La pelota oficial del Mundial 2026 tuvo una experiencia fuera de este planeta antes de convertirse en protagonista de la Copa del Mundo. La NASA confirmó que el balón fue enviado a la Estación Espacial Internacional (ISS) como parte de una investigación para analizar su estabilidad, equilibrio y comportamiento en condiciones de microgravedad.
“El balón oficial de la Copa Mundial de la FIFA fue al espacio”, publicó la agencia espacial estadounidense en sus redes sociales. El objetivo fue estudiar cómo la distribución interna de la masa influye en la trayectoria de un objeto en movimiento.
Microgravedad y precisión científica
Para realizar el experimento, los investigadores aprovecharon el entorno de la ISS, ubicada a más de 400 kilómetros de la Tierra. En ese lugar, las condiciones de microgravedad permiten observar con mayor precisión aspectos que resultan difíciles de medir en nuestro planeta.
El estudio analizó la relación entre el centro de masa de la pelota y su centro geométrico, dos factores fundamentales para determinar la estabilidad durante los movimientos. Los resultados permitieron conocer cómo los componentes internos pueden afectar la rotación y el recorrido del balón.
Sensores inteligentes: el desafío tecnológico
La investigación también tomó importancia por la incorporación de sensores inteligentes en los balones modernos. Esta tecnología, utilizada por adidas en competencias internacionales, permite registrar datos como velocidad, ubicación y puntos de contacto para ayudar a los árbitros y mejorar las transmisiones.
Sin embargo, incluir dispositivos electrónicos dentro de una pelota representa un reto para los especialistas. Los sensores agregan peso en zonas específicas y una mala distribución podría modificar la forma en la que el balón vuela durante un partido.
De Brazuca a Trionda: el legado espacial
Esta no es la primera vez que la NASA analiza una pelota mundialista. Años atrás, los ingenieros del Centro de Investigación Ames estudiaron la Brazuca, utilizada en el Mundial Brasil 2014, para entender los cambios en su trayectoria y comportamiento aerodinámico.
Aquellas pruebas permitieron identificar cómo las costuras, la textura y el diseño de los paneles podían influir en los disparos y movimientos con poco efecto. Ese conocimiento fue clave para el desarrollo de nuevas generaciones de balones utilizados en torneos internacionales.
Ahora, la pelota del Mundial 2026 llega con una tecnología más avanzada y con sensores capaces de entregar información en tiempo real. Antes de ser pateada en los estadios de Estados Unidos, México y Canadá, ya había pasado por una prueba única: viajar al espacio.








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