La sanidad pública en Estados Unidos se enfrenta a un golpe severo tras la repentina cancelación de más de 12 mil millones de dólares en fondos federales destinados a programas estatales cruciales. Estos fondos, que sostenían el rastreo de enfermedades infecciosas, los servicios de salud mental, el tratamiento de adicciones y otras necesidades sanitarias urgentes, dejan ahora a los estados en una situación precaria, especialmente en un momento en que las enfermedades crónicas y las amenazas emergentes como la gripe aviar demandan una respuesta robusta.
Según la investigación publicada por The New York Times, esta drástica reducción de fondos, que se habían asignado durante la pandemia de Covid-19, impacta directamente en la capacidad operativa de los departamentos de salud estatales, ya de por sí sobrecargados y con recursos limitados.
Los avisos de terminación de fondos, que llegaron a los departamentos estatales el lunes por la noche, especificaban que la cancelación era inmediata. La orden era clara: “No se pueden realizar actividades adicionales ni incurrir en costos adicionales en relación con estos fondos”. Esta medida llega en un momento crítico, considerando que la temporada de gripe se acerca y se espera una mayor demanda en los servicios de salud.
El impacto de esta decisión se sintió de inmediato. En Lubbock, Texas, las autoridades de salud pública recibieron instrucciones de suspender el trabajo financiado por tres subvenciones que eran vitales para la respuesta al brote de sarampión en la ciudad, según informó Katherine Wells, directora de salud pública de la ciudad. La cancelación de estos fondos amenaza con revertir los avances logrados en el control de la enfermedad.
La magnitud del golpe financiero obligó a varios departamentos estatales a tomar medidas drásticas. Algunos, como el de Texas, Maine y Rhode Island, se encuentran aún evaluando el impacto total de los recortes antes de tomar decisiones. Otros, sin embargo, ya se preparaban el martes para despedir a decenas de epidemiólogos y científicos de datos, profesionales clave en la vigilancia y el control de enfermedades. Se estima que la pérdida de estos puestos de trabajo impactará negativamente en la capacidad de los estados para responder a futuras emergencias sanitarias.
Esta decisión se suma a la creciente preocupación por la financiación de la salud pública en Estados Unidos. Un informe reciente del Trust for America’s Health reveló que la inversión en salud pública ha disminuido significativamente en los últimos años, dejando a los estados vulnerables a brotes de enfermedades y otras crisis sanitarias. La cancelación repentina de estos fondos federales agrava aún más esta situación y pone en riesgo la salud y el bienestar de millones de estadounidenses.



