Haití no fabrica armas ¿Cómo las obtienen las pandillas?

La crisis en Haití se agudiza con la proliferación de armamento ilegal, un problema que socava la estabilidad y agrava la inseguridad. Pese a las restricciones internacionales, las bandas criminales operan con impunidad, desafiando al gobierno y a las fuerzas del orden. La situación humanitaria se deteriora mientras la violencia escala, afectando a la población civil que vive bajo la constante amenaza de estos grupos armados. A esto se suma la inestabilidad política, con un vacío de poder que las bandas aprovechan para expandir su control territorial y económico.

Según la investigación publicada por The New York Times, las autoridades federales de varios países han interceptado cargamentos de armas con destino a Haití, pero la violencia armada sigue en aumento, con las bandas obteniendo armas de fuego y municiones de alto calibre con mayor frecuencia.

Un video que se viralizó en redes sociales muestra a Joseph Wilson, un líder de una de estas bandas, exhibiendo cartuchos de munición calibre .50. En tono de burla, Wilson afirmaba que utilizaba estas balas perforantes como “peines” para su cabello, demostrando el descaro y la impunidad con la que operan estas organizaciones criminales. Esta situación contrasta con la precaria situación de la Policía Nacional de Haití, superada en número y equipamiento por las bandas.

Aunque la fabricación de armas está prohibida en Haití y su importación es ilegal, las bandas que aterrorizan la capital, Puerto Príncipe, parecen tener un suministro constante de armas y municiones. Expertos estiman que alrededor de 20 grupos armados operan en Puerto Príncipe, algunos portando rifles de asalto AR-15 y Galil, escopetas y pistolas Glock. La ONU calcula que entre 270,000 y 500,000 armas de fuego circulan ilegalmente en Haití, la mayoría en manos de pandillas.

El poder de fuego superior de estas bandas ha abrumado a las escasas fuerzas policiales haitianas, contribuyendo a una cifra de muertos asombrosa el año pasado de más de 5,600 víctimas de homicidio, un aumento de más de 1,000 con respecto al año anterior. La ONU impuso un embargo de armas a Haití hace tres años, sin embargo, la mayoría de las armas en las calles de Haití provienen de Estados Unidos, donde son compradas por compradores testaferros y contrabandeadas al país por mar, o algunas veces por tierra a través de la República Dominicana. La porosidad de la frontera y la corrupción facilitan este flujo ilícito, consolidando el poder de las bandas y minando la autoridad del Estado.

La situación ha llegado a un punto crítico, obligando al gobierno haitiano a restringir las importaciones a través de su frontera terrestre con la República Dominicana. Solo se permiten los bienes producidos originalmente en ese país; cualquier producto que no se haya originado en la República Dominicana debe ingresar por los puertos marítimos de Haití, que están plagados de pandillas. Esta medida busca controlar el ingreso de armas y municiones, pero también afecta el comercio y la disponibilidad de bienes básicos para la población.