Más de una vez hemos señalado que, producto del cambio climático, se producirán catástrofes naturales cada vez más fuertes e intensas. Todos los que vivimos en el valle y alrededores hemos sido testigos de la temprana presencia de persistentes lluvias que se han adelantado a la temporada. Incluso algunas han sido consideradas torrenciales con rayos y truenos.
La prematura temporada de lluvias nos está advirtiendo que será dura, que debemos estar preparados para enfrentar las inundaciones y huaicos que siempre azotan esta zona. Es más, especialistas han advertido la probable presencia de los fenómenos de la Niña y el Niño, por el calentamiento del mar. De confirmarse esto, las consecuencias serían devastadoras para el país. Lo cierto es que nuestra escasa cultura de prevención ya nos ha pasado factura anteriormente y aun no terminamos de aprender.
Entendemos que las oficinas de Defensa Civil del Gobierno Regional y de las municipalidades deberían estar tomando las precauciones del caso; sin embargo, la realidad ha demostrado que a las autoridades salientes poco o nada les importa lo que suceda por el cambio de gestión. Otro dato importante es que los responsables de las áreas de Defensa Civil tienen experiencia en múltiples áreas menos en prevención de desastres naturales, lo cual demuestra el poco compromiso de las autoridades para con sus comunidades.
Por otro lado, la responsabilidad social es inmensa. Miles de familias siguen poblando los cerros, los cauces de huaicos y quebradas, las riberas de los ríos, temerariamente construyendo viviendas en esos lugares, pese a las advertencias y prohibiciones de las autoridades. De suceder alguna tragedia, ellos mismos también tendrían directa responsabilidad.
A pesar de no existir nada similar a la tecnología de ahora, nuestros antepasados sabían entender y presagiar la presencia de estos fenómenos, por ello no se arriesgaban inútilmente a construir sus moradas en lugares tan peligrosos. Estamos advertidos y a prepararse, “guerra avisada no mata gente”.



