El 21 de noviembre de 1973, el Estadio Nacional de Santiago fue escenario de uno de los episodios más insólitos de la historia del fútbol mundial: un partido de repechaje para el Mundial de Alemania Occidental 1974 que duró apenas 28 segundos. La Unión Soviética se negó a presentarse, denunciando que el recinto era un centro clandestino de tortura durante la dictadura de Augusto Pinochet.
“Fue un teatro del absurdo”, definió para BBC Mundo el legendario defensa chileno Elías Figueroa, considerado el mejor futbolista chileno del siglo XX. El encuentro, que debía definir al clasificado al Mundial, terminó con un gol chileno sin rival y la clasificación automática de la selección local. Este hecho, conocido como 'el partido fantasma', quedó grabado en la memoria del fútbol chileno como un símbolo de la compleja relación entre el deporte y la política en tiempos de dictadura.
El contexto del golpe de Estado
El partido de vuelta se programó dos meses después del golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973, en el que Pinochet derrocó al presidente Salvador Allende e instauró una dictadura. La Unión Soviética, país comunista al que pertenecía el derrocado Allende, esgrimió que la situación política de Chile no ofrecía garantías de seguridad para su equipo.
Además, señalaron que el Estadio Nacional, donde se disputaría el encuentro, era un centro clandestino de tortura. De acuerdo con el Centro de Memoria Histórica de Chile, el terreno de juego se usó para torturar a detenidos entre septiembre y noviembre de 1973, y solo se dejó de usar para estos fines cuando se decidió que se disputara allí el partido.
Moscú solicitó que se jugara en otro país, pero la FIFA señaló que las condiciones estaban dadas y que el Estadio Nacional, del que habían sacado a los presos políticos antes de la fecha del encuentro, era el lugar adecuado.
El partido de ida en Moscú
El partido de ida se realizó el 26 de septiembre de 1973 en el Estadio Lenin de Moscú y terminó empatado a cero. La estrategia defensiva de Chile, liderada por Figueroa y el defensa Alberto “El Mariscal” Quintano, neutralizó al equipo soviético, que contaba con el ucraniano Oleg Blokhin, Balón de Oro en 1975.
“Me quedó doliendo la cabeza de todas las pelotas que rechacé”, recordó Figueroa. El empate sabía a victoria para Chile, pero no era suficiente para clasificar.
El teatro del absurdo
Para mediados de noviembre, Chile había roto relaciones diplomáticas con la Unión Soviética. La noche anterior al partido, los jugadores chilenos fueron informados de que los soviéticos no viajarían a Santiago. El exdelantero Carlos Caszely señaló: “Yo creo que ellos ya sabían desde mucho antes, pero sabían que, si nos decían, ni Elías iba a venir de Brasil ni yo de España”.
Al día siguiente, con un Estadio Nacional medio lleno, el equipo chileno salió a la cancha sin rival. Puso la pelota en la mitad del campo, el árbitro dio el pitazo inicial, los jugadores dieron pases hasta llegar al arco, y el capitán Francisco Valdez anotó el gol de la victoria. El juez dio por terminado el encuentro tras 28 segundos.
“Fue el ‘teatro del absurdo’. Ni con los amigos se juega así. Incluso el árbitro era chileno”, recordó Figueroa.
En las actas, el partido quedó 2-0. Chile se clasificó para el Mundial y fue eliminado en la primera fase. La historia lo llamaría “el partido fantasma”, un recordatorio de cómo el fútbol puede ser un escenario donde se reflejan las tensiones políticas y sociales de un país.










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