Ana María Martín, una enfermera jubilada de 63 años y con incapacidad, lidera una vital batalla en Salamanca y Bohoyo: cuidar a más de 100 gatos abandonados, invirtiendo 10.000 euros anuales ante la inacción municipal.
A sus 63 años, Ana María Martín, una enfermera con una década y media de servicio, ha cambiado quirófanos por colonias felinas. Tras una operación de espalda, dedica su vida a más de 100 gatos en Salamanca y Bohoyo, enfrentando la indiferencia de las autoridades y un gasto personal que supera los 10.000 euros cada año.
Según la investigación publicada por La Vanguardia, la historia de Ana María Martín no es aislada. Cada año, entre 150.000 y 200.000 animales son abandonados en España, y casi el 40% son gatos. Esta cifra subraya la necesidad de la Ley 7/2023 de Bienestar Animal, vigente desde septiembre de 2023, que obliga a los ayuntamientos a controlar las colonias felinas.
Una Mirada Profesional Imposible de Ignorar: De Enfermera a Guardiana de 100+ Gatos
Ana María Martín, con 63 años y una reconocida incapacidad tras una operación de espalda, ha dedicado más de 30 años de su vida al cuidado de personas en hospitales y centros de salud. Esta labor, paradójicamente, forjó su compromiso actual con los animales. Criada en un hogar con padres animalistas, sus primeros recuerdos incluyen un perro paralítico al que cuidaron hasta su vejez. Esta experiencia temprana, vivida desde los 14 años, le enseñó que "cuando asumes un ser vivo, asumes todo". Su paso por Magisterio y, posteriormente, su extensa carrera en Enfermería, le otorgaron una perspectiva única sobre el sufrimiento. "Ahí aprendes a mirar el sufrimiento de otra manera", asegura. Fue precisamente esa mirada profesional, perfeccionada durante más de tres décadas, la que le impidió "mirar hacia otro lado" cuando se encontró con gatos enfermos y abandonados en las calles de Salamanca. Hoy, esa convicción la lleva a gestionar más de 100 gatos censados en los pequeños municipios de Bohoyo, Navamediana y Navamojada, en plena Sierra de Gredos.
¿Cómo se pasa del cuidado humano a la urgente gestión de una colonia felina?
La transición de Ana María fue gradual, pero implacable. "Vi gatos con los ojos llenos de pus, gatos maullando de dolor, gatos muriéndose al lado de la estación de Salamanca", relata. Lo que comenzó como un acto de caridad – llevar comida a una colonia descontrolada que se repetía día tras día – pronto se transformó en una cuestión de gestión y salud pública. Al conocer a Loli, otra alimentadora, Ana María comprendió la magnitud del problema. Se dio cuenta de que alimentar sin esterilizar era perpetuar el sufrimiento y que la población felina se disparaba exponencialmente. Un caso particular en Bohoyo, un pueblo de apenas 250 habitantes, ilustra este punto dramáticamente: la partida de una vecina a una residencia dejó atrás ocho o diez gatos, que rápidamente se multiplicaron. "Ocho se convierten en veinte, veinte en treinta", explica, destacando que sin control de natalidad, "aquello no tiene fin". Actualmente, solo en Bohoyo y sus anejos, ha documentado con fotografías a más de cien gatos. Este fenómeno no solo afecta a los animales, sino que también genera un problema de convivencia para los vecinos, que en ocasiones no comprenden la importancia de esta labor en su comunidad.
El Método CER: Una Solución Comprobada y una Responsabilidad Obligatoria
La gestión de colonias felinas se basa en el método CER: Captura, Esterilización y Retorno. Este enfoque, reconocido internacionalmente, es la única estrategia eficaz para controlar humanitariamente la población felina urbana. Consiste en capturar a los gatos, llevarlos al veterinario para su esterilización, identificación y desparasitación, y luego devolverlos a su entorno original. Este método, implementado en muchos países desde los años 80, ha demostrado reducir las poblaciones felinas hasta en un 80% en un período de 5 a 10 años, mejorando significativamente la calidad de vida de los animales y la higiene del entorno.
Ante una ley clara, ¿por qué los ayuntamientos miran hacia otro lado?
A pesar de la existencia de la Ley 7/2023, que en su artículo 20.3, exige a las administraciones locales "establecer planes de gestión de colonias felinas", la respuesta institucional, según Ana María, es de "indiferencia". Cuando presenta la carpeta con las fotos y el censo de sus 100+ gatos al alcalde de Bohoyo, la reacción es de escepticismo, como si la consideraran "la loca de los gatos". "Les explicas que hay una ley que obliga a los ayuntamientos a gestionar colonias y parece que no va con ellos", lamenta. Su propuesta es sencilla: "No pido 10.000 euros. Si me dieran 1.000 o 2.000 y yo aporto lo mío, entre todos hacemos algo". Sin embargo, la realidad es que el peso de esta responsabilidad recae en "cuatro mujeres" y, en muchos casos, en una única persona como ella, lo que genera un "desgaste psicológico grande" y una sensación de soledad en una lucha que debería ser comunitaria. Ya existen precedentes de municipios que han sido llevados a juicio y han perdido, obligándoles a asumir sus responsabilidades, con multas que pueden superar los 3.000 euros.
La Economía de Resistencia de KAHU: 10.000 Euros Anuales para Salvar Vidas
Sostener esta red de cuidado no es solo un compromiso moral, sino también una carga financiera abrumadora. El año pasado, Ana María calculó que invirtió alrededor de 10.000 euros de su propio bolsillo, entre esterilizaciones, pienso y gastos veterinarios. Solo en alimento, consume 50 kilos de pienso cada diez días, lo que se traduce en un gasto mensual de aproximadamente 150 kilos o 1.800 kilos anuales. El coste medio de una esterilización felina puede oscilar entre 100 y 200 euros para una gata y entre 50 y 100 euros para un gato, cifras inasumibles para un individuo. Ante la imposibilidad de conseguir ayudas públicas por ser una "asociación pequeña", Ana María decidió fundar KAHU hace poco más de un año junto a su marido, su hijo y cuatro voluntarias, a quienes llama "mis ángeles". KAHU, que significa "no posesión", funciona como una "economía de resistencia": cinco mujeres, todas alrededor de los 60 años, aportan dinero mensualmente, realizan manualidades y organizan campañas solidarias para recaudar fondos, priorizando las esterilizaciones para romper el ciclo de nacimiento y abandono.
Una Lucha de Dos Décadas por la Visibilidad y el Respeto
La dedicación de Ana María a los animales no es nueva; comenzó hace más de veinte años. En los inicios, la estigmatización era tal que ella y otras voluntarias "casi íbamos de noche a alimentar para que no nos señalaran". Hoy, la situación ha cambiado, y ella "ya no se esconde", pero el camino ha sido largo y difícil. La falta de relevo generacional es otra de sus grandes preocupaciones. La mayoría de las personas que alimentan y cuidan colonias son mayores, y teme que cuando ellas no estén, el problema, que lleva décadas sin una solución integral, persista y se agrave si las instituciones no lo integran como una política pública estable. Sin políticas sostenibles, el esfuerzo de dos décadas podría desvanecerse.
¿Qué nos enseñan los animales sobre el valor de la fidelidad y la responsabilidad social?
Para Ana María, la respuesta es clara: "Paz. Fidelidad. Coherencia. Nunca te engañan. Son honestos en su afecto". A pesar del "desgaste psicológico" y los "días que dices: no le veo el fin", la conexión con los animales la mantiene en pie. "Por los animales no [tiraría la toalla]. Por las personas, a veces sí", confiesa. Su casa es un refugio donde conviven rescates, como una gata con la mandíbula brutalmente rota en tres puntos diferentes, que requiere cuidados diarios y para la que le propusieron una cirugía carísima de 1.500 euros, inasumible. Pero verla mejorar, aunque sea poco a poco, lo compensa todo. Desde su perspectiva de enfermera, enfatiza la dimensión sanitaria y de convivencia del problema: "Un animal desatendido puede tener parásitos, enfermedades, generar conflictos vecinales". No es un "capricho sentimental", sino "responsabilidad municipal" y un asunto de salud pública para los 250 habitantes del pueblo. Su mensaje final para los alcaldes que ven esto como una exageración es directo: "No es un problema privado. Es un asunto público. Sale más barato colaborar que ignorar". La medida inmediata que pide es la implantación "real" del método CER, con presupuesto asignado, para que, aunque no desaparezcan de golpe, las colonias "disminuyan" y "empieces a ver un horizonte". A sus 63 años, con la espalda operada, su energía nace de la convicción de no "mirar hacia otro lado", una lucha por la que le gustaría ser recordada.
Crédito de imagen: Fuente externa










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