ESTOY MÁS VIVO QUE NUNCA, MÁS FELIZ QUE NUNCA

Por Arlindo Luciano Guillermo

Escribió baladas memorables e imperecederas. La palabra inmortalidad resume la existencia y creación musical de José Luis Perales. Quería ser solo compositor, nunca cantante, pero se hizo cantante. Hemos repetido de memoria sus canciones, hemos enamorado y recordado con nostalgia viejos y distantes romances. Quinientas canciones registradas en la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE), equivalente a Apdayc en el Perú. Un perverso fake news mató a José Luis Perales. Le dieron por muerto a los 78 años. La infausta noticia infestó, como maligno virus, las redes sociales. Yo sentí un terrible escalofrío. ¿José Luis Perales muerto? ¿Por qué te vas?, refunfuñé. No podía creerlo. Recordé la envidia que sentí cuando Rubén Valdez me contó que había asistido al concierto del Poeta de la Canción, El Morrissey de Castejón, en Lima; no existe envidia sana. Desde Londres, José Luis respondió: “Estoy más vivo que nunca, más feliz que nunca”. Aún está vivo el cantautor de Tentación, Por qué te vas, Un velero llamado libertad, Canción de otoño, Y cómo es él, Me llamas, Que canten los niños, Amada mía, etc. No es verdad. Entonces el corazón regresa a su ritmo normal, la sudoración queda adherida en la piel, cierro mis ojos y me veo, como un divo, cantando en un karaoke, junto a los amigos, Me llamas, censurada absurdamente por la dictadura de Rafael Videla en Argentina. La tiranía es estúpida, sea de izquierda o de derecha.

Las canciones de Perales se mantienen vigentes, actuales, como el primer lanzamiento, sin mella por el tiempo, las prefieren generaciones de ayer como la mía (yo tenía 10 años cuando escuchaba en la radio, Soy rebelde de Manuel Alejandro y Por qué te vas de José Luis Perales en la voz de Jeanette) y de hoy. Yo perdí una novia porque en el karaoke canté Y tú te vas. Escuchó los primeros versos, bebió apurada un sorbo de cerveza, cogió su cartera beige, me miró con odio visceral y se retiró contoneando las caderas; nunca más supe de ella afortunadamente. ¿Qué le había fastidiado de la susodicha canción? “Yo te di / te di mi sonrisa / mis horas de amor / mis días de sol…”. Supongo (nunca le pedí explicación) que creía que era descortesía y desconsideración. Cuando canté Y cómo es él estaba solo en la mesa. Esa noche tuve muchísimos amigos. Y cómo es él fue compuesta para Julio Iglesias que años después se separaría de Isabel Presley. Por ese tiempo, Julio Iglesias cantaba: “Hey, no vayas presumiendo por ahí / diciendo que no puedo estar sin ti. / Tú qué sabes de mí”. J. L. Parales es también la vigencia del romanticismo sentimental, heredero de Bécquer y Espronceda. Ser un ciudadano romántico no es banalidad ni ridiculez, sino la convicción de amar con autenticidad, donde todo es facsímil y mediocridad, con el corazón, no con el poder político, la billetera, los bienes materiales ni el consumismo obsesivo. La balada es una especie poética con tema amoroso, sencillo, efectista, de romance feliz o desgraciado. En el concierto, en Plaza Arena del Jockey Club del Perú, el 23 de marzo de 2022, a 6 mil asistentes, les dijo: “Me despido de los escenarios, pero no os vais a librar tan fácilmente de mí porque lo que voy a hacer es seguir escribiendo canciones para vosotros”. La multitud estalló en gritos y aplausos.  

José Luis Perales nació el 18 de enero de 1945 en Castejón (España). Es un cantautor prolífico como Manuel Alejandro. Yo creí que Jannette era la cantante y autora de la canción Por qué te vas (1976); en realidad, JLP es el creador. Conforma, junto a Camilo Sesto, Rafael, Nino Bravo, Isabel Pantoja, Julio Iglesias, Manolo Galván, Lola Flores, Joan Manuel Serrat, Enrique Bunbury y Joaquín Sabina, una pléyade irrepetible de genios musicales en la historia de la canción española. ¿Existe una canción más famosa que Un velero llamado libertad o Y cómo es él?  En sus canciones no hay artificio ni impostura, tiene un relato lineal, lenguaje sencillo y léxico asequible, revelación de eventos cotidianos sobre sentimientos amorosos y afectivos o, a veces, muestra la realidad como un cronista o un periodista despierto (Dime, Que canten los niños o Adrián) y un afán permanente de construir poesía, imágenes y metáfora acertadas y efectivas como los versos de Antonio Machado. Las canciones de Perales parecieran contener nuestras historias o parecerse a ellas. Perales no solo cuenta una historia, sino que lo dice con poesía que fácilmente es comprendida por el oyente sin mayor esfuerzo.

César Vallejo en “Los nueve monstruos” dice: “… hay algunos / que nacen, otros crecen, otros mueren, / y otros que nacen y no mueren, otros / que, sin haber nacido, mueren, y otros / que no nacen ni mueren (son los más)”. José Luis Perales es de los “que nacen y no mueren”. Hay artistas (cantante, músico, poeta o pintor) que hicieron “obras de arte” sin trascendencia, hechas para la tribu, la comarca interior, para el deleite personal, que cuando llegan a la metrópoli se asustan, tiemblan, tienen complejo de inferioridad y desaparecen en el anonimato. La muerte jamás puede contra el genio que en vida construyó algo imprescindible como la música y las canciones. Todos vamos a morir algún día, unos antes, otros después, de esa ley natural nadie escapa. Cuando llegue ese día llegaremos a una sola conclusión: cómo nos recordarán después de muerto. El arte hecho con genialidad e innovación revolucionaria vive eternamente en la memoria histórica. De las 500 canciones compuestas de Perales, solo un ramillete queda para la posteridad y lo escucharemos sin importar si el autor está vivo o muerto. Una canción, un solo libro, es mejor, que una “montaña de escoria” que aparece y se extingue como escupitajo sobre el pavimento expuesto al Sol.   

Estoy abrumado por haber escuchado tantas canciones de José Luis Perales. Estoy convencido de que el escritor y el cantante tienen el mismo destino: la inmortalidad en los lectores y oyentes. Por qué te vas, tiene 47 años, está vigente en la voz de Jeanette; José Luis Perales nos va a sobrevivir. Ese es el arte hecho para la eternidad, no para el currículo ni la coyuntura. José Luis morirá, pero seguirá vivo en sus canciones, ni siquiera nos daremos cuenta de que ya no está entre los mortales. Dice Perales: “Soy un cantante de historias porque mis canciones suelen ser historias de la gente, historias mías, a las que les pongo música”. Las canciones y libros son subversivos. Los cantantes y los escritores (no todos, por supuesto) son una piedra en los zapatos de los gobernantes que cree que los principios y el talento deben subordinarse a la política, caprichos y beneficios mezquinos. Un auténtico artista es íntegro. El arte sin cimiento sólido caduca como las mercancías en el centro comercial. José Luis Perales es un ícono, un artista atemporal, una estrella brillante. No estará en los escenarios, pero seguirá componiendo canciones.