Por: Arlindo Luciano Guillermo
El escritor de literatura inventa ficciones, crea con ingenio e imaginación historias verosímiles, que el lector disfruta o a veces queda atónito con tanto parecido con la realidad o el parentesco biográfico con el autor. Sin embargo, quedarse solo en el escenario de la “creación literaria” es encerrarse en las cuatro paredes de la indiferencia por el contexto social y político. El falso apoliticismo, a muchos escritores, los atrapa como una telaraña. Entonces se dedican a leer literatura, a escribir literatura, escarbar la vida y trasladarla a la ficción. El escritor tiene un compromiso social, con ejercicio de la libertad y las convicciones, con la sociedad y con él mismo. El escritor no es anacoreta ni un ermitaño en medio de la publicidad, los supermercados, la estridencia, el caos y el libre mercado.
Andrés Jara Maylle se desprende, momentáneamente, de la “creación literaria” para incursionar en el periodismo de opinión (que tanta falta hace en Huánuco) y en el pensamiento crítico. Es un gran poeta, junto a Samuel Cárdich Ampudia, Luis Mozombite Campoverde y Víctor Rojas Rivera, docente universitario, lector apasionado y epígono de Mario Vargas Llosa, amante incondicional de Huánuco, atento ciudadano a los cambios sociales y políticos y creyente insobornable en la conservación y vigencia de las tradiciones y costumbres huanuqueñas sin menospreciar la tecnología ni a la modernidad.
Andrés Jara no es periodista egresado de la universidad ni está afiliado a los gremios de comunicadores y periodistas, pero actúa como un periodista, opina con responsabilidad y valentía como un sartreano, escruta con meditación y percepción el entorno social, vive con notable sensibilidad social, propone análisis político y escribe como un poeta social sin llegar al panfleto, al pasquín ni el discurso incendiario. Los argumentos de AJM son firmes, sólidos, de convicción y planteamiento claro; la ambigüedad no tiene cabida, no da concesiones a la política ruin, a los políticos despreciables ni a los partidos con fines innobles y puramente electoreros; su adjetivación es corrosiva y no deja de pie al objeto o sujeto de crítica, se desempeña como un inquisidor político sin opción a la indulgencia ni a la misericordia: es honesto o corrupto el político, la política se ennoblece o sigue pervirtiendo a los ciudadanos. Andrés Jara con Ciudad desnuda II (octubre, 2016) desenvaina la espada y dice lo que piensa, siente y propone cómo debe ser Huánuco si tuviera la suerte con la elección de líderes políticos correctos, decentes, respetables y con méritos suficientes para representar con dignidad a una ciudad antigua y cosmopolita como Huánuco. El mismo dice “…escribo con mucha bilis”. (Pág. 63). La corrupción le encrespa los nervios y la considera una lacra histórica que empobrece y posterga e insulta a la inteligencia de los huanuqueños.
Los trece textos periodísticos, publicados entre el 2010 y 2016 en el diario Ahora, son cuestionamiento feroces a la política, a los políticos y a los partidos tal como se presentan en las elecciones. Contienen bilis, crítica demoledora, rotulación inclemente; hay desilusión, indignación, impotencia, pero también, al final del texto, en los últimos renglones, resplandece la fe en el cambio de actitud de los ciudadanos huanuqueños, las oportunidades que debemos aprovechar y la esperanza de que algún día Huánuco tenga políticos dignos y probos, partidos políticos verdaderamente democráticos, con lucidez para elegir correctamente candidatos y con proyectos de progreso y desarrollo integral y sostenible. El “otorongo huanuqueño”, el “vendepatria” y el “dirigente arribista” son personajes deleznables dentro de la política. Andrés Jara, como “experto sicoanalista”, los desnuda íntegramente para decirnos que ellos son pendejos, tránsfugas, mentirosos, carentes de autoestima y sin sangre de cara, oportunistas, hipócritas, cínicos, sin principios éticos. Dice: “El “dirigente“ arribista no es un bravo luchador en aras del progreso de su pueblo, es apenas un pequeño mequetrefe que se ha especializado en la adulonería. Es un grandísimo adulón que busca, y muchas veces lo ha logrado, lo más importante: que sus hijos o familiares cercanos ocupen un puestecito en la municipalidad, la región o en cualquier oficina de una institución. Tal vez, un poco más ambicioso, también busca ganar algunas licitaciones para hacer sillas, ventanas o pancartas.” (Pág. 53). En Te odio con ternura, Andrés Jara demuestra con sinceridad el gran afecto y aprecio por Huánuco. Amar a un pueblo es trabajar, aportar y hacerlo sentir orgulloso con las actitudes, con sus debilidades, fortalezas y oportunidades. Dice: “…te has dado cuenta de que sin Huánuco no podrías vivir. Te has dado cuenta de que separarte de tu pueblo es como separarte de tu familia. Te has dado cuenta de que todo lo que le pasa a tu ciudad te afecta para bien o para mal. Te irrita, te indigna, te subleva; pero también hay cosas que te alegran, te entusiasman, te divierten, te arrebatan, te ilusionan, te exaltan, te asombran y te excitan.” (Pág. 67).
La opinión argumental (que es muy distinto al comentario o dejar constancia de una versión propia del hecho) es la prueba más visible del ejercicio responsable de la libertad de expresión, el compromiso social, la posición política y el pensamiento crítico. Podemos estar o no de acuerdo con las opiniones de Andrés Jara. Cada texto periodístico de AJM tiene razones sólidas que justifican afirmaciones y esperan respuesta del mismo calibre, con argumentos, sensibilidad, pasión y lenguaje idóneo.
Los textos de Andrés Jara traen a la memoria las lecturas de Horas de lucha, Pájinas libres, Hildebrandt en sus Trece, Temas de educación, Ideología y política, Noticia de un secuestro, Civilización del espectáculo, Contra viento y marea, El lenguaje de la pasión, Desafíos de la libertad, Cuentos chinos, ¡Crear o morir!, ¡Basta de historias! Ciudad desnuda revela el pensamiento de Andrés Jara con una posición política liberal, defensa de la libertad, respeto por la pluralidad, autonomía de las instituciones y convivencia democrática frente a la política, la cultura y la historia de los pueblos. Cada argumento tiene convicción, los adjetivos mordaces caricaturizan a los actores políticos inefables, el lenguaje cumple su rol relevante y primigenio: comunicar ideas y sentimientos con claridad y sin rodeos. Andrés Jara procede de las canteras de la literatura, muestra su compromiso social y político con el pueblo que lo vio nacer y el destino histórico que le espera.
Ciudad desnuda debe ser un libro de obligatoria lectura en colegios y universidades, los docentes de EBR y universitarios están en el deber moral de leer, comentar, recomendar, refutar, socializar y contestar los argumentos de Andrés Jara. Pueblo que lee y piensa con la cabeza no se deja engañar por aventureros, falsos profetas o demagogos insolentes. El plan lector es una estrategia para leer buenos libros, no solo literatura. Ciudad desnuda conecta al ciudadano con la realidad que le rodea, que no quiere ver, que odia en silencio, que está a su lado todos los días. Andrés Jara es poeta, pero no deja de opinar sobre política, cultura y pone los puntos sobre la íes con firmeza y postura valiente cuando es necesario.



