La apertura del Grand Egyptian Museum (GEM) en las afueras de El Cairo se ha convertido en una saga de proporciones históricas. Un proyecto faraónico, tanto por su escala como por su dilatada ejecución, que desafía las expectativas y exaspera a los amantes de la cultura egipcia en todo el mundo. El GEM, concebido para albergar la mayor colección de artefactos del antiguo Egipto, incluyendo los tesoros de Tutankamón, debía revolucionar la experiencia museística en la región y consolidar a Egipto como destino cultural de primer orden.
Según la investigación publicada por The New York Times, la magnitud de los retrasos en la inauguración del museo lo asemeja, irónicamente, a la construcción de las propias pirámides de Giza, ubicadas a escasa distancia. Un paralelismo que subraya la complejidad logística y los desafíos que han marcado este ambicioso proyecto.
Desde su concepción, el GEM ha enfrentado una serie de obstáculos monumentales, desde interrupciones en la financiación y problemas logísticos hasta la inestabilidad política generada por la Primavera Árabe y, más recientemente, la pandemia global. Inicialmente planeada para 2012, la inauguración ha sido pospuesta repetidamente, generando frustración entre los viajeros que han planeado sus visitas a Egipto en torno a la apertura del museo. Se estima que el costo total del proyecto supera los mil millones de dólares, financiados por el gobierno egipcio y donaciones internacionales.
La colección del GEM es impresionante: más de 100.000 artefactos, muchos de los cuales nunca antes se habían exhibido al público. Entre ellos, la colección completa de Tutankamón, que incluye su máscara funeraria de oro y sus sarcófagos. El museo también contará con laboratorios de conservación de última generación, amplias galerías de exhibición y un centro de investigación dedicado al estudio del antiguo Egipto. El diseño del museo, a cargo del estudio irlandés Heneghan Peng Architects, integra elementos arquitectónicos modernos con referencias al legado faraónico.
El GEM se extiende sobre un terreno de 50 hectáreas, ofreciendo vistas panorámicas de las pirámides de Giza. Su ubicación estratégica busca conectar el pasado glorioso de Egipto con su presente y futuro. Se espera que el museo atraiga a millones de visitantes cada año, impulsando el turismo y la economía local. Sin embargo, la incertidumbre en torno a la fecha de apertura sigue siendo una fuente de decepción para muchos.
La dilación en la apertura del GEM contrasta con la relativa rapidez con la que se construyeron las pirámides de Giza. A pesar de las limitaciones tecnológicas de la época, la Gran Pirámide se completó en aproximadamente 25 años, mientras que el GEM, hasta la fecha, ha requerido más de dos décadas de trabajo. Esta comparación resalta la complejidad de los proyectos de infraestructura modernos y los desafíos inherentes a la gestión de proyectos a gran escala en un contexto globalizado.




