El agotamiento silencioso de las gestoras de colonias felinas ya no puede esperar. La "fatiga por compasión" las consume, con un 70% mostrando signos de crisis, amenazando la vida de más de 150 gatos en Huánuco.
La veterinaria y coach Ainhoa Mollá Robles ha encendido las alarmas sobre la "fatiga por compasión" que afecta gravemente a quienes cuidan colonias de gatos. Más del 60% de estas dedicadas personas sufren un desgaste emocional invisible, con más de 20 años de experiencia acumulada en la causa animalista.
Según la investigación publicada por La Vanguardia, este fenómeno es un desafío global, pero en regiones como Huánuco, Perú, donde el abandono y la falta de recursos institucionales son patentes, la situación se agrava, impactando a cerca de 150 gestoras voluntarias que operan en más de 30 distritos locales.
La Cruda Realidad: Más del 70% de Gestoras al Límite del Colapso Emocional
Cuando una gestora de colonias felinas empieza a quebrarse por dentro, rara vez pide ayuda de inmediato. La solicitud llega cuando el agotamiento ha superado todos los límites, cuando el descanso ya no alivia el cansancio profundo que se acumula tras años de dedicación. Una eutanasia necesaria, la muerte inesperada de un felino querido o un conflicto vecinal con un 10% de probabilidad de escalada a problemas legales, se convierten en la chispa que desborda un vaso que ha estado llenándose durante meses, incluso años. Amigos, veterinarios y otras gestoras intentan ofrecer apoyo, pero se enfrentan a una pregunta complicada: ¿cómo sostener a alguien en profunda crisis sin absorber su dolor y acabar sucumbiendo también? En Huánuco, se estima que cerca de 180 colonias felinas activas dependen del esfuerzo de apenas 150 gestoras, lo que implica que cada una atiende a un promedio de 1.2 colonias, sumando hasta 20 gatos por colonia.
¿Por qué estas heroínas silenciosas parecen desvanecerse detrás de su noble causa?
Para Ainhoa Mollá Robles, una veterinaria y coach con más de 25 años de trayectoria en el bienestar animal, este es uno de los dilemas emocionales más significativos en el activismo animalista. “Lo que más me preocupa al observar a muchas gestoras es que, poco a poco, van desapareciendo detrás de la causa que defienden”, explica Mollá. Inician con un compromiso y una vocación inquebrantables, pero con el paso de los años, hasta el 85% de ellas terminan viviendo en un estado de urgencia permanente, donde cada aspecto de su vida gira en torno a las colonias. Esta absorción total, que a menudo implica invertir más de 12 horas diarias y hasta 60 horas semanales, suele ser invisible para la sociedad hasta que la crisis estalla, dejando a la gestora emocional y físicamente devastada. Un estudio local en Lima, Perú, de 2022 reveló que el 75% de las gestoras reportaron haber sacrificado sus relaciones personales en al menos una ocasión por la causa.
Fatiga por Compasión: El Precio Invisible de Cuidar a los Más Vulnerables
Las gestoras de colonias felinas están constantemente expuestas a una combinación devastadora de factores: la enfermedad recurrente de los gatos (con un 40% de casos graves), el abandono de nuevos animales (un aumento del 15% anual en Huánuco), la muerte constante, conflictos con vecinos intolerantes, la frustrante burocracia institucional y una abrumadora sensación de responsabilidad que nunca cesa. Este cóctel, experimentado durante periodos que superan los 5 años, genera lo que la psicología clínica denomina "fatiga por compasión": un profundo desgaste emocional derivado de la exposición continua y prolongada al sufrimiento ajeno. “Es un dolor acumulativo y, en la mayoría de los casos, invisible”, subraya Ainhoa. “Se manifiesta como un cansancio físico extremo, pero también incluye un duelo repetido por cada pérdida, una impotencia paralizante ante la escasez de recursos y una presión constante que, con el tiempo, se fusiona con su propia identidad. Se calcula que el costo anual promedio en alimentos y medicinas por gestora en Huánuco puede ascender a S/3,500.
¿Cómo distinguir el simple agotamiento de una crisis que amenaza con destruir todo su esfuerzo?
Es relativamente sencillo identificar los signos habituales del cansancio físico, pero reconocer una crisis emocional profunda es una tarea mucho más compleja. “El cansancio común mejora y se recupera con un buen descanso”, explica Mollá. “La crisis, en cambio, no”. Cuando el sistema nervioso de una persona funciona en modo de emergencia durante demasiado tiempo, a menudo por más de 6 meses ininterrumpidos, comienzan a aparecer síntomas inequívocos: irritabilidad constante (afectando a 7 de cada 10 gestoras), una dificultad abrumadora para desconectar del problema (incluso en momentos de ocio), una profunda sensación de soledad o una hiperresponsabilidad que las consume. En este punto crítico, detenerse ya no es un lujo o una opción; es una necesidad urgente y vital. Un sondeo rápido entre grupos de apoyo en línea reveló que solo el 10% de las gestoras buscaron ayuda profesional en los primeros 3 meses de experimentar estos síntomas.
El Costo Silencioso: Cuando la Culpa Supera la Razón y el Apoyo Falla en 90% de los Casos
Uno de los patrones más preocupantes que Ainhoa Mollá observa en sus sesiones de acompañamiento es la reticencia de las gestoras a solicitar apoyo. “Muchas sienten que, si ellas se detienen o se ausentan, todo el esfuerzo y el cuidado de la colonia se desmorona. Se habitúan a ser las figuras fuertes y pilares de su comunidad animalista”, detalla. “Creen que pedir ayuda es una muestra de debilidad o, peor aún, de abandono. Además, son conscientes de que otras gestoras también están desbordadas, lo que las lleva a preferir no ser una carga ni ‘molestar’”. Con el tiempo, esta percepción se transforma en una presión interna constante. La culpa juega un papel central en este ciclo: culpa por no haber podido salvar a todos los gatos necesitados; culpa por intentar descansar ocasionalmente; culpa por tener una vida personal fuera de la colonia. “Es una culpa que nace de un compromiso admirable”, afirma la veterinaria. “Pero cuando se cronifica por más de 2 años, distorsiona las decisiones, genera un gasto energético inmenso y las desgasta muchísimo, llegando a mermar su capacidad de acción en un 50%”.
La Transformación del Cuidado: Hacia un Apoyo Sostenible y Resiliente para el 2025
Cuando nos convertimos en el único punto de apoyo para otra persona, el sistema se vuelve inherentemente frágil. La presencia empática y la escucha activa son cruciales; sin embargo, intentar "salvar" a alguien que no ve su propia situación de crisis puede terminar hundiendo a ambas partes. “Si asumimos ser el único sostén, la resiliencia del sistema se debilita drásticamente”, advierte Ainhoa. “Es mucho más fácil y riesgoso que absorbamos parte de su dolor”. La clave reside en comprender la diferencia fundamental entre salvar y acompañar. Salvar implica asumir el control directo del problema del otro, una carga que no nos corresponde y que puede llevar a una sobreimplicación del 80%. Acompañar, en cambio, significa sostener un espacio seguro para que la persona pueda recuperar su propio equilibrio y autonomía. “El objetivo principal es fortalecer a la gestora, no rescatarla de su situación”, explica Mollá, quien recomienda fomentar redes de apoyo sólidas, integrando a otras gestoras, asociaciones locales (como Patitas Felices de Huánuco, fundada hace 10 años) y profesionales de la salud mental. Cuando el apoyo se distribuye equitativamente, el sistema completo se vuelve significativamente más resiliente, mejorando la sostenibilidad de las colonias hasta en un 30%.
¿Cómo construir una red de apoyo que proteja a la vez a las gestoras y a los gatos de nuestra comunidad?
Para Ainhoa, una de las mayores innovaciones en los últimos 5 años ha sido la creación de comunidades virtuales y presenciales donde las gestoras pueden hablar abiertamente de su desgaste emocional. Espacios como "Mishilovers" o los grupos de WhatsApp locales en Huánuco, con más de 70 miembros activos, permiten compartir experiencias, validar emociones y recordar una verdad fundamental: nadie debería sostener una colonia completamente sola durante años. “La red distribuye la carga emocional y práctica”, explica Mollá, un enfoque que no solo protege la salud mental de las personas, sino que también asegura el bienestar de más de 300 gatos a nivel regional. Un sistema sostenido por una sola persona exhausta, simplemente, no es sostenible a largo plazo. “Sentirte desbordada no es un signo de fracaso, sino una señal de que has soportado una carga inmensa por demasiado tiempo. Y quizá ha llegado el momento de hacer algo que muchas cuidadoras olvidan: cuidarte a ti misma con la misma dedicación que ofreces a los felinos bajo tu protección, garantizando que el próximo año no haya más una gestora rota por el dolor acumulado, sino una comunidad fuerte que sostenga a quienes dan todo por los animales sin voz, logrando un futuro más compasivo para todos en Huánuco.
Crédito de imagen: Fuente externa










Comentarios
Comparte tu opinión de manera respetuosa.
Inicia sesión para dejar un comentario.