De acuerdo con Wikipedia, la autoridad moral “se refiere al estatus de ser respetado por trayectoria moral y seguir y defender un estándar de justicia o de bondad reconocidos universalmente”. En otras palabras es ser coherente entre nuestras palabras y nuestras acciones. Empero, la vida nos enseña que esto es muy difícil de lograr, aunque parezca fácil de hacerlo.
Por decir, por un lado tenemos a los políticos o los que se consideran políticos, quienes en su mayoría manejan un doble discurso. Por un lado, pretenden aparentar una integridad moral y profesional intachables, sin embargo, este comportamiento cambia cuando de intereses se trata. Pongamos como ejemplo a los congresistas, quienes cuando salen a la prensa se golpean el pecho, juran y rejuran que son honestos, mientras tras bambalinas hacen acuerdos al pie de la mesa para beneficio propio.
En su momento, la exprimera dama, Nadine Heredia, hizo referencia a ciertas irregularidades encontradas en la exgestión de Alan García. “Tan fácil que es caminar derecho”, acentuó; sin embargo, ahora todos conocemos que ella tampoco caminaba tan derecho como profesaba.
Esto nos trae a colación la reciente visita a la Cámara de Comercio del congresista por Huánuco, César Campos. Por un lado, nos alegró conocer que se acordaba de alguna institución de esta región. Como todos sabemos el señor Campos va a cumplir un año como congresista y de su gestión no se conoce fruto alguno, es literalmente estéril. En aras de la transparencia, Campos solicitó una auditoría de la Cámara de Comercio, de la cual estamos de acuerdo para evitar malos entendidos y suspicacias. Sin embargo, también en su entrevista con el presidente de la institución, se refirió a que la cámara no cumple con sus funciones con los empresarios. Sería interesante que el señor Campos presente propuestas puntuales si de mejorar la Cámara se trata. Pero por otro lado, si hace aparición solo para criticar a un gestión que ha logrado ciertos frutos, cuando él demuestra en la práctica que de gestión poco ha realizado, nos preguntamos ¿Con qué autoridad moral?



