La diplomacia europea se encuentra en una encrucijada respecto a la guerra en Ucrania, con divergencias crecientes entre las posturas europeas y la administración Trump en Estados Unidos. En este contexto, el presidente francés Emmanuel Macron organizó reuniones clave en París destinadas a proyectar, al menos superficialmente, una imagen de unidad transatlántica frente al conflicto en curso. La reunión se produce en un momento delicado, donde la cohesión occidental, vital para ejercer presión sobre Rusia, parece estar erosionándose.
Según la investigación publicada por The New York Times, el presidente Macron encabezó un almuerzo de trabajo con el Secretario de Estado, Marco Rubio, y Steve Witkoff, el enviado del presidente Trump. Las conversaciones se llevaron a cabo mientras delegaciones europeas convergían en la capital francesa, buscando un terreno común en la respuesta al conflicto ucraniano.
La presidencia francesa emitió un comunicado indicando que Macron discutió con los funcionarios estadounidenses «negociaciones de paz destinadas a poner fin a la agresión rusa en Ucrania». Sin embargo, esta formulación podría no ser bien recibida por la administración Trump, que ha adoptado una perspectiva divergente sobre la guerra. Recordemos que la administración Trump ha cuestionado el apoyo militar a Ucrania, incluso sugiriendo recortes en la ayuda. La Unión Europea, por su parte, ha mantenido un firme compromiso con el respaldo económico y militar a Kiev.
La administración Trump ha llegado incluso a culpar a Ucrania por la invasión rusa, criticando abiertamente al presidente Volodímir Zelenski por lo que considera una falta de gratitud. Además, ha mostrado una sorprendente afinidad con regímenes autoritarios, llegando a coincidir con Corea del Norte en el rechazo a una resolución de las Naciones Unidas que condenaba la agresión rusa. Este distanciamiento ideológico ha generado crecientes tensiones entre Europa y Estados Unidos, evidenciando una preocupante deriva de la administración Trump lejos del apoyo a las democracias occidentales y hacia una visión más comprensiva de regímenes autoritarios.
A pesar de esta aparente divergencia y de seguir una línea diplomática separada, al menos hasta el momento, la administración Trump parece buscar el apoyo de Europa para poner fin a los combates en Ucrania. La situación plantea interrogantes sobre la estrategia de la administración estadounidense y su disposición a colaborar con sus aliados tradicionales en la búsqueda de una solución pacífica al conflicto.
Un comunicado posterior de la presidencia francesa señaló que la reunión «ilustró el diálogo regular entre Francia y Estados Unidos sobre los principales temas internacionales con el fin de garantizar la estabilidad y preservar la cooperación multilateral». No obstante, el comunicado ofreció escasos detalles sobre la situación en Ucrania, lo que sugiere una cautela diplomática en la divulgación de información sensible.
Funcionarios cercanos al presidente Macron, quienes solicitaron anonimato según la práctica habitual, revelaron que ambos mandatarios mantienen conversaciones telefónicas frecuentes, a menudo de manera improvisada. Trump y Macron lograron establecer una relación de cooperación, aunque a veces tensa, durante el primer mandato del presidente estadounidense, un factor que podría facilitar la búsqueda de puntos en común en la crisis ucraniana. La capacidad de ambos líderes para superar sus diferencias y trabajar juntos será crucial para lograr avances significativos en la resolución del conflicto.




