LA MAGIA Y ENSUEÑO DE ÓSCAR RAMÍREZ

Jacobo Ramírez Mays.

Hace algunas semanas atrás, el auditorio de la Universidad Daniel Alomía Robles estaba repleto de gente. Había, en su mayoría, hombres enternados y mujeres con vestidos de gala. Algunos semblantes brillaban por el bochorno, y no faltaban quienes, seguramente después de encontrarse desde hace mucho tiempo, estaban cuchicheando, esperando el inicio de la presentación del libro El cóndor pasa, magia y ensueño, del escritor huanuqueño, conchamarquino, pampino, huallanquino y limeño Óscar Ramírez.
En la mesa principal se encontraban dos Andrés: Cloud y Jara. Uno de ellos más asustado que el otro, esperaban también el inicio de la ceremonia. Medio acobardado observé una silla vacía junto a mi amigo Tony, más conocido en el mundo, pero no del hampa, como ‘Sicuchco’, me senté junto a él y nos pusimos a conversar hasta que se dio inicio a la exposición por parte de los presentadores.
Hablaron de la estructura del libro y escuchamos decir que el primer capítulo nos informa, entre otras cosas, de la transición migratoria y acontecimientos paralelos entre la vida de Daniel Alomía Robles y el poeta César Vallejo, y que dicho capítulo está bien documentado en base a fotocopias de periódicos y revistas, así como de otros documentos en los que se habla sobre la vida de estos dos hombres amantes del arte.
Leyendo el libro, lo que me llamó la atención fue el subcapítulo titulado «Equivalencia entre dos mujeres», en donde el autor literaturisa un refrán popular y empieza diciendo que: «Delante de un gran hombre hay una gran mujer, no detrás, para que el genio del hombre resplandezca», o si no se debe decir que: «Junto a un gran hombre hay una gran mujer, nunca detrás». Con esto mi amigo Óscar me da a entender que es un wuarmy mandashu, o saco largo, igual que algunos de mis amigos de quienes me acuerdo en este momento y no quiero decir sus nombres, pero estoy más que seguro de que con lo escrito se está ganando muchas palmas y laureles del género opuesto.
Ahí podemos informarnos sobre la cubana Sebastiana Godoy Agostini, primera esposa de Daniel Alomía y a quien él llamaba cariñosamente «Chana». Ella era pianista y por su gran capacidad de interrelacionarse con otras personas logró iniciar una gira con presentaciones musicales en diferentes lugares de nuestro territorio, así como en otros países. Cuando falleció en New York en 1920, el autor del Cóndor Pasa, movido por el dolor de la partida de su amada, entre otras cosas manifestó que: «…. el piano y él estaban de luto».
La otra persona de quien se habla en esta parte es de Georgette Marie Philippart, la esposa de Vallejo. Ella siempre estuvo en los momentos felices y en los más difíciles de la vida, junto a nuestro poeta más representativo y decía que juntos formaban una sola persona, y cuando Vallejo hablaba de ella, manifestaba que cuando pensaba en lo que es la vida, no podía evitar decírselo a Georgette.
De eso y de otras cosas más podemos leer en esa sección del libro donde se habla del paralelismo entre estas dos esposas de estos dos maestros, uno de la literatura y el otro de la música.
La segunda parte del libro es un capítulo dedicado al estudio de la música, con tecnicismos que estoy seguro de que para cualquier especialista en dicho arte es como rezar el padre nuestro, por lo que lo entendería perfectamente. Allí podemos encontrar la portada y la partitura original del Cóndor Pasa, así como fotografías inéditas de presentaciones, de discos, de entrevistas y de otros acontecimientos de la vida y obra de Daniel Alomía Robles.
En el capítulo III podemos enterarnos acerca de La zarzuela el cóndor pasa. Ahí se nos explica sobre la elaboración de esta forma musical teatral que se distingue principalmente por contener partes instrumentales y nos enteramos sobre el gran impacto que tuvo en diferentes partes del país y del mundo.
Por eso y por muchas cosas más que podemos enterarnos leyendo el libro El cóndor pasa, magia y ensueño, debe ser un libro obligatorio en todas las bibliotecas particulares y estatales de huanuqueños y huanuqueñistas.