Elvira Olivas, cariñosamente conocida como “Elvirita”, fue un pilar esencial para la cultura huanuqueña. Su pasión incansable por difundir la música y las danzas de Huánuco a lo largo de todo Perú y más allá, llegando a los Estados Unidos, Europa y otros países de Latinoamérica, dejó una huella indeleble en nuestro patrimonio cultural.
Elvirita, quien ha partido para habitar junto a Dios, no nos dejó en ausencia, sino con un hermoso regalo: su abnegado trabajo. Como fundadora del grupo “Huánuco Canta y Baila”, impulsó la riqueza de nuestras expresiones artísticas locales. Su impacto como profesora se extendió más allá del aula, convirtiéndose en una influencia positiva para toda la región, y por supuesto, para el país.
Hoy, al conmemorar su bonomástico, rendimos homenaje a la labor realizada por esta distinguida figura. Elvirita, con su carácter amable y dedicado, trabajó incansablemente para difundir la música, los bailes y el vestuario de Huánuco, dejándonos una rica herencia cultural.
Pero, ¿cómo podemos honrar adecuadamente el legado de Elvira Olivas? ¿Cómo podemos mantener viva su misión y su amor por nuestra cultura huanuqueña?
Creemos que la mejor forma de honrar a Elvirita es asumir el compromiso de preservar y difundir nuestra rica herencia cultural. Para ello, debemos formar nuevas generaciones de profesores, músicos y bailarines que, al igual que Elvirita, lleven en alto el estandarte de la cultura huanuqueña. Este es un llamado a la acción para las instituciones educativas, especialmente a la escuela de música y a la universidad, a que formen y empoderen a más jóvenes que puedan difundir nuestra riqueza cultural, no solo en Perú, sino también en todo el mundo.
Si bien la pérdida de Elvirita es un golpe duro para nuestra comunidad y por supuesto para su familia, también nos proporciona una oportunidad para reflexionar sobre la importancia de nuestras raíces culturales. Así como Elvirita, debemos buscar ser embajadores de nuestra cultura, compartiéndola con generosidad y orgullo.
A Elvira le debemos agradecimiento; a Huánuco, compromiso y a nosotros mismos, la oportunidad de seguir danzando bajo el cielo que una vez admiró nuestra querida Elvirita.




