
Escrito por: Denesy Palacios Jiménez
Estamos atravesando, quien sabe si una de las crisis más significativas para la humanidad, esta pandemia ha sacado a relucir las políticas aplicadas, por los gobernantes, sin mirar el desarrollo humano como un objetivo que permita acortar las brechas de desigualdad y exclusión imperantes; y pese a que los Objetivos de Desarrollo Sostenible, impulsan el acortamiento de estas brechas, no hemos podido solucionar los problemas de hambre, miseria, desnutrición, desempleo, explotación indiscriminada de nuestros recursos naturales, entre otros. Y lo que hemos visto crecer son los antivalores y la corrupción, como consecuencia de 200 años de vida republicana y 300 años de colonización
En el mundo se mantienen profundas brechas que separan a las naciones, y al interior de cada una de ellas, aún más dolorosas, se expresan la desigualdad y la exclusión. Conforme nos lo indica el informe de PNUD (2004): “Hacia una democracia de ciudadanos y ciudadanas”. En ese documento revelador, se mostró que a pesar de los grandes avances alcanzados en el plano formal de la democracia, se está aún lejos de una democracia plena, de una democracia de ciudadanos, cuya intención no era juzgar sino motivar, apoyar a la población y a sus dirigentes, en la construcción de un futuro con crecimiento, libertad y justicia social, como lo expreso claramente Jorge Chediek, a quien tuvimos la suerte de tenerlo en las aulas de la Facultad de Ciencias Sociales de la Casa Valdizana.
Es que el fomento del desarrollo humano es una tarea cotidiana que compromete al individuo y a la colectividad en simultáneo. Pues la ampliación de capacidades y la construcción de oportunidades se torna en un esfuerzo que abarca todas las dimensiones de la vida. Por eso es tan importante producir como convivir; dirigir como cumplir; creer como obrar. Es fácil asumir el papel de crítico o de juzgar, más importante es involucrarnos en ayudar y apoyar todos al fortalecimiento de nuestra nación y su respectivo crecimiento.
Toca abordar hoy, el amplio y fundamental tema de la gobernabilidad democrática. En el devenir productivo y humano, las sociedades construyen códigos que se expresan en normas, usos y costumbres, formas de vida y de relacionamiento, que hacen la cultura de sus pueblos. La mayor o menor aceptación de estos códigos, definen los márgenes de esa gobernabilidad. No se trata de quién gobierne, sino de cómo gobierne y de cómo participemos cada uno de los gobernados
La población peruana, en los últimos cincuenta años, ha sido testigo de variaciones importantes en el régimen político y de sucesivas propuestas económicas, generalmente de aplicación inconclusa, no hemos tenido los resultados esperados, y por ello existe una creciente frustración de las posibilidades de desarrollo en el país; manifestado en la cantidad de conflictos sociales que incluso han tenido desenlaces que han ido desde la violencia política hasta el abandono social y la exclusión, pasando por la fragmentación económica y social interna, la desconfianza en las instituciones, así como, la ausencia de una visión positiva y optimista de futuro. Si la democracia en el Perú es aún frágil, no cabe duda que buena parte de la explicación se halla en la precariedad de sus fundamentos económicos y sociales. Ello, sin embargo, no niega la importancia y el esfuerzo de lo avanzado en la construcción de la democracia peruana, pues gozamos de elecciones universales para elegir a los gobernantes. Donde se deja relucir el tipo de educación que se imparte, por una parte, una educación elitista en ciertas IE privadas de mucho costo, y por otra la precariedad de la educación rural.
Finalmente, debo indicar cómo la Universidad ha perdido el papel protagónico en la formación de líderes para que gobiernen, inclusive a su institución, tal como lo refleja las últimas elecciones en la casa valdizana, que nos dejan una gran desazón y dolor, pues asumen el gobierno personajes tan cuestionados, en el ejercicio de la función pública, Y tampoco se contempla las normas específicas como el DL N°19-2019, donde modifica la Ley 29988, e indica los 17 delitos considerados como acoso, violaciones, terrorismo trata de personas, narcotráfico entre otros; por los cuales los docentes y administrativos serán inhabilitados e impedidos para ingresar o reingresar a prestar servicios en cualquier instancia del sistema educativo nacional, cuando a nivel nacional el pueblo peruano sostiene que no queremos más de lo mismo, por eso decimos que la luz brilla al final del túnel.




