen amigo.

Pero como nada de esto pasará, conformémonos y complazcámonos de momento con que el Perú será sede, por primera vez en su historia (y solo Dios sabe si algún día volverá a serlo, después de la vergüenza que de seguro nos hará pasar Castillo, cuando en la inauguración de tan magno evento abra la boca para decir las sandeces a las que ya nos tiene acostumbrados), del IX Congreso Internacional de la Lengua Española. El mismo que se celebrará en Arequipa, del 27 al 30 de marzo, bajo el lema “Lengua española, mestizaje e interculturalidad. Historia y futuro”.

Como suele ser ya costumbre, la organización de este importante evento trienal estará a cargo del Instituto Cervantes, la Real Academia Española, la Asociación de Academias de la Lengua Española y el país anfitrión, Perú. Se sabe, por otra parte, que la inauguración del CILE recaerá sobre los reyes de España y el presidente de la República del país organizador. En este caso, el rey Felipe y nadie más y nadie menos que el señor Castillo. ¡Pedro Castillo inaugurando el IX Congreso Internacional de la Lengua Española! ¡El acabose!

Aunque la lista oficial de invitados especiales ya se dio a conocer, y en ella destacan figuras de la literatura y la lengua como Héctor Abad Faciolince, Gioconda Belli o Jorge Volpi; Guillermo Rojo, Darío Villanueva e Ignacio Bosque; todo hace indicar que el gran ausente podría ser Mario Vargas Llosa. Pues hasta el momento ninguna de las instituciones organizadoras se ha animado a anunciar su presencia; lo que se debería, como por lo demás sería perfectamente comprensible, a la reiterada negativa del Nobel a involucrarse en nada que tuviera que ver con el impresentable de Castillo o con el gobierno que él representa.Congresos de la lengua realmente memorables, los hemos tenido muchos. Por su calidad, por su repercusión, por su trascendencia. Pocos tan emotivos, sin embargo, como el de 2007. Pocos tan emotivos, sin embargo, como el de Cartagena de Indias. Que tuvo como figura principal a Gabriel García Márquez, quien fue homenajeado por su octogésimo cumpleaños, por los cuarenta años de la aparición de Cien años de soledad, por el 25 aniversario de haber recibido el Premio Nobel de Literatura. El Perú, que se enfrenta ahora a la inigualable oportunidad de ser el país anfitrión del IX Congreso Internacional de la Lengua Española, tiene como nunca la ocasión de mostrar a los ojos del mundo de habla hispana la desmesurada riqueza cultural y lingüística que posee. Tiene, y no es ello poca cosa, quizá la última oportunidad de rendirle un justo y merecido homenaje al peruano más universal que ha tenido jamás, en medio de un evento de la envergadura de este. Colombia lo hizo en su momento con su hijo más ilustre. El Perú no debería hacer menos.