HABLEMOS DE HUÁNUCO “CABALLERO SHUCUY”

Escrito por: Edgard Ponce.

¡Hola Shucuy!

Es una forma pintoresca y poco usual de saludo cuando se encuentran dos huanuqueños sea en su propia tierra o [de por sí con más emotividad] en lugares alejados. Claro está que, por no “hacer roche” o dar motivo a burlas de propios y extraños, esta alusión emocional de encuentro se hace discretamente y casi al oído, pero al escuchar, se convierte en la forma certera de identificar a un verdadero paisano nacido en las tierras de los chupachos (Varallanos, J. 1959. Pág.23) formado por las cuencas del río Huallaga (desde San Rafael hasta Acomayo), Huertas (desde Chaupihuaranga), Higueras y Mito en sus cuencas medias.

Y es que, como lo señala el Dr. Virgilio López en su libro: Mis crónicas del ayer,”se llamaba así al mestizo que venía de la sierra de Huánuco a la ciudad y que además de su ropa típica calzaba ojotas o llanquis a los que se le llamaban SHUCUYES. Por extensión a quienes usaban shucuyes se les apodaba SHUCUY o SHUCO y a sus mujeres SHUCONA o SHOCONA”.

Que simpática y peculiar manera de reconocer y registrar identidades propias en nuestra pluricultural sociedad peruana, palabras como ésta existen en suficiente número que pertenecen a una determinada zona geográfica, motivando a que autores empeñados a conservar esa identidad, lo identifiquen y plasmen en obras como lo hizo nuestro insigne historiador huanuqueño Dr. Javier Pulgar en su Diccionario de huanuqueñismos.

Pero, así como una palabra nos identifica, la conmemoración de una efeméride nos lleva a lo más profundo de nuestro sentimiento; no puede haber un peruano que no celebre con alegría su aniversario patrio y tampoco un huanuqueño que no festeje un 15 de agosto con tanta emotividad y entusiasmo. Rememorar su historia, tradiciones y costumbres hace que la gente se una y se sienta en familia con la raigambre heredada, sea donde se encuentre.

Son testigos los Tres Jircas (como los refiere Varallanos a la leyenda de los tres cerros [Marabamba, Rondos y Paucarbamba] que rodean la ciudad de Huánuco) (Varallanos, J. 1959. Pág.23), respecto a la formación y evolución de la urbe en el valle del Pillco, cuando, luego de que el Capitán “Gómez de Alvarado, en nombre del Rey de España y del Gobernador don Francisco Pizarro, fundó solemnemente, la ciudad de Huánuco el 15 de agosto de 1539, en la misma área que ocupaba la famosa urbe inca-Yarowilca de Wuanuko (sita en la hoy provincia de Dos de Mayo)”, pero que (motivos no determinados fehacientemente), con el Capitán Pedro Barroso trasladaron la ciudad a orillas del río Huallaga distante a 80 kilómetros.

Es de saber que la primera misa celebrada, ya en la planicie de la actual ciudad de Huánuco, fue en un improvisado altar hecho de piedras en el lugar que hoy ocupa la Parroquia de San Cristóbal; años después (1542), con la presencia del capitán Pedro de Puelles, éste tuvo a bien (luego de pacificar la zona por las continuas insurgencias nativas) organizar la ciudad, levantar el plano definitivo, distribuir solares, instalar el Cabildo y elevar un capítulo (memorial) al Gobernador Vaca de Castro para que restituya a Huánuco la categoría de ciudad y se le concediera un blasón nobiliario.

Todos nos preguntamos por qué la denominación de “La muy noble y muy leal ciudad de león de Huánuco, de los caballeros” y es que el Gobernador Vasco de Castro, en principio, accedió al pedido que en el memorial se le hacía llegar y concedió elevar la condición de Villa mandando a que en adelante se le llame ciudad de León (Varallanos, J. 1959. Pág.88), brindándole el escudo de armas y el título nobiliario que consistía en un león rampante y coronado con el lema: León de Huánuco, de los Caballeros.

Pero la historia va más allá, y es que, ante sublevaciones y rebeldías contra el Virrey, vecinos huanuqueños, organizados y capitaneados por Miguel de la Serna, Juan Tello Sotomayor y Gómez Arias Dávila, leales a la corona y a la gobernanza limeña, marcharon hacia el Cuzco, foco de insurrección del Capitán Francisco Hernández Girón, logrando capturarlo y conducirlo a Lima. Este acto de fidelidad fue meritorio para que se cambiara el escudo y título nobiliario, aumentándose en el lema: “La muy noble y muy leal ciudad de León de Huánuco de los caballeros” y en el escudo de armas se incluyó al capitán traidor que es aprehendido con una cadena en el cuello y las garras del león en pie.

Tampoco ha de cambiar la postura observante del Pillco Mozo, que, con el paso arrullador de las aguas del Huallaga, vio florecer el mestizaje de costumbres y tradiciones que, en siglos de existencia, hoy simboliza esa identidad innata de sus habitantes. Como no rescatar la abrumadora muchedumbre que acompaña la procesión del Señor de Burgos (Patrono de la ciudad), la algarabía al ver danzar a los Negritos de Huánuco para venerar al niño Jesús durante la Navidad y Año Nuevo, los festejos paganos en los carnavales con desfiles y corta montes.

No podemos dejar de hablar y saborear los tradicionales platos fusionados a través de su historia como: la pachamanca, el picante de cuy, el locro de gallina; postres hechos a base de la calabaza, el tocosh o de la yema de huevo de gallina con los que nacieron los incomparables prestiños, historia que se remonta a la época de la construcción del puente Calicanto (sobre el río Huallaga), cuyos constructores usaron como parte de la argamasa la clara del huevo, dejando el núcleo para el ingenio de las reposteras huanuqueñas en la preparación de estas rosquitas de harina y yema que son el disfrute del paladar.

En este 482 aniversario, es menester resaltar la trascendente efeméride sobre la fundación española de esta noble ciudad y más aún cuando nuestra patria conmemora su bicentenario de la gesta patriótica de libertad, soberanía e independencia nacional. No olvidando que este hermoso valle del Pillco tiene el clima y la acogida gentil de su población como lo más noble de sus encantos.