Editorial. Se puso los pantalones

Una vez más los integrantes del peor Congreso de la historia de nuestro país, descaradamente, intentaron hacer de las suyas. A pesar del planteamiento de la Cuestión de Confianza presentado por el Ejecutivo, el pleno del Congreso eligió ayer lunes al primer miembro del Tribunal Constitucional (TC).

Ayer por la mañana el premier se presentó respetuosamente al Congreso; sin embargo, congresistas de Fuerza Popular cerraron la puerta del hemiciclo. A pesar de tamaña bajeza, Salvador del Solar se portó a la altura de su investidura y dio cátedra de honorabilidad y dignidad.

Tomando en cuenta de que no se conoce ninguna entrevista formal a los candidatos propuestos por los congresistas, la elección se considera suspicaz. El primer nombre en ser votado fue el del abogado Gonzalo Ortiz de Zevallos. Recordemos también que el Congreso el viernes, en un acto arbitrario, archivó sin mayor debate el proyecto de reforma constitucional sobre el adelanto de elecciones generales a 2020.

Ante esta prepotencia de la mayoría corrupta, el presidente Martín Vizcarra cumplió con su advertencia, disolvió el Congreso de la República si éste continuaba con el proceso irregular de elección de miembros del TC. La noticia provocó tremenda movilización de la ciudadanía, miles de personas salieron a celebrar en las principales calles de las capitales de los departamentos. Parecía inclusive que la selección peruana jugaba la final del mundial Rusia 2019, y habría ganado a Brasil.

La situación aún es incierta. El Congreso, fiel a su estilo, supuestamente vacó a Vizcarra y eligió a Mercedes Aráoz como presidente interina. Por su parte Vizcarra renovó a sus ministros y oficializó mediante publicación en El Peruano, la disolución del Congreso y la convocatoria a elecciones congresales para enero de 2020.

Esperemos que esta crisis sea superada lo más pronto posible. Lo cierto es que la crisis política ya era insostenible, ¿Podríamos haber soportado por otros dos años más? Seguramente que sí, pero a qué costo. Si bien es cierto que la inconstitucionalidad se ve mellada por estos actos, era necesaria una actitud proactiva y hasta defensiva por parte del Ejecutivo.