LECCIONES APRENDIDAS

Por: Arlindo Luciano Guillermo

Aún no hay presidente de la república. Habrá segunda vuelta. Hay dos posibilidades: Keiko Fujimori versus Pedro Pablo Kuczynski o Keiko Fujimori contra Verónica Mendoza. En los dos los casos, la gran posibilidad de que una mujer sea presidenta del Perú es factible. Estas recientes elecciones presidenciales y congresales tienen muchas particularidades y algunas lecciones aprendidas.
Desde el 5 de abril de 1992 han trascurrido 24 años. Solo 15 años llevamos eligiendo presidente y congresistas ininterrumpidamente. Desde entonces no hubo interrupción democrática por un golpe de Estado, por cierre del congreso o un autogolpe cívico-militar. El Perú es una nación con mucha tradición autoritaria. Los gobiernos de Augusto B. Leguía (1019-1930), Manuel A. Odría (1948-1956) y Juan Velasco Alvarado y Francisco Morales Bermúdez (1968-1980) representan períodos de dictadura, retroceso, autocracia y restricción de derechos ciudadanos y de libertad de expresión. Desde la elección de Alejandro Toledo, la democracia, con sus defectos y virtudes, funciona, da oportunidades a los ciudadanos para elegir y ser elegido en igualdad de condiciones. Con estas elecciones, los ciudadanos peruanos, de aquí y del extranjero (que casi llegan al millón) elegimos, de una variedad de aspirantes, al cuarto presidente. En esta coyuntura, la posibilidad de que una mujer sea presidenta cambiaría el rostro y el liderazgo de la historia del Perú.
Es un saludable para la institucionalidad y la democracia que millones de peruanos hayan asistido (temprano o a última hora) a los centros de sufragio para emitir su voto a favor de uno u otro candidato. Eso revela responsabilidad social y ética. No se trata de votar por temor a una multa, que muchas veces resultado más barato que un pasaje de ida y vuelta. Las elecciones es una “fiesta democrática”, donde los ciudadanos van a emitir su voto, hay reencuentro con amigos y viejos camaradas. El flash electoral, a las 4 de la tarde, ponen los nervios de punta, es para comerse las uñas. Pero es a “boca de urna”, es decir las cifras no son oficiales. Se deben esperar los resultados oficiales. Solo así se sabrá quiénes van a la segunda vuelta. A pesar de las severas críticas contra el presidente Humala y al bajo desempeño político y de gestión del congreso de la república, los ciudadanos acudimos a votar, con la esperanza de que esta realidad cambie de verdad. Nos guste o no, la democracia es renovación de funcionarios, tolerancia con el ganador y respeto de la voluntad popular. Lo peor que le puede suceder a las lecciones es el fraude, la viveza, la manipulación de la voluntad de los ciudadanos expresada en las ánforas.
Sin embargo, la cara oscura de estas elecciones es la incorrecta práctica de la guerra sucia, la exhibición de asuntos personales de los candidatos, el linchamiento moral, la excavación de acciones del pasado y la puntería perversa en los defectos. Estas y las siguientes elecciones congregarán a ciudadanos de carne y hueso, no a santos, santones, santurrones, frailes y pulcros morales. En las elecciones participan ciudadano con defectos y virtudes. No hemos escuchado, salvo contadas veces, la exposición técnica, objetiva y factible de planes de gobierno. En educación, por ejemplo, no se puede empezar de cero. Es una locura tirarse abajo todo lo que el presidente Ollanta y el ministro Jaime Saavedra han construido, ejecutado y logrado con el Colegio de Alto Rendimiento y Beca 18. La inversión en educación tiene que aumentar, tal como lo exige el Proyecto Educativo Nacional: 6% del PBI para educación. El debate, tan necesario en la democracia, no tiene un escenario idóneo, pues en los medios de comunicación, en los gremios ideologizados, prima la frivolidad y la chismografía, que postergan los verdaderos problemas del país. La sombra de Alberto Fujimori en la hija Keiko, la acusación de chavista a Verónica Mendoza y de consumado lobista de PPK no ha mellado en los resultados finales. Los tres lideran los resultados preliminares. Entre los tres está el próximo presidente de la república.
La exclusión, en plena campaña, de César Acuña y Julio Guzmán, no ha impedido que el proceso se enturbie ni interrumpa. Pero sí ha provocado mucha suspicacia en los órganos electorales. Por eso el panorama político se ha modificado sustancialmente. Si Julio Guzmán hubiera seguido en carrara estaría entre los tres primeros, disputándose la presidencia del Perú, Tal vez Verónica Mendoza no estaría en la posición actual. La política es así. En política se capitalizan las oportunidades y se pagan caros los errores, producto de las actitudes desafectadas del candidato con la gente. En ese caso, todo entra por los ojos. Un desliz público, una palabra desatinada, un gesto despreciativo (voluntario o inconsciente) o una propuesta descabellada pueden costar la elección, un bajón en las encuestas y un alejamiento de los simpatizantes. Un candidato a la presidencia o al congreso cuando está campaña y junto al pueblo, potencial bolsón electoral, tiene que hacer de todo: comer chicharrón, tocosh, carapulcra, choclo con queso; beber chicha de jora madura, cerveza fría o caliente; bailar como un artista cualquier ritmo y con la primera dama que aparece en escena; dejarse poner la vestimenta típica de la comunidad que visita. Si no haces eso, no tienes perfil de candidato político en el Perú. Así nadie pregunta sobre las propuestas, los planes ni la oferta electoral.
Quien gane las elecciones en segunda vuelta será el representante máximo de la nación. Será el presiente (a) de todos los peruanos, sin distinción. Llegará el 2021 y, en otras elecciones, se elegirá a otro presidente de la república. La desconfianza es real entre los ciudadanos. La corrupción ronda sigilosa como un ladrón en la oscuridad. Sin embargo, la voluntad del pueblo se tiene que respetar al pie de la letra, en todas las instancias. En democracia también son legítimas las opiniones discordantes, la crítica responsable y la propuesta antes que poner piedras en el camino. El pueblo se ha manifestado en las ánforas. Hay segunda vuelta si las cifras dadas a “boca de urna” se mueven ligeramente. En ese escenario solo habrá dos opciones. Esto nos coloca en una posición de mayor responsabilidad y decisión.