La inestabilidad sacude la costa siria con una violencia sin precedentes desde la caída de Bashar al-Assad, sumiendo a la población en el terror y la incertidumbre. Testimonios directos hablan de tiroteos indiscriminados y cuerpos inertes en las calles, pintando un panorama desolador que obliga a muchos a buscar una salida desesperada. Este resurgimiento de la violencia pone a prueba la frágil estabilidad del país, ya marcado por años de conflicto civil.
Según la investigación publicada por The New York Times, la reciente ola de disturbios ha provocado la muerte de más de mil personas desde el jueves pasado, marcando el episodio más sangriento desde el derrocamiento del antiguo dictador a principios de diciembre. Este estallido se produce en un contexto de tensiones persistentes entre facciones leales al régimen anterior y las nuevas fuerzas gubernamentales.
El epicentro de la crisis se localiza en la ciudad de al-Haffa, en la costa mediterránea siria. Los disparos comenzaron al amanecer del viernes, sorprendiendo a los residentes en sus propios hogares. El Observatorio Sirio de Derechos Humanos reporta que la violencia escaló rápidamente, extendiéndose por toda la provincia de Latakia. Esta zona, tradicionalmente un bastión del régimen de Assad, se ha convertido en un foco de enfrentamientos, exacerbando la ya precaria situación humanitaria.
Wala, una residente de 29 años, relata el horror que vivió en su propia casa. Al escuchar los primeros disparos, se refugió en un rincón de su apartamento, intentando protegerse del fuego cruzado. La intensidad del tiroteo la obligó a asomarse a la ventana, donde presenció una escena dantesca: decenas de personas huyendo despavoridas, perseguidas por hombres armados con uniformes militares. Estos últimos abrieron fuego contra la multitud, dejando varios cuerpos tendidos en el suelo.
La espiral de violencia se desató tras una emboscada perpetrada por milicianos leales a Assad contra fuerzas de seguridad del gobierno en la provincia de Latakia. El ataque desencadenó una serie de enfrentamientos que se han intensificado con el paso de los días. El gobierno sirio, aún en proceso de consolidación tras la caída de Assad, enfrenta serias dificultades para restablecer el orden y garantizar la seguridad de la población.
La situación en la costa siria se agrava por la escasez de recursos básicos y la falta de acceso a servicios esenciales. La infraestructura, ya debilitada por años de guerra civil, se ve aún más comprometida por los recientes enfrentamientos. Organizaciones humanitarias han expresado su preocupación por el creciente número de desplazados y la urgente necesidad de asistencia médica y alimentaria.



