Kennedy relaciona brote de sarampión con mala alimentación y salud recurriendo a teorías marginales

La salud pública en Estados Unidos se enfrenta a un nuevo desafío con el resurgimiento del sarampión, una enfermedad prevenible mediante la vacunación. Un brote alarmante en el oeste de Texas, específicamente en el condado de Gaines, ha dejado al descubierto divergencias significativas en las estrategias propuestas para su control.

Según la investigación publicada por The New York Times, Robert F. Kennedy Jr., secretario de Salud y Servicios Humanos, presentó un plan para contener el brote de sarampión en el oeste de Texas que se aleja considerablemente del consenso científico establecido. El plan se inclina hacia teorías marginales sobre prevención y tratamientos.

Kennedy Jr. expresó un apoyo atenuado a las vacunas dentro de la comunidad afectada, insistiendo en que la decisión de vacunarse es un asunto personal. Esto contrasta con las recomendaciones unánimes de la comunidad médica y las agencias de salud pública, quienes enfatizan la importancia de la vacunación para alcanzar la inmunidad colectiva y proteger a los más vulnerables, especialmente a los niños pequeños y las personas con sistemas inmunológicos comprometidos. La tasa de vacunación contra el sarampión en EE. UU. ha disminuido en los últimos años, un factor que contribuye a la reaparición de la enfermedad.

Además, el secretario sugirió que las lesiones relacionadas con la vacuna contra el sarampión son más frecuentes de lo que indican las investigaciones exhaustivas, una afirmación que contradice los datos científicos disponibles. Numerosos estudios han demostrado la seguridad y eficacia de la vacuna contra el sarampión, las paperas y la rubéola (MMR), con efectos secundarios graves siendo extremadamente raros.

Aunado a esto, Kennedy Jr. aseveró que la inmunidad natural adquirida a través de la infección por sarampión también confiere protección contra el cáncer y las enfermedades cardíacas, una afirmación que carece de respaldo científico. La evidencia científica actual no respalda la idea de que la inmunidad natural al sarampión ofrezca beneficios adicionales contra otras enfermedades.

El secretario también promovió tratamientos de dudosa eficacia, como el aceite de hígado de bacalao, y afirmó que médicos locales habían logrado recuperaciones “casi milagrosas e instantáneas” utilizando esteroides o antibióticos. Es importante destacar que el sarampión es una enfermedad viral y los antibióticos son ineficaces contra los virus. Si bien los esteroides pueden utilizarse en casos graves para reducir la inflamación, su uso rutinario no está recomendado.

El brote de sarampión en Gaines County, que se ha propagado principalmente entre la comunidad menonita, ha afectado a cerca de 200 personas y ha causado la muerte de un niño, la primera defunción de este tipo en Estados Unidos en los últimos diez años. El brote ha generado preocupación entre los expertos en salud pública, quienes temen que la difusión de información errónea y la baja cobertura de vacunación puedan exacerbar la situación. Se ha reportado otra posible muerte por sarampión en Nuevo México, donde los casos han aumentado recientemente en un condado limítrofe con Gaines County, lo que subraya la urgencia de abordar este problema de salud pública de manera efectiva.