El mes del gasto

Econ Vladimir H. Santiago Espinoza*

Debiendo ser este mes una temporada para vivir en familia con el regocijo de poder encontrarnos, se convierte en un periodo de stress, frustración, al no poder cumplir con las expectativas de gasto que demandan los hijos, los sobrinos, ahijados, etc. Ya en noviembre, sentimos la preocupación de enfrentar diciembre con poca liquidez, invirtiendo nuestro tiempo y pensamientos en cerrar esas brechas requeridas con financiamiento externo. Efectivamente, estoy convencido que 7 de cada 10 personas recurren a la cooperación financiera.
Diciembre llega a ser un mes que nos permite medir el esfuerzo del año en términos económicos. Pues, precisamente es lo que no queremos reconocer. Mientras unos tienen resultados prósperos, otros se atormentan por no haber logrado garantizar una adecuada solvencia para el mes, dejando de ser diciembre un mes alentador. Esta reflexión parte por ser una opinión particular, de uno de los principales agentes de la actividad económica: los consumidores.
Por otro lado, los ofertantes han diseñado las mejores estrategias para provocar en toda la familia el gasto intenso en juguetes, tecnología, comida, souvenirs, vestido; productos que no tienen reembolso pecuniario por su uso, es decir, gasto. A diferencia de los consumidores, los productores se entrenan todo el año para convencernos en gastar más allá de nuestras posibilidades. Ahora no solo piensan en vendernos panetones y juguetes, sino sentimientos, sensaciones. Estamos permitiendo el ingreso de ellos a nuestros pensamientos; están provocando nuestras necesidades, nosotros estamos cediendo.
Al margen de que el encuentro descrito líneas arriba parece ser una lucha desigual, parte por ser la descripción de lo que es necesario para que nuestras sociedades se sostengan económicamente. Me atrevo a esbozar que se coloca en todo el departamento más de medio millón de panetones, con gastos promedios por estas fechas que superan el promedio mensual, y pueden estar llegando a los S/1200 soles por persona. Solo en este producto tradicional, se debe mover en la ciudad un equivalente al 2 % del PBI diario de la ciudad. Entre 15 y 20 % del PBI anual es generado producto de la temporada de fin de año.
Es complicado exigir a las familias en este periodo la inversión en recursos que multipliquen su solvencia, por el contrario, solo queda advertir exponerse a iniciar el siguiente año con compromisos de reembolso monetario que desorienten la planificación mensual, anual, de 2019. Una variable cualitativa que debe entenderse para superar con dicha este periodo puede ser la racionalidad, en ese sentido, es fundamental comprender que todo gasto requiere un análisis si este está cumpliendo su rol.
Los economistas, estudiamos la racionalidad entendiendo que debemos decidir nuestras compras a partir de un análisis de costo oportunidad, es decir, aquel costo de la mejor alternativa descartada; de igual forma describimos nuestras elecciones a partir de dos elementos que debemos tomar en cuenta: la utilidad, entendida como el factor que determina la satisfacción de la necesidad inmediata, y el segundo elemento importante es la restricción presupuestaria. Ambos, en el contexto práctico deben coincidir para que nuestras decisiones sean racionales. Aparentemente este entendimiento puede ser complejo, pero termina siendo necesario para quienes conducen económicamente a las familias.
La generación de empleo, aumento de la productividad, incremento de la dinámica económica individual y social hasta en 35 %, puede garantizar tener un fin de año económicamente esperado. Esto puede ser provocado con impulso público en algunos sectores importantes que son prioritarios para el periodo siguiente.  Estas serán, las opciones que tenemos para que el nivel de gasto de diciembre no genere dolores de cabeza, ni mucho menos frustraciones a la familia