El libro y el lector

Por: Arlindo Luciano Guillermo
El 23 de abril de 1616 dejó de respirar Miguel de Cervantes Saavedra, el célebre autor de la inmortal novela El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha. El castellano se consolida definitivamente como una lengua nacional y un instrumento de colonización política y cultural de América.
El libro siempre ha sido un “objeto cultural” que ha cautivado, transformado, motivado, incitado y sublevado a los lectores. Después de la lectura de un libro nunca volvemos a ser los mismos; somos otros, distintos, más curiosos, insatisfechos con uno mismo. El libro ejerce una poderosa influencia en la vida personal, social, profesional y cultural de los ciudadanos letrados, conscientes de que el conocimiento necesita cambio y renovación, El bibliófilo es el ciudadano que ama a los libros: compra, cuida, lee, aprecia y conserva como prueba de lectura y valoración. El bibliómano tiene pasión obsesiva por el libro: compra, pero no lee, solo siente satisfacción hormonal; es fetichista y exhibicionista. No todo el que tiene una biblioteca familiar es un gran lector; no todo el que anda por las calles, orondo, con un libro en la mano o debajo de la axila, un lector. El lector involucrado se comunica plenamente con el libro, dialoga con los personajes y el autor.
Hay libros que jamás se borrarán de nuestra memoria. Son aquellos que, en el momento apropiado, nos hicieron delirar, atraparon como la telaraña a la mosca, deleitaron y sedujeron. La poesía de Pablo Neruda, César Vallejo, Carlos Oquendo de Amat o Samuel Cárdich, sin duda, ha impactado en la sensibilidad del lector. Las ficciones literarias de Mario Vargas Llosa, Gabriel García Márquez, Juan Rulfo, Jorge Luis Borges o Julio Cortázar han deslumbrado y dejado huellas en la vida del lector. Otros libros tienen la virtud de simbolizar alguna condición humana vigente aún. El Quijote revela que el ciudadano soñador, romántico, enamorado platónico, redentor y líder social existe, está entre nosotros. Luchar por los ideales, superando las adversidades y escollos, es ser un Quijote.
El Día Internacional del Libro (23 de abril) es una fecha para tomar conciencia sobre la importancia social y cultural del libro y el rol educativo y personal de la lectura. En una sociedad avasallada por los supermercados, el consumismo y la frivolidad, el libro es una mercancía relegada, arrinconada; mientras que la lectura es un hábito de unos pocos que comprenden que llenar la barriga es tan necesario y vital como llenar la cabeza de cultura, conocimiento, información y experiencia. En el primer trimestre de 2017, ¿cuántos libros hemos comprado y leído con responsabilidad y propósito? Un lector racional toma mejores decisiones, argumenta con sostenibilidad, ejerce el pensamiento crítico y la libertad de expresión y es, sobre todo, un ciudadano capaz de defender sus ideas, proponer soluciones y comprometerse con el destino de la sociedad. La educación de los pueblos mejora con ciudadanos lectores. Todos leemos por hábito, pasión, impulsividad o necesidad profesional. Lee el abogado con minuciosidad el Código Procesal Penal, lee el docente el Marco del Buen Desempeño Docente, lee el administrador Estrategia competitiva de Michael Porter, lee el político El arte de la guerra de Sun Tzu, El príncipe de Nicolás Maquiavelo o Las 48 leyes del poder de Robert Greene, lee el sicólogo Inteligencias múltiples de Howard Gardner. Ningún profesional deja de leer para un idóneo y eficiente desempeño profesional.
La lectura ni el estudio producen Alzheimer, no provocan ninguna enfermedad ni causan alergia ni son perjudiciales para la salud. La lectura mantiene con vitalidad y frescura el cerebro. La lectura aumenta el conocimiento, perfecciona el lenguaje diario, otorga mejores posibilidades de argumentación y concreta aprendizajes. En el primer capítulo, de la primera parte, de El Quijote se lee: “… él se enfrascó tanto en su lectura, que se le pasaban las noches leyendo de claro en claro, y los días de turbio en turbio; y así, del poco dormir y del mucho leer, se le secó el cerebro de manera que vino a perder el juicio.” El mejor modo de conmemorar el Día Internacional del Libro es comprar y leer un libro impreso o digital.