LA DESPEDIDA

Jacobo Ramírez Mays.

¡Chincatachin!, ¡catachin!, ¡catachín!, suena la banda dirigida por el profe «Chino» que entra al patio principal del colegio Santa Elizabeth que celebra 31 años de servicio académico. La cuadrilla de Negritos «Nuestra Señora de la Asunción», que es también el nombre de los integrantes de la promoción del colegio que este año dejarán las aulas escolares, hace su aparición desde la calle y son recibidos con aplausos por los presentes.
Sebastián Portugal y Diego Ramírez son los caporales, sus sombreros con diez plumas hace temblar sus cabezas, pareciera que se van a desnucar con la fuerza del viento, pero ahí están los dos, saltando, brincando con fuerza y cumpliendo con aquello que huanuqueño que no ha bailado negro, no es huanuqueño.
Pierina, sonriendo de oreja a oreja, entra de la mano con el turco David, más conocido como “Gatilín” y dan una vuelta el patio saludando a los presentes. La trompeta de «Chino» suena con más fuerza y el platillero golpea con emoción su instrumento. Braulio, Piero, Daggiane y Katy son los guiadores, se acomodan en sus respectivos lugares saltando al compás de la banda y bailan como si el mundo se acabara.
El pequeño patio se llena de colorido, las mamás de los jóvenes, junto a algunos papás, se sientan en el suelo y desde ahí, cada uno de ellos, observan a sus hijos e hijas que bailan una y otra mudanza, los identifican, les toman fotografías y se mueven al compás de la banda de música.
Terminadas las mudanzas la pampa, conformada; por un lado, por Caleb, Bruno, Gimena, Britney, Fiorela y Shiva se acomodan frente a Rosyrene, Marco, Dianela, Daniela, Camila y Alexander y dan inicio a la adoración. La hermana Ildaura (religiosa franciscana que acompañó a todos los jóvenes de la promoción durante todo este tiempo, soportando las actitudes propias de la adolescencia con esa vocación de servicio que la caracteriza y que seguramente la han llenado de canas que gracias a Dios no se ven) se aparece con su Niño Manuelito dentro de una canasta y se para a un costado, uno a uno los caporales, los guiadores y la pampa en general adoran al Niño Jesús con una y otra coreografía.
Terminan la adoración rompiendo las cadenas el corochanos Morales o Picuro, y tras de él, golpeándose las cabezas con ambas manos, Pancho, Heidy, Mónica y Adriana, despiden esta parte de la danza.
Después de una pequeña coordinación «Chino», el director de la banda, comienza hacer llorar su trompeta tocando la despedida; a los bailarines les tiemblan las piernas. De los ojos de algunas madres se desprenden unas lágrimas que se confunden con la nostalgia de ver a sus hijos que pronto, muy prontito comenzarán otra etapa diferente.
Los jóvenes están extasiados, pareciera que no existiera nada, levantan sus piernas con emoción y entonces, el pantalón de uno de los bailarines se abre; una madre cruza como una paloma el espacio, se le acerca y sin que, supuestamente nadie se dé cuenta, le pone un pañuelo tapando así la parte desnuda. De otro joven se abre su pantalón por delante, se agacha, mira su pudor y, felizmente un pañuelo, al mismo estilo que de Adán en el paraíso después del pecado original, está tapándole. La danza continúa, los corochanos se limpian sus lágrimas con sus manos y, poco a poco los sombreros, los cotones, los chicotillos y las máscaras van siendo depositados en el suelo. Algunos se limpian sus lágrimas confundidas con su sudor, otros guardan silencio, mientras que un sonido triste, casi llegando al llanto, sale del clarinete de uno de los músicos.
Esos jóvenes se despiden bailando un jala jala, quieren disimular sus tristezas zapateando un huaynito huanuqueño con sus padres, conocidos y amigos, pero la procesión lo llevan por dentro, saben que dentro de unos días se darán un abrazo de despedida, se dirán adiós, algunos, para toda la vida y, después que pasen los años seguramente pelados, otros con barba, gordos o gordas, con hijos o sin ellos se reencontrarán, se abrazarán y recordarán el ¡chincatachín!, ¡catachín!, ¡catachín!, que bailaron un día.

Las Pampas, 22 de noviembre de 2018.