En un gesto de disconformidad hacia Rusia, Estados Unidos y la mayoría de los países de la Unión Europea (UE) han decidido boicotear la ceremonia de investidura del presidente Vladimir Putin, que se realizará este martes en el Kremlin. Este boicot ocurre en un contexto donde la validez de la reelección de Putin ha sido ampliamente cuestionada por los gobiernos occidentales.
La reelección de Putin ha sido calificada de injusta y antidemocrática por liderar una administración marcada por severas críticas en materia de derechos humanos y libertades civiles. A pesar del llamado de Kiev para un rechazo generalizado, naciones como Francia, Hungría y Eslovaquia han anunciado que enviarán representantes a la ceremonia.
El portavoz del Departamento de Estado de EE. UU., Matthew Miller, confirmó que “no tendremos un representante en su toma de posesión”, destacando además que aunque no consideran las elecciones libres y justas, reconocen a Putin como el presidente de Rusia. Paralelamente, un portavoz de la UE anunció que su embajador en Rusia no asistirá, reflejando la posición común de la mayoría de los estados miembros.
La ceremonia se realiza un día después de que Rusia anunciara la realización de simulacros con armas nucleares tácticas, una medida que Moscú espera que modere las tensiones con Occidente. Mientras tanto, el Kremlin ha respondido con advertencias a Londres sobre posibles ataques a bases británicas si Ucrania utiliza armamento del Reino Unido en suelo ruso.
Este entorno de alta tensión subraya las complejas dinámicas de la política internacional y las crecientes divisiones entre Rusia y Occidente.




