ELLOS SE VAN, NOSOTROS AÚN NOS QUEDAMOS

Por Arlindo Luciano Guillermo

Todo tiene su final, la secundaria no dura para siempre. Faltan una semana y días para que termine el 2022; algunos ajustes en el trabajo académico y pedagógico y culmina el año escolar para los estudiantes de quinto de secundaria. Serán historia digna de recordación o para la amnesia total, nostalgia y el inicio, sin duda, de otros retos mayores: los estudios universitarios donde no hay uniforme, auxiliar ni tutor, sino autonomía de decisiones, aprendizaje novedoso, investigación, lectura interpretativa, ejercicio del pensamiento crítico, tesis, monografía, artículo científico, ensayo riguroso, etc. En la universidad, el ritmo de los estudios es exponencialmente mayor; las relaciones interpersonales se enfrentan a la pluralidad cultural del Perú y las habilidades comunicativas sirven para debatir, discrepar, conjurar el fanatismo y la estupidez y consensuar, concertar, utilizar los canales y soporte democráticos. La secundaria es la patería, la palomillada en las redes sociales, pasarla bien mientras se aprenden cursos; la universidad, la ruta hacia una profesión tecnocrática, científica y humanista. De allí se salta, con meritocracia y competencias, al mercado laboral, al emprendimiento y a la empresa privada que genera empleo, contribución de impuestos y dinamismo económico.

¿Qué les hemos enseñado y qué les hemos dejado (por omisión o ignorancia) de enseñar? Les dimos lo mejor que pudimos, lo mejor de la experiencia académica, pedagógica y de los trajines de la vida diaria. Los estudiantes que egresan este 2022 recibieron clases virtuales durante dos años, 20 largos meses desde la casa, una laptop, un monitor o un celular, en la sala, en el dormitorio, en la azotea o en un rincón del patio. Este año las clases son presenciales. La diferencia es abismal. Hemos socializado con ellos los cuatro pilares de la educación según la Unesco: aprender a conocer, aprender a hacer, aprender a vivir juntos, aprender a ser. ¿Qué principios democráticos regirán su vida y los estudios universitarios? ¿Se atreverán a debatir y discrepar con los “catedráticos” que a veces creen ser dueños de la verdad, infalibles y presumen de altos grados académicos? ¿Cuál es el récord de lectura y escritura de esos estudiantes?  ¿Qué habilidades blandas necesarias e imprescindibles en la vida personal, social y amical les hemos compartido e inducido? Sin el ejercicio responsable y tolerante del pensamiento crítico cualquier ciudadano está en la vía pública de la libertad de expresión y la legítimas disensión; es una colonia de la demagogia, la mentira y la manipulación. Sin lectura no hay destino fijo ni meta sostenible. Sin habilidades para la redacción, la normatividad, el estilo y la sintaxis ni el uso instructivo de las redes sociales no hay expectativas ni comunicación efectiva y asertiva. ¿Conocen los estudiantes a César Vallejo, Julio Ramón Ribeyro, Martin Adán, Mario Vargas Llosa, Jorge Basadre, Mariátegui, Esteban Pavletich, Adalberto Varallanos, María de Rostworowski, César Hildebrandt o José María Arguedas? Decía mi amigo Ronald Hübner que un estudiante, al egresar del colegio, debe haber leído, mínimamente, Los ríos profundos. 

Los estudiantes que egresan este año bien podrían denominarse “Generación Covid-19” porque durante dos años estuvieron con clases virtuales y algunos meses del 2022 con mascarillas; la cámara desactivada y el tapabocas han impedido “vernos la cara”, solo los ojos hablaban con elocuencia. Los que egresaron el 2020 y 2021 no tuvieron despedida afectuosa ni lacrimógena, fiesta, recuerdos escritos en la camisa ni viaje de promoción. Este 2022 sí habrá todo eso. El Covid-19 está arrinconado como endemia (eso esperamos) por la vacuna, las medidas de bioseguridad; los contagios no son severos, ya no llegan a hospitalización ni UCI. Una quinta ola no será mortal porque ya tenemos experiencia, aunque a veces esas lecciones entran por un oído y sale por el otro. Un ciudadano tiene que ubicarse correctamente en el contexto social, político y cultural. Eso de que yo no soy político o no me atrae la política es una falacia; es como negar que la raíz cuadrada de 2 es 1.4142. ¿Vive el Perú una anarquía política, una tensión que arrecia entre los poderes del Estado? Realmente la corrupción es un cáncer que hace metástasis por doquier. ¿Cómo resolverla? Mientras no activemos nuestras opiniones políticas, que en esencia son debatibles y generadoras de posiciones de deslinde, seguirán los políticos que conocemos. El informe Reimaginar, Juntos Nuestros Futuros, un Nuevo Contrato Social para la Educación (Unesco), trabajado durante dos años (2020-20221), reporta dos datos importantes que se deben enfrentar urgentemente: 1. Seiscientos mil estudiantes en situación de pobreza desertaron de la escuela; 2. Según la Evaluación Virtual de Aprendizajes (EVA) 2022, el 81,5% de estudiantes de segundo año de secundaria no entienden lo que leen y el 72,4% no resuelve problemas básicos de matemática. Esto se agrava en las zonas rurales: el 92,9% no logra los aprendizajes esperados en comprensión lectora y el 87,3 en matemática. Esto es una de las secuelas concretas de la pandemia, aunque, sin ella, ya se sabía que los aprendizajes están por debajo de los logros esperados. El Covid-19 solo ha visibilizado el problema y ahora queda enfrentarlo con decisión y transparencia y revertir estos resultados adversos. El Covid-19 ha tenido un impacto de meteorito en los aprendizajes, la salud mental y emocional de los actores educativos y en los estilos de enseñanza.

Un profesor tiene una poderosa presencia en la vida de los estudiantes e influencia significativamente con sus actitudes, calidad de aprendizaje, la postura frente a la vida y las circunstancias porque supo escucharlos en el momento preciso y exacto como el tiempo de Dios. A veces el trabajolismo absorbe totalmente a los padres (eso es entendible); el docente permanece 35 horas semanales, 140 al mes y aproximadamente 1400 al año. Es tiempo suficiente para darse cuenta de sus necesidades, virtudes y posibilidades. Ingresar a la universidad es apenas un logro inicial. Las actitudes no se enseñan con discurso de sofistas ni académicos, sino con hechos concretos, coherencia y méritos éticos. Los errores no condenan a cadena perpetua al ciudadano infractor. A ser tolerantes se enseña con tolerancia, a ser pacientes con paciencia, la lectura de libros se enseña leyendo, la alegría se enseña con alegría y sentido del humor.  ¿Cómo nos recordarán los adolescentes que egresan de la secundaria? ¿Qué huellas habremos dejado los profesores? ¿Cuál es nuestra contribución en su formación académica, personal y moral? Un estudiante durante el examen miraba discretamente las respuestas del compañero. Cuando el docente lo pilló le dijo que debía ser honesto. Y de qué sirve eso, le increpó. El profesor lo miró, le dio una palmada en el hombro izquierdo y le dijo: “Después no te quejes por las cosas que pasan a diario en el Perú”. El muchacho levantó los hombros; el docente enterró la cabeza en el libro que leía.