Este 4 de octubre, los electores elegirán a sus alcaldes provinciales y distritales en una sola jornada. A diferencia de la elección de gobernador regional, para las alcaldías no existe segunda vuelta ni se exige un porcentaje mínimo de votos para ganar, según la Ley de Elecciones Municipales. El candidato que ocupe el primer lugar de la lista más votada es proclamado alcalde, aunque su respaldo sea menor al de la mitad del electorado.
Esa regla explica por qué algunas alcaldías se han definido por márgenes estrechos e incluso mediante sorteo. En 2018, Omar Candia ganó la alcaldía provincial de Arequipa con el 14.9% de los votos válidos y una diferencia de apenas 207 votos frente a su principal competidor, según cifras de la ONPE.
Alcaldías que se definieron con pocos votos
La situación también se repitió en las elecciones municipales de 2022. Víctor Boluarte ganó la alcaldía provincial del Cusco con el 19.6% de los votos, mientras que en Chiclayo, Janet Cubas obtuvo el 20.4%. En Punta Negra, en Lima, Eulogio Huyhua fue elegido con el 17.3% de los votos válidos, de acuerdo con los datos de la ONPE.
Pero esta regla no siempre fue así. Antes del 2002, la legislación municipal sí establecía un porcentaje mínimo para ganar la alcaldía y contemplaba una segunda elección si ningún candidato lo alcanzaba. Así lo señalaba el artículo 23 de la Ley 26864:
"El Presidente del Jurado Electoral Especial correspondiente, proclama Alcalde al ciudadano que ocupe el primer lugar de la lista que obtenga la votación más alta, siempre y cuando esta represente más del 20% de los votos válidos. Si ninguna lista alcanza el porcentaje antes señalado, se procede a una segunda elección en la que participen las listas que hubieran alcanzado las dos más altas votaciones dentro de los treinta (30) días siguientes a la proclamación oficial de los resultados de la primera elección".
El abogado especialista en derecho electoral, Óscar Matutti, explica que este mecanismo se modificó, entre otros motivos, por los recursos que demandaba al Estado. "Si se exigiera un mínimo de votos, la fragmentación entre muchas candidaturas podría obligar a organizar nuevas elecciones en numerosos municipios, con el tiempo y los recursos públicos que ello supone. La razón de peso es la economía procesal; es decir, la economía de gastos en los que puede incurrir el Estado. Además, también se debe garantizar una transición democrática rápida, por eso se simplifican las cosas y se opta por el modelo de una mayoría simple en las municipales", comenta.
Empates resueltos con sorteo
Existen casos en los que incluso, al registrarse empate en los votos, se han tenido que resolver mediante sorteos. En 2022, en el distrito de Corculla, Ayacucho, dos candidatos terminaron empatados con 83 votos cada uno. La alcaldía tuvo que definirse mediante el lanzamiento de una moneda y Alfredo Baldárrago resultó ganador. Un mecanismo similar se utilizó en 2018 en Tibillo, Ica, donde Wilbert Castillo ganó después de un desempate con moneda al aire.
La diferencia con las gobernaciones regionales
La elección de gobernador regional funciona de otra manera. El artículo 5 de la Ley de Elecciones Regionales exige que la fórmula obtenga no menos del 30% de los votos válidos. Si ninguna alcanza ese porcentaje, las dos primeras participan en una segunda elección.
¿Por qué esta diferencia? "En número, las alcaldías son mucho mayores que las regiones que tenemos. Estamos hablando de más de mil alcaldías a nivel nacional y muchas más a nivel distrital. En cambio, organizar puntualmente una segunda vuelta solo para las fórmulas regionales sí es posible para el Estado por razones presupuestales", indica Mattuti.
De este modo, la jornada del 4 de octubre definirá en una sola vuelta a las autoridades municipales del país, mientras que las gobernaciones regionales mantienen un umbral del 30% y la posibilidad de una segunda elección.










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