El por qué se precisa la equidad y la paridad

Denesy Palacios Jiménez (*)

El gobierno de Manuel Odría promulgó, el 7 de setiembre de 1955, la Ley 12391, la cual confería ciudadanía y derecho de voto a las peruanas, incluía la siguiente modificación a la Constitución: Artículo 84: Son ciudadanos los peruanos varones y mujeres mayores de edad, los casados mayores de 18 y los emancipados.

Hace sesenta y cuatro años, no todos tenían claro que hombres y mujeres somos iguales y que estamos sujetos a los mismos derechos y deberes. El voto femenino fue conseguido tras largas luchas, como las que tuvieron las destacadas peruanas Clorinda Matto de Turner, María Jesús Alvarado y Zoila Aurora Cáceres. Esta propuesta fue recibida durante años con sorna por parte de los varones, que veían como un capricho que sus esposas, hermanas o madres pretendiesen la ciudadanía. A través de columnas o cartas de los lectores, se publicaba en la prensa que el voto a la mujer solo traería discordia en la casa o que amenazaría a la familia; algo semejante a lo que hoy ocurre con el enfoque de género, dicha construcción sociocultural no tiene nada que ver con sexo, sino con equidad.

La independencia femenina, desde la vía legal, fue lenta. Un primer triunfo ocurrió en 1936, cuando el Código Civil de la época puso fin a la curatela que los maridos tenían sobre sus esposas. En esa ocasión, se les reconoció a ellas el derecho a sus propiedades. Fue así, que por primera vez quedó establecido en un papel que las mujeres teníamos «derecho a oponernos a las decisiones del marido con relación al hogar común». Es decir el movimiento cívico femenino jugó un papel importante, hoy no podemos dar la espalda, a todas esas luchas. Sin embargo, había restricciones para el voto de los analfabetos. Fue así, como el 17 de junio del año 1956, las mujeres recién ejercimos nuestro derecho al sufragio, es decir después de varios siglos de instalada la vida republicana.

Los 12 proyectos de ley presentados para la Reforma Política en el Perú, apuntan a la Reforma Constitucional, para promover la gobernabilidad, que nos permita fortalecer la democracia, modificando el sistema electoral nacional; así mismo, permitirá regular la democracia interna y promover la participación ciudadana en el proceso de selección de las o los candidatos.

También verá la inscripción y cancelación de partidos políticos y organizaciones políticas regionales; así mismo, se regulará sobre la responsabilidad administrativa de las personas jurídicas por el delito de Cohecho activo transnacional, y el financiamiento de organizaciones políticas, y otras más, como el caso de la equidad y la paridad, por obedecer a las luchas del movimiento femenino.

Estamos en el decenio que concede igualdad de oportunidades a mujeres y hombres, y por eso estas reformas deben contener la equidad y la paridad; puesto que la población femenina significa más del 51% de la población peruana, y nuestros derechos se ven recortados en las instancias de alto nivel de decisión política. El filósofo francés Jacobe Rousseau (1636-1696), estaba convencido de que “no ha existido ni existirá jamás verdadera democracia”, tratemos de que sea lo mejor llevadera, y eso lo conseguiremos dando oportunidad a todos y para ello debemos prepararnos. La improvisación, y otros comportamientos nada saludables, lo vemos en los gobiernos locales, regionales, institucionales y la mejor prueba en Huánuco lo tenemos en la UNHEVAL, hermanos enfrentándonos entre hermanos para que un grupo gobierne, se beneficie y usufructúe, sin importarle calidad académica, meritocracia, legalidad, ni legitimidad, pero como se gana con votos hay que obtenerlos, porque el fin justifica los medios, hacen reglamentos de elecciones a su medida, caso de las elecciones complementarias para el Consejo de Facultad en Ciencias Sociales, en la categoría de principal para el representante de minoría, terminaron cuestionando la otra lista, la tacharon y quedó una sola lista, y salió “elegida” la representante de “Mi UNHEVAL” que es del grupo de la mayoría que está en el poder, porque no quieren ni gobernabilidad, ni fiscalización.

Si queremos sembrar paz y ser un país democrático, debemos pensar en las mayorías y minorías, y el ejercicio democrático debemos enseñar desde las universidades, a las demás instituciones e instancias, y comunidad en general, porque si no qué tipo de liderazgo enseñamos?.