El árbitro andaluz Miguel Ángel Ortiz Arias controló con solvencia el disputado encuentro entre el Barcelona y el Athletic Club, al mantenerse bien situado y sancionar las infracciones con buen criterio. El colegiado señaló 13 faltas al conjunto azulgrana por 6 al equipo vasco, según la crónica arbitral.
Una actuación que generó confianza
Ortiz Arias corrió lo necesario para estar en todo momento bien colocado en un partido de alta tensión. Su aplicación correcta de la ventaja permitió que el juego fluyera, y fue enérgico cuando la ocasión lo requería, logrando que los futbolistas confiaran en sus decisiones.
Uno de los momentos clave fue la anulación del gol de Pedri por fuera de juego previo de Lamine, una decisión que el árbitro acertó al señalar la posición adelantada. Además, mostró tarjetas amarillas a Espart, por derribar a Iñaki Williams cortando una ocasión clara; a Guruzeta, por golpear con el empeine la cara de Cubarsí; y a Johaneko, por sujetar a Lamine.
No obstante, la crónica señala que “entiendo que debería haber amonestado a Lamine por un duro pisotón a Laporte”, una posible omisión en la gestión disciplinaria del partido.
VAR sin protagonismo
El VAR, dirigido por Jorge Figueroa Vázquez, pasó desapercibido al no registrarse jugadas polémicas que requirieran su intervención. Ortiz Arias supo gestionar un partido que no le generó problemas, bien compenetrado con sus asistentes.
El encuentro, muy disputado, dejó una actuación arbitral que generó confianza entre los futbolistas, según la valoración de la crónica arbitral.










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