Pequeñas en tamaño, pero enormes en beneficios para la salud. Las legumbres cultivadas en Perú —como el frijol, el pallar y el tarwi— son consideradas superalimentos por su alto valor nutricional. Según el Ministerio de Desarrollo Agrario y Riego (Midagri), en 2025 las exportaciones de legumbres peruanas alcanzaron los 117 millones de dólares, con destinos como Estados Unidos, Inglaterra, Francia, Dubái, Egipto y Corea del Sur.
Producción que moviliza a miles de familias
Más de 140,000 familias rurales de diversas regiones del Perú se dedican a la producción de legumbres, según el Midagri. La actividad beneficia de manera indirecta a otras 700,000 personas. Durante 2025, las legumbres se produjeron en aproximadamente 93,000 hectáreas, con una producción total de 350,000 toneladas. La actividad generó 12 millones de jornales.
Seguridad alimentaria y sustento rural
Las legumbres son un cultivo importante para el sustento de los agricultores, porque pueden comercializarlas y también consumirlas a nivel familiar. Tener la opción de comer y vender las legumbres que producen ayuda a los campesinos a mantener la seguridad alimentaria de sus hogares y genera estabilidad económica, según el Midagri.
Superalimentos con alto valor nutricional
Las legumbres son bajas en grasa y ricas en fibra soluble, lo que contribuye a reducir el colesterol LDL o malo y ayuda a controlar el azúcar en la sangre. También aportan hierro, mineral esencial para evitar y superar la anemia y la desnutrición. Para aprovechar el hierro de las legumbres, se recomienda consumirlas con una porción de proteína de origen animal y acompañarlas con ensaladas de verduras o con frutas cítricas.
El alto contenido de fibra de las legumbres es fundamental en la prevención del estreñimiento y del cáncer de colon, así como de enfermedades no transmisibles como la diabetes y las afecciones cardíacas. Asimismo, ayuda a mantener un adecuado peso corporal para prevenir y combatir la obesidad.
Legumbres originarias del Perú
En Perú se cultivan 13 de las 15 especies de legumbres que se siembran en América Latina, en los 24 departamentos del país, desde el nivel del mar hasta más de 3,200 metros de altitud. Entre las legumbres originarias destacan el frijol, el pallar y el tarwi.
El frijol contiene 22 % de proteínas de alta digestibilidad y un 70% de carbohidratos. Aporta cantidades importantes de fósforo, potasio, calcio, magnesio, hierro, cobre y zinc. En el catálogo comercial peruano hay casi 30 variedades registradas, entre las que destacan canario, castilla, panamito, caupí, de palo y amarillo regional.
El pallar es rico en vitamina C y minerales como calcio, fósforo, hierro, manganeso, potasio y zinc. Su consumo previene la hipertensión y ayuda a reducir el colesterol LDL. El pallar de Ica, cultivado en las provincias de Chincha, Pisco, Ica, Palpa y Nasca, obtuvo la denominación de origen el 23 de noviembre de 2001.
El tarwi o “chocho” destaca por su aporte de hasta 51 % de proteínas y su alto contenido de calcio, ideal para mantener dientes y huesos sanos. También aporta hierro, por lo que es un aliado para combatir la anemia.
Consumo por debajo de lo recomendado
El consumo de legumbres en Perú alcanza los 7.5 kilos por persona al año, cifra que está por debajo de los 9 kilos que recomienda la Organización Mundial de la Salud (OMS). La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) recomienda a las familias consumir hasta tres veces por semana algún tipo de legumbre para elevar la calidad de la alimentación.
Aliadas contra el cambio climático
Las legumbres pueden contribuir a la mitigación del cambio climático al reducir la dependencia de los fertilizantes sintéticos utilizados para aportar nitrógeno al suelo. Durante la fabricación y aplicación de estos fertilizantes se liberan gases de efecto invernadero. Las legumbres fijan el nitrógeno atmosférico en el suelo de forma natural y en algunos casos liberan el fósforo, disminuyendo significativamente la necesidad de fertilizantes sintéticos.
Usando legumbres para los cultivos intercalados y de cobertura, los agricultores pueden promover la biodiversidad agrícola y del suelo, manteniendo a raya las plagas y enfermedades nocivas que afectan a la agricultura.










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