LA BOCA DEL MENTIROSO

 Escrito por: Arlindo Luciano Guillermo

 El pastor mentiroso es una fábula famosa atribuida al griego Esopo. Un pastor pide apoyo a la comunidad porque un lobo amenazaba su rebaño de ovejas. Cuando llegaron al lugar de avistamiento del hambriento depredador, el pastor reía; había logrado burlarse de los pobladores. Cuando, en realidad, el lobo se acercó, pidió ayuda, pero nadie acudió al llamado. El pastor perdió algunas ovejas; recibió una lección de vida. El pastor perdió credibilidad total, nadie volvió a creerle. La moraleja es motivar la práctica de la sinceridad, la verdad y la confianza. Si estas virtudes éticas se aplicarán en la política y, más específicamente en la segunda vuelta, resulta que el político (o candidato) es el pastor de ovejas y la comunidad representa al electorado. ¿Alguien cree en el discurso de los políticos?, ¿es posible creer las promesas de los candidatos?, ¿por qué está tan devaluada la palabra en la política? En términos tolerantes y optimistas, algo de verdad dicen los políticos, pero la duda mata al más confiado.  En resumen, la enseñanza es la siguiente; “En boca del mentiroso, lo cierto se hace dudoso”.  

 Papel aguanta todo, del dicho al hecho hay mucho trecho, a veces lo que se escribe con la mano se borra con el codo una vez en el poder. En campaña se ofrece el oro y moro, se derrochan promesas a manos llenas. Miente, miente, que algo queda. Para un mentiroso siempre hay oídos necios. Recordemos que, en 1990, Alberto Fujimori ofreció no aplicar el shock económico. Una vez en palacio de gobierno, a pocos días nomás, un ministro, con cara de palo, anunciaba el feroz ajuste económico. Mario Vargas Llosa sí dijo lo que iba a hacer, pero el japonés, muy criollo, traicionó su palabra de campaña electoral. Lo mismo hizo Ollanta Humala con la tristemente célebre hoja de ruta. Hoy la hija promete a diestra y siniestra. Una vez en el poder, ¿cumplirá su palabra? En esa misma línea lógica, Pedro Castillo, el profesor y rondero de Chota, a quien se le terruquea despiadadamente como si fuera la encarnación de uno de los jinetes del Apocalipsis, Mao Zedong, Stalin, Pol Pot o, más cerquita, Hugo Chávez o Nicolás Maduro, propone al Perú diez compromisos. ¿Los cumplirá? ¿Acaso eso mismo no hizo Fujimori, Toledo, Alan García, Ollanta Humala, PPK, incluso Martín Vizcarra? Así de jodidos estamos con la palabra de los políticos. El pueblo, el convencido o el escéptico electorado, tendrá que emitir un voto a favor, en contra, viciado, en blanco o, simplemente, no irá a votar. Los compromisos y promesas electorales son estrategias hábiles (o maquiavélicas) para ganar las elecciones. En el poder se baila con otra música y pareja.  

 El Perú no necesita ser testigo de pullas, indirectas groseras, recordatorio de prontuarios penales y políticos. ¿El penal de Santa Mónica sería un escenario apropiado para un debate entre los dos candidatos en esta segunda vuelta? Solo revela comedia, zancadilla artera e irresponsabilidad. El rumbo del debate tiene que ir impostergablemente por la vía del plan de gobierno, estrategias inmediatas para enfrentar y acabar con la pandemia, la inseguridad ciudadana, reactivación económica y generación de empleo. La vacuna es urgente. ¿Cómo lo van a hacer? No basta el discurso en la plazuela, el estrato o desde los medios de comunicación y las redes sociales. La infeliz arenga (o mejor instigación) a la multitud de Rafael López Aliaga pinta, de cuerpo entero, la carencia de argumentos, propuestas e intolerancia en la política. En democracia, no hay enemigos ni odios, sino contrincantes y discrepancias. Así, ¿En qué se diferencia Rafael López de Nicolás Maduro cuando este amenaza a sus enemigos políticos en Venezuela? Por eso es que es facilísimo tildar de “terruco” a todo aquel que no es de derecha o esté en contra de la candidata Fujimori. Eso es peligroso y no debe permitirse. RLA dijo: “Viva el Perú, viva la democracia, muerte al comunismo, muerte a Cerrón y a Castillo”. Un verdadero cristiano, aquel que se flagela por Cristo, se confiesa y comulga diariamente, no puede desear la muerte al prójimo por razones políticas, ni ideológicas. No existe hoy un tribunal de la Santa Inquisición que condene a la hoguera a comunistas, capitalistas o socialdemócratas considerados enemigos públicos. Para el excandidato de Renovación Popular, Castillo y Cerrón serían la causa de las futuras desgracias del Perú.  Al comunismo y a los comunistas (si los hay de verdad) no se les combate, ni derrota con la muerte, ni bravuconadas, sino con ideas y razones. Mariátegui enseñaba que las “ideas se combaten con ideas”. Mariátegui no fue comunista, sino un pensador que creía que la revolución en el Perú no sería “calco ni copia”, sino creación del pueblo peruano.  

  Al domingo 6 de junio, queda menos de un mes para elegir al primer presidente del bicentenario.  Solo nos queda informarnos lo más que podamos para emitir un voto responsable, con conocimiento de causa, aunque de último momento, pero responsable. Este electo presidente estará hasta el 2026, con mayoría o no en el congreso. No debemos olvidar que en política todo es posible, nada es gratis, no hay cadáveres y en las alianzas para gobernar, donde el fin justifica los medios, se unen Dios y el diablo. Todo compromiso, juramento o declaración de principios, en campaña electoral, es para la foto, el titular del periódico cómplice o independiente, para captar votos y ganar las elecciones. El electorado responsable e informado es el que tiene la última palabra, la decisión final. A nadie se le apunta la sien con un revólver para votar por tal o cual opción política.