La depresión: Un enemigo silencioso

Por: Nilton O. Alvarado Calixto (*)

Es una enfermedad conocida desde la antigüedad, se le denominaba “melancolía”, posteriormente en Inglaterra en 1725, Richard Blackmore, médico del rey Guillermo III, lo rebautiza con el término de “depresión”. Actualmente, en pleno siglo XXI, por falta de cultura médica, existen prejuicios y concepciones sociales erróneas de esta alteración mental, como por ejemplo: asociarlo sólo con la tristeza, considerarlo un estado anímico débil o una manifestación del carácter, etc., minimizando su condición. Esto no es así, porque se trata de una enfermedad que puede ser grave, que requiere de una evaluación oportuna para un diagnóstico y tratamiento adecuado.

La depresión siempre ha estado presente, aunque en menor cantidad, pero a raíz de la pandemia se ha incrementado de manera importante, constituyendo un problema de salud pública con repercusiones familiares, laborales, económicas, sociales, etc. Según estimaciones del Ministerio de Salud afecta a más o menos 6 millones de peruanos.

La dimensión de este problema de salud me ha motivado a escribir el presente artículo con fines informativos y pueda ser comprendida por todas las personas, por los potenciales y propios pacientes. Cabe precisar que la salud mental es un campo que básicamente le compete al psiquiatra y psicólogo; pero como profesional de salud, puedo también aportar para su mayor difusión y sensibilización, que son de mucha necesidad en la actualidad.

Esta enfermedad tiene una etiología o causa real compleja donde intervienen factores genéticos, biológicos, ambientales y psicológicos; los factores biológicos tienen que ver con neurotransmisores como serotonina, citocinas, etc. De allí que el tratamiento también es complejo y dependerá de la severidad del cuadro, disponiéndose de fármacos (antidepresivos), psicoterapia y apoyo familiar, básicamente. Con todo lo anterior y con un buen manejo el paciente mejora bastante, pudiendo hacer una vida normal, más aún, si es que cumple todas las recomendaciones. Ojo, vale recordarles que no hay un tratamiento curativo específico. 

Este trastorno que no es una novedad, sino ha estado presente desde los orígenes de la humanidad, a lo largo de la historia grandes personajes como escritores, científicos, deportistas de alta competencia, artistas, por citar algunos, Ernest Hemingway, Abraham Lincoln, Ronal Reagan, José María Arguedas, Andrés Iniesta, Brad Peet, Selene Gómez, entre otros, los han presentado, algunos en épocas en las que no había antidepresivos efectivos, como sí los hay ahora. Lo destacable en estas personas y por ello los menciono, es que lograron desarrollarse personal y profesionalmente como corresponde y por supuesto constituyen ejemplos a tenerlos en cuenta. Así es que debemos despejarnos de los prejuicios o ideas equivocadas de que estas personas van a tener limitaciones en su desarrollo personal, sin olvidarnos que compete a la familia y sociedad en general apoyarlos, tratando de que los diagnósticos sean oportunos, los tratamientos idóneos y se cumplan como establecen los protocolos.

La Organización Mundial de la Salud la define como una alteración mental que se caracteriza por síntomas como tristeza, pérdida del placer sobre cosas que antes disfrutaba, sentimiento de culpa, baja autoestima, alteraciones del sueño y falta de concentración. Como podemos apreciar, se tratan de manifestaciones que, con cierto grado de conocimiento acerca de este mal, lo podemos reconocer y advertir en nosotros mismos y en el entorno de adolescentes y personas mayores; en la casa, centros de estudio, en el trabajo, etc., de allí la importancia de la promoción de salud, responsabilidad del Ministerio de Salud, que debe liderar su difusión, educando a la gente en temas relevantes de salud.

Las manifestaciones clínicas de la depresión dependen de la severidad del cuadro, así tenemos: 

Depresión leve: baja del estado anímico, falta de energía, alteraciones del sueño, alteraciones del apetito, alteraciones de la concentración; pero no afectan las actividades de la vida diaria.

Depresión moderada: baja del estado anímico importante, llanto fácil, agotamiento, alteraciones del sueño y apetito, afecta las actividades de la vida diaria y puede asociarse con ansiedad y nerviosismo.

Depresión severa: baja mayor del estado de ánimo, llanto, tristeza, aislamiento, pérdida del sueño y apetito, pérdida de interés para realizar actividades, pensamiento suicida, incapacidad completa para realizar actividades de la vida diaria, etc.

Es importante conocer que el tratamiento para esta alteración ayuda a reducir los síntomas y acorta la duración de la depresión, los psicólogos y psiquiatras van a establecer el tratamiento adecuado con la psicoterapia y medicamentos antidepresivos. Debemos confiar en estos, porque está demostrado que realmente ayudan. La psicoterapia o consejería aborda los pensamientos, sentimientos y problemas de los pacientes, se trabaja con el terapeuta para aprender habilidades que lo ayudarán a enfrentar la vida, sobreponerse a miedos e inseguridades, manejar el estrés, cambiar conductas que están causándole problemas y encontrar soluciones, mejorar las relaciones con familiares y amigos, etc., son varias sesiones y lo más importante es que benefician a los pacientes. La terapia medicamentosa con antidepresivos le compete al psiquiatra y será él, quien escoja el más adecuado y el tiempo de administración; es importante saber que no son adictivos. En algunas ocasiones tomará varios intentos obtener el más indicado y la dosis respectiva, sin olvidarnos que las modificaciones en la dosis o la suspensión del mismo le compete al especialista.

Actualmente en el país se está abordando este problema mediante los “Centros comunitarios de salud mental”, instituciones que cuentan con psicólogos y psiquiatras, con atención gratuita, en Lima hay 50 centros; en provincias de la misma manera, aunque en menor cantidad dependiendo del número de pobladores en las diferentes regiones. En todas las capitales de estas hay más de un centro. Es obvio que se necesitan más centros en todo el país; pero también es importante su difusión permanente a través de los medios como parte de una política pública en salud, para una mayor cobertura. Sin olvidarnos siempre de que esta alteración con una buena consejería, tratamiento adecuado y la participación de la familia, los pacientes logran recuperarse hasta casi el 100 %. A nosotros como sociedad civil comprometida con el bien común, nos corresponde exigir al gobierno la priorización de los programas de salud en general.

La salud mental es fundamental para la salud integral, influye en el pensamiento, sentimiento y cómo actuamos en nuestra vida diaria; afecta distintas esferas de la vida como: relaciones personales, desempeño laboral, capacidad para afrontar los desafíos cotidianos, etc., por lo que el estado peruano a través de la ley de salud mental, tiene el firme compromiso de fortalecer los centros de salud y hospitales con una cantidad suficiente de psicólogos y psiquiatras muy bien capacitados y, que ojalá se haga efectiva y se cumpla, para coberturar su alta demanda; así mismo, contar con los medicamentos respectivos. 

Lo que usualmente se observa en los hospitales en general, pero para ser más preciso en la localidad, es la falta de personal especializado (sobre todo psiquiatras), lo que implica citas muy prolongadas y no ser atendidos oportunamente, agregándose ambientes inadecuados, que conllevan a atenciones de pobre calidad, que lejos de servir como atractivo a la concurrencia de pacientes, genera su desánimo. Aunque las comparaciones son odiosas, traigo a colación lo que sucede por ejemplo en Brasil, que tiene una política de salud muy interesante sobre todo para pacientes con cáncer y con alteraciones psiquiátricas, donde se prioriza a estos grupos, brindándoles una atención de calidad y cuentan con una infraestructura, tecnología, logística y personal de primera, y lo más interesante, sin costo alguno. Esta política de salud urge ser replicada en nuestro país; como sociedad civil debemos exigir este derecho, también las entidades prestadoras de salud como el Ministerio de salud y EsSalud deben priorizar este problema y el congreso de la república promover leyes para este fin. 

(*)Médico Gineco Obstetra

Docente Principal En La Facultad De Medicina – UNHEVAL