La Contraloría General de la República, con el apoyo de la ciudadanía pudo detectar que los ingenieros designados como residentes e inspectores no cumplen con sus labores en casi todas las obras que ejecuta el Estado en la región Pasco, y que están a cargo del gobierno regional.
Estos profesionales fueron designados por las empresas ejecutoras de las diferentes obras, como también por el Gorepa. Es una constante que no cumplen sus funciones y la muestra es ver las obras inconclusas, con observaciones o abandonadas, y/o terminan coludiéndose con los contratistas y con los funcionarios para no cumplir su delicado trabajo de verificar que las obras se ejecuten de acuerdo a los expedientes, que los avances se hagan según lo planificado y que las obras sean construidas con materiales de buena calidad. Todo esto para que terminen abandonando las obras o dejando infraestructuras de pésima calidad.
Este fenómeno no solo es en Pasco, suele suceder con frecuencia en todo el país, debido a un problema de idiosincrasia. Nuestra informalidad ha calado hondo, al punto de que un gran porcentaje de la ciudadanía está habituada a los actos de corrupción.
No es para menos, las últimas gestiones tanto municipales como regionales han estado plagadas de actos de corrupción. Las irregularidades han sido exageradas. Con el nivel de tolerancia existente en comunidad a la corrupción, uno normalmente puede escuchar la frase, “roba pero hace obra”; sin embargo, en el caso de los dos últimos gobernadores, la frase ha cambiado. La percepción ciudadana es la existencia de la primera mitad, mientras que de la segunda, solo se evidencio una incapacidad de gestión espeluznante.



