La voz de la mujer. CUANDO LA MEDIOCRIDAD NOS ENVUELVE

Denesy Palacios Jiménez.

“Sueño con un Perú libre y desarrollado, donde la democracia sea más que una palabra, y el liderazgo un instrumento para conseguirlo, donde podamos vivir en paz, y sin miserias”

Quiero compartir con ustedes estas notas de Forges (España), y espero que nos ayude a reflexionar: “Quizá ha llegado la hora de aceptar que nuestra crisis es más que económica, va más allá de estos o aquellos políticos, de la codicia de los banqueros o la prima de riesgo. Asumir que nuestros problemas no se terminarán cambiando a un partido por otro”, O UN CAUDILLO O CAUDILLA POR OTRA. Estamos a pasos y debemos admitir, para tratar de corregirlo, que nos hemos convertido en un país mediocre.
Ningún país alcanza semejante condición de la noche a la mañana.
Tampoco en tres o cuatro años. Es el resultado de una cadena que comienza en la escuela y termina en la clase dirigente.
Hemos creado una cultura en la que los mediocres son los alumnos más populares en el colegio, los primeros en ser ascendidos en la oficina, los que más se hacen escuchar en los medios de comunicación y a los únicos que votamos en las elecciones, sin importar lo que hagan. Porque son de los nuestros. Es decir, estamos tan acostumbrados a nuestra mediocridad que hemos terminado por aceptarla como el estado natural de las cosas. Sus excepciones, casi siempre reducidas al deporte, nos sirven para negar la evidencia.
Mediocre es un país, donde sus habitantes pasan gran parte de su tiempo, al día frente a un televisor que muestra principalmente basura.
Mediocre es un país que en toda la democracia no ha dado representantes, que tengan conocimiento sobre su cultura, historia, problemática social, económica o tenga unos mínimos conocimientos sobre la problemática del país y la región, o sobre la política internacional.
Mediocre es un país que ha reformado su sistema educativo, hasta situar a sus estudiantes a la cola del mundo desarrollado.
Mediocre es un país que tiene una sola universidad o dos, entre las 150 mejores del mundo y fuerza a sus mejores investigadores a producir ellos solos, o a migrar a otros países para sobrevivir, en lugar de valorarlos.
Es mediocre un país donde la brillantez del otro provoca recelo, la creatividad es marginada -cuando no robada impunemente- y la independencia sancionada.
Un país que ha hecho de la mediocridad la gran aspiración nacional, perseguida sin complejos por esos miles de jóvenes que buscan ocupar la próxima plaza, aunque para cubrirla tengan que pagar o si son mujeres jóvenes someterse a los juegos amorosos; por políticos que insultan sin aportar una idea, por jefes que se rodean de mediocres para disimular su propia mediocridad, y por estudiantes que ridiculizan al compañero que se esfuerza.
Mediocre es un país que ha permitido, fomentado y celebrado el triunfo de los mediocres, arrinconando la excelencia hasta dejarle dos opciones: marcharse o dejarse engullir por la imparable marea gris de la mediocridad, una prueba las medallas de honor, como las que se dan en mi universidad, o el Doctor Honoris Causa, con salvables excepciones.
Mediocre es un país donde unos cuantos le achacan sus desgracias al resto, pues así creen solucionar sus problemas, y solo ven la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio.
Mediocre es un país en el que todos hablando el mismo idioma, contratan traductores para traducir sus lenguas nativas, en lugar de aprenderlas y valorarlas en la interculturalidad.
Mediocres son aquellos que quieren recibir la riqueza que no generaron y los servicios para los que no aportan, y se empoderan para lucrarse personalmente o a su grupo familiar.
Mediocres son los que se creen dueños de una verdad absoluta y son incapaces de admitir sus equivocaciones.
Mediocres son los que eligen a mediocres para gobernarlos y les otorgan poderes sobre sus vidas y patrimonios.
Estamos ingresando al bicentenario, y seguimos haciendo lo mismo que desde inicios de la República, es que acaso no somos capaces de reaccionar, y sacudirnos de tanta mediocridad.