Por Willy Marcellini Ramírez
Próximo a la Navidad, que se celebra el 25 de diciembre, una festividad religiosa en la que los cristianos conmemoran el nacimiento de Jesús, que sea propicio un momento de reflexión y de motivo para hablar de un tema poco tratado en el ámbito de las empresas y las finanzas: la ética.
Administrar capital, ahorros o inversiones ciñéndose a principios éticos, para muchos no es nada fácil, como ya se han visto casos especialmente entre quienes ejercen la función pública, por ejemplo: expresidentes, ministros, gobernadores o alcaldes investigados. Esa es una debilidad de nuestra sociedad, porque desde la estructura, desde las familias, especialmente en la formación temprana se adolece de principios, de la formación en valores y el buen comportamiento, y cuando este ciudadano falto o escaso de principios llegue a ser autoridad -o tenga al alcance la administración de recursos económicos y financieros-, buscará el bien personal o de sus allegados, pero no el bien común, el bienestar general; claro que no siempre es así, hay excepciones.
Se dice que sólo una sociedad educada saldrá del atraso, que la educación es una inversión, y claro que sí, pero sólo si va acompañada de principios y valores, del respeto mutuo, de saber reconocer y practicar sus deberes, sus derechos y de respetar el de los demás; de lo contrario, sólo buscarán una posición privilegiada para luego sacar ventaja de ésta en favor de sus propios intereses, más no para el bien común. Si bien la función de un administrador -público o privado- es fundamental para la toma de decisiones, éste debe contar con las prácticas morales básicas que vayan dirigidas hacia el bien social, lejos de cualquier interés personal.
¿Cuáles son los principios de la ética?
Quizás te preguntes cuáles son esos principios más relevantes para un desempeño ideal pensando en el bien común, que es necesario tenerlos presentes siempre. A continuación, nombraremos algunos principios basados en la opinión del profesor de IESE, Antonio Argandoña:
- Honestidad. Este principio es uno de los más importantes e infaltables cuando se quiere poner en práctica la ética. Significa ser respetuoso de las buenas costumbres, de los principios morales y de los bienes ajenos, es armonizar las palabras con los hechos, es tener identidad y actuar con coherencia y sin falsedad para estar orgulloso de sí mismo. Tenerlo presente evitará apropiarse de lo que no le pertenece. Este valor es de altísima importancia para mantener una buena convivencia en la sociedad. También es esencial para tener credibilidad y ganarte la confianza de tus clientes y compañeros de trabajo.
- Justicia e imparcialidad. Significa que siempre debe haber un enfoque justo en cada operación para garantizar el trato igualitario, imparcial o equitativo en todos los niveles. Ya sean empleados, propietarios o directivos, es fundamental que no se deje de lado a uno, o se priorice a uno sobre el otro en términos desleales. Los beneficios serán mucho mayores por una reducción o eliminación del conflicto de intereses o de la tensión e impotencia que pueda existir por una de las partes. Cuanto más apegado a la legalidad mejor.
- Responsabilidad y diligencia. Principio que se orienta a saber cumplir nuestros deberes, ser responsables de nuestros actos, asumir nuestras responsabilidades, saber rendir cuentas, ser capaz y estar dispuesto a dar a conocer nuestras acciones cuando así sea necesario. Además, si quieres que tu institución, tu empresa o tu persona se destaque, debes asegurarte de cumplir cada una de tus obligaciones y tareas con mucho esmero y constancia. De esta manera, siempre estarás seguro y orgulloso de entregar los mejores resultados para brindarle a los clientes y a tus compañeros el respeto que merecen.
- Prudencia. Es la virtud que permite tomar las decisiones adecuadas en cada circunstancia. Se basa en que siempre se deben analizar cuidadosamente las decisiones que se toman y cuáles son las consecuencias de éstas, ya sean positivas o negativas. Esto significa no tomar una decisión a la ligera sino asegurarnos de pensar dos veces antes de hacerlo.
- Confidencialidad. Resguardar la información de las personas o entidades y también de otros agentes como clientes, proveedores o empresarios es fundamental. La información de los clientes no debe ser usada para beneficio propio o de terceros que no están vinculados con ellos. Es decir, no se debe quebrantar la privacidad del cliente. Si hay información necesaria y relevante que se requiere siempre es conveniente pedir su consentimiento.
- Transparencia. Este principio se fundamenta en la responsabilidad de informar plenamente al cliente sobre todo lo que esté a su alcance, sin omitir datos relevantes. Ya sea sobre hacer un trámite, una inversión o cualquier actividad de mutuo interés.
Has llegado al final de este artículo y has conocido más de la ética en las empresas y las finanzas, así como su vital importancia para el manejo adecuado de las organizaciones en la actualidad. Queda en nosotros poner en práctica estos principios día tras día, en interiorizarlos y convertirlos en hábitos. Recordemos que no todo en nuestra vida debe ser ganar dinero, que el éxito no debe medirse en cuánto dinero se haya acumulado, sino en cuánto aportamos a la sociedad y qué legado positivo dejamos a las futuras generaciones.
El tiempo de educarse es hoy. ¡¡Feliz Navidad!!




