El 11 de septiembre de 2024, el expresidente Alberto Fujimori Fujimori falleció a los 86 años. Su partida marca el final de una era en la política peruana, y deja tras de sí un legado complejo y polarizante. A lo largo de su década en el poder, Fujimori implementó una serie de políticas que transformaron al país de manera significativa, para bien y para mal.
Durante su gobierno, Fujimori recorrió el país, promoviendo el desarrollo de infraestructura en zonas rurales y urbanas. La construcción de puentes, carreteras y vías de comunicación marcó un cambio radical en las regiones más aisladas del Perú, mejorando el acceso y la conectividad entre la costa, la sierra y la selva. Su administración también es responsable de la promulgación de la Constitución de 1993, la misma que sigue vigente, aunque ha sido modificada en múltiples ocasiones por los legisladores actuales.
Uno de los momentos más recordados de su gobierno fue su enfrentamiento con los grupos terroristas Sendero Luminoso y el MRTA. La valentía y perseverancia de Fujimori en la lucha contra el terrorismo lograron debilitar significativamente a ambas organizaciones, devolviendo una sensación de seguridad al país. La operación de rescate en la embajada de Japón, donde fueron liberados rehenes tomados por el MRTA sin bajas civiles, se considera una de sus grandes victorias en términos de seguridad y operaciones de inteligencia.
Sin embargo, su gobierno también está marcado por graves violaciones de derechos humanos y actos de corrupción. El autogolpe de 1992, que cerró el Congreso y concentró el poder en el Ejecutivo, fue el punto de quiebre que condujo a un régimen autoritario. Aunque Fujimori afirmaba que su gobierno no abusaba de su poder, las acciones de su asesor Vladimiro Montesinos, junto a una extensa red de corrupción, desmienten esa afirmación. Las grabaciones que mostró Montesinos en los “vladivideos” evidenciaron pagos a congresistas y empresarios, destapando el lado oscuro de su administración.
A pesar de estos escándalos, muchos peruanos continúan considerando a Fujimori como el mejor presidente que ha tenido el país. Su manejo de la economía, que sacó a Perú de una crisis hiperinflacionaria, es uno de los aspectos más valorados de su gobierno. Lamentablemente, los líderes que lo sucedieron no supieron capitalizar esos avances, y en lugar de consolidar las bases del progreso, incrementaron la burocracia y fomentaron la corrupción a niveles alarmantes.
Alberto Fujimori deja un legado lleno de contrastes: un hombre que, por un lado, luchó por el desarrollo y la pacificación del país, y por otro, dejó una marca imborrable de corrupción y autoritarismo. Su historia será juzgada con el tiempo, pero su impacto en el Perú es innegable. Que descanse en paz.




